articulaciones, reducidos sus tendones a la consistencia de pure de patata? Porque esto es exactamente lo que le ocurrira si no colabora. ?Lo ha entendido?
La terrible angustia menguo cuando Gly aflojo su presa. Pitt se tambaleo y miro a su verdugo con los ojos medio cerrados, mientras se frotaba con una mano la fea moradura que se extendia por su hombro. Se dio cuenta de que dijera lo que dijese, verdadero o inventado, nunca seria aceptado. La tortura continuaria en forma interminable hasta que cediesen sus recursos fisicos y perdiese el conocimiento.
– ?Le dan un vale por cada confesion? -pregunto Dirk cortesmente.
– Yo no trabajo a comision -dijo humoristicamente Gly.
– Usted gana -dijo sencillamente Pitt-. Aguanto mal el dolor. ?Que quiere que confiese? ?Un intento de asesinar a Fidel Castro o una intriga para convertir a los consejeros rusos en democratas?
– Solamente la verdad, senor Pitt.
– Ya se la he dicho al general Velikov.
– Tengo la grabacion de sus palabras.
– Entonces sabe que la senora LeBaron, Al Giordino, Rudi Gunn y yo tratabamos de encontrar la clave de la desaparicion de Raymond LeBaron, mientras buscabamos un barco naufragado del que se decia que contenia un tesoro. ?Que hay de siniestro en esto?
– El general Velikov cree que era un pretexto para una mision mas secreta.
– ?Por ejemplo?
– Un intento de comunicar con los Castro.
– Ridiculo es la primera palabra que acude a mi mente. Tiene que haber maneras mas faciles para que nuestros gobernantes negocien entre ellos.
– Gunn nos lo ha contado todo -dijo Gly-. Usted debia dirigir la operacion para extraviarse en aguas cubanas, donde habrian sido capturados con un guardacostas y escoltados a la isla. Una vez alli, entregarian informacion vital referente a las negociaciones secretas entre los Estados Unidos y Cuba.
Pitt estaba ahora autenticamente perplejo. Todo esto era griego para el.
– Este es el cuento chino mas estupido que he oido en mi vida.
– Entonces, ?por que iban armados y pudieron destruir el helicoptero cubano?
– No llevabamos armas -mintio Pitt-. El helicoptero estallo de pronto delante de nosotros. No puedo darle la razon.
– Entonces, expliqueme por que no pudo el guardacostas cubano encontrar algun superviviente en el lugar de la catastrofe.
– Nosotros estabamos en el agua. La oscuridad era muy intensa y el mar estaba alborotado. No nos localizaron.
– Y sin embargo, fueron capaces de nadar seis millas en pleno huracan, manteniendose juntos los cuatro y llegando ilesos a Cayo Santa Maria. ?Como es posible?
– Pura suerte, supongo.
– Ahora es usted quien esta contando un cuento chino, ?eh?
Pitt no tuvo oportunidad de responder. Sin la menor advertencia, Gly le descargo un punetazo en el costado, cerca del rinon izquierdo.
El dolor y la subita compresion estallaron al mismo tiempo dentro de el. Al hundirse en el negro pozo de la inconsciencia, tendio una mano a Jessie, pero esta se echo a reir y no hizo el menor movimiento para asirlo.
31
Una voz grave y resonante le decia algo casi al oido. Las palabras eran vagas y distantes. Un ejercito de escorpiones treparon sobre el borde de la cama y empezaron a clavar los aguijones venenosos en su costado. Abrio los ojos. La brillante luz fluorescente le cego, y volvio a cerrarlos. Sintio que tenia la cara mojada, penso que debia de estar nadando y abrio los brazos. Entonces, aquella voz hablo mas claramente.
– Este tranquilo, amigo. No hago mas que rociarle la cara.
Pitt volvio a abrir los ojos y vio la cara de un hombre entrado en anos, de cabellos grises, ojos amables y preocupados, y rostro afectuoso y distinguido. Cuando sus miradas se encontraron, sonrio.
– ?Le duele mucho?
– Bastante.
– ?Quiere un poco de agua?
– Si, por favor.
Cuando el hombre se irguio, casi toco el techo con los cabellos. Saco una taza de una pequena bolsa de lona y la lleno en el lavabo.
Pitt se sujeto el costado y se incorporo muy despacio hasta quedar sentado. Se sentia fatal y se dio cuenta de que tenia un hambre atroz. ?Desde cuando no habia comido? Su atontada mente no podia recordarlo. Acepto el agua, agradecido, y la engullo de golpe. Despues miro a su bienhechor.
– El viejo, rico y temerario Raymond, supongo.
LeBaron sonrio forzadamente.
– Unos calificativos que no me gustan demasiado.
– No es usted facil de definir.
– Mi esposa me ha dicho que usted le salvo la vida. Quiero darle las gracias.
– Segun el general Velikov, la salvacion ha sido nada mas que temporal.
La sonrisa de LeBaron se desvanecio.
– ?Que le dijo?
– Dijo textualmente: «Todos tienen que morir».
– ?Le dio alguna razon?
– Me dijo que habiamos ido a caer en la mas secreta instalacion militar sovietica.
Una mirada reflexiva se pinto en los ojos de LeBaron. Despues dijo:
– Velikov mintio. En principio, esto se monto para recoger datos de transmisiones en onda corta procedentes de los Estados Unidos, pero el rapido desarrollo de los satelites de escucha hizo que quedara anticuado antes de terminarse.
– ?Como lo sabe?
– Me permitieron recorrer la isla. Algo inverosimil si la zona hubiese sido tan secreta. No he visto indicios de equipos sofisticados de comunicaciones, ni antenas en parte alguna. Tambien me hice amigo de varios visitantes cubanos que dejaron escapar retazos de informacion. La mejor comparacion que puedo hacer es que este lugar es como un retiro de hombres de negocios, un refugio al que vienen ejecutivos de importantes companias a discutir y proyectar su estrategia comercial para el ano proximo. Solo que aqui, los oficiales sovieticos y cubanos de alto rango se reunen para discutir temas militares y
