– Mejor que sea pronto.
– En mi discurso durante las celebraciones del Dia de la Educacion - replico Fidel.
Raul comprobo el calendario de su reloj.
– Dentro de cinco dias.
– Una oportunidad perfecta.
– Pero me sentiria mas tranquilo si pudiese sondear lo que piensa de tu proposicion el presidente.
– Tu te encargaras de ponerte en contacto con la Casa Blanca y convenir una reunion con sus representantes durante las fiestas del Dia de la Educacion.
– Antes de tu discurso, supongo.
– Desde luego.
– ?No te parece que estas tentando al destino al esperar hasta el ultimo momento?
– El me sacara las castanas del fuego -dijo Fidel, entre una nube de humo-. Mira las cosas como son. Mi regalo de aquellos tres cosmonautas sovieticos deberia haberle demostrado mis buenas intenciones.
Raul fruncio el entrecejo.
– Podria ser que ya nos hubiese enviado su respuesta. Fidel se volvio y le miro airadamente.
– Esto es nuevo para mi.
– No te lo habia dicho porque era solamente una suposicion -dijo nerviosamente Raul-. Pero sospecho que el presidente empleo el dirigible de Raymond LeBaron para enviarnos un mensajero a espaldas del servicio secreto sovietico.
– ?Dios mio! ?No fue destruido por uno de nuestros helicopteros de vigilancia?
– Una pifia estupida -confeso Raul Castro-. No hubo supervivientes.
La cara de Fidel reflejo confusion.
– Entonces, ?como es que el Departamento de Estado nos acusa de haber capturado a la senora LeBaron y a sus acompanantes?
– No tengo la menor idea.
– ?Por que no se me informa de estos asuntos?
– El informe te fue enviado, pero, como tantos otros, no lo leiste. Es dificil hablar contigo, hermano, y tu interes por los detalles no es lo que solia ser.
Fidel enrosco furiosamente el hilo y solto las correas que le sujetaban a la silla.
– Dile al capitan que volvemos a puerto.
– ?Que pretendes hacer?
Fidel sonrio sin soltar el cigarro.
– Ir a cazar patos.
– ?Ahora? ?Hoy?
– En cuanto lleguemos a tierra, ire a enterrarme en mi refugio, fuera de La Habana, y tu vendras conmigo. Permaneceremos recluidos, sin recibir llamadas telefonicas ni celebrar reuniones hasta el Dia de la Educacion.
– ?Crees que es prudente dejar colgado al presidente y desentendernos de la amenaza interna de los sovieticos?
– ?Que mal puede haber en ello? Las ruedas de las relaciones extranjeras americanas giran como las de una carreta tirada por bueyes. Con su enviado muerto, solo puede quedarse de cara a la pared y esperar mi nueva iniciativa. En cuanto a los rusos, todavia no es el momento oportuno para su maniobra. -Golpeo ligeramente el hombro de Raul-. Animate, hermanito. ?Que puede ocurrir en los proximos cinco dias que tu y yo no podamos controlar?
Raul se lo pregunto vagamente. Tambien se pregunto como podia sentirse helado como una tumba bajo el sol abrasador del Caribe.
Poco despues de medianoche, el general Velikov se puso rigidamente en pie junto a su mesa cuando se abrieron las puertas del ascensor y Lyev Maisky entro en el despacho.
Velikov le saludo friamente.
– Camarada Maisky. Es un placer inesperado.
– Camarada general.
– ?Puedo ofrecerle algun refresco?
– Esta humedad es una maldicion -respondio Maisky, enjugandose la frente con una mano y observando el sudor en sus dedos-. No me vendria mal un vaso de vodka helado.
Velikov levanto un telefono y dio una breve orden. Despues senalo un sillon.
– Por favor, pongase comodo.
Maisky se dejo caer pesadamente en un blando sillon de cuero y bostezo debido al largo trayecto en avion.
– Lamento que no haya sido informado de mi llegada, general, pero el camarada Polevoi penso que era mejor no exponernos a que fuesen interceptadas y descifradas sus nuevas instrucciones por los servicios de escucha de la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana.
Velikov arqueo las cejas como tenia por costumbre y dirigio a Maisky una mirada cautelosa.
– ?Nuevas instrucciones?
– Si, una operacion muy complicada.
– Espero que el jefe de la KGB no me ordene aplazar el proyecto de asesinato de Castro.
– En absoluto. En realidad, me han pedido que le diga que los barcos con el cargamento necesario para la mision llegaran al puerto de La Habana medio dia antes de lo previsto.
Velikov asintio satisfecho con la cabeza.
– Asi tendremos mas tiempo.
– ?Han tenido algun problema? -pregunto Maisky.
– Todo se desarrolla normalmente.
– ?Todo? -repitio Maisky-. Al camarada Polevoi no le gusto la huida de uno de sus prisioneros.
– No tiene que preocuparse. Un pescador encontro el cuerpo del fugitivo en sus redes. El secreto de esta instalacion es todavia seguro.
– ?Y que me dice de los otros? Debe saber que el Departamento de Estado exige a las autoridades cubanas su liberacion.
– Un burdo farol -replico Velikov-. La CIA no tiene el menor indicio de que los intrusos estan todavia vivos. El hecho de que Washington pida su liberacion a los cubanos, en vez de a nosotros, demuestra que estan disparando a ciegas.
– La cuestion es saber contra que estan disparando. -Maisky hizo una pausa y saco una pitillera de platino del bolsillo. Encendio un cigarrillo largo y sin filtro y exhalo el humo hacia el techo-. Nada debe retrasar Ron y Cola.
– Castro hablara segun lo prometido.
– ?Puede estar seguro de que no cambiara de idea?
– Si la historia se repite, pisamos terreno firme.
– Pero puede producirse un accidente, una enfermedad o un
