trajes lunares presurizados y autosuficien tes, fue sencillo enterrar a los hombres en el blando suelo.
– ?Estaban marcados por las rocas de color naranja?
– Si; desde una plataforma oculta en la vertiente del crater, yo podia decirles cuando y donde tenian que atacarles por la espalda.
– No quisiera estar enterrado aqui -murmuro Leuchenko-. Diga a mi nacion…, digales que algun dia nos lleven a casa.
El fin estaba cerca, pero Steinmetz comprendio.
– Todos iran a casa -dijo-. Lo prometo.
En Rusia, Yasenin se volvio con rostro compungido al presidente Antonov.
– Ya lo ha oido -dijo entre los labios apretados-. Se han ido.
– Se han ido -repitio Antonov-. Fue como si las ultimas palabras de Leuchenko sonasen en esta habitacion.
– Sus comunicaciones fueron transmitidas directamente por los dos tripulantes del modulo lunar a nuestro centro de comunicaciones espaciales -explico Kornilov.
Antonov se aparto de la ventana que daba a la sala de control de la mision y.se sento pesadamente en un sillon. A pesar de su corpulencia, parecia encogido y agotado. Se miro las manos y sacudio tristemente la cabeza.
– Defecto de planificacion -dijo pausadamente-. Llevamos al comandante Leuchenko y a sus hombres a la muerte y no conseguimos nada.
– No hubo tiempo para proyectar debidamente la mision -dijo Yasenin, convencido.
– Dadas las circunstancias, hicimos todo lo posible -anadio Kornilov-. Todavia nos cabe la gloria de que unos hombres sovieticos han caminado por la Luna.
– El brillo se ha desvanecido ya. -La voz de Antonov era derrotista-. La increible hazana de los americanos quitara todo valor propagandistico a nuestro logro.
– Tal vez todavia podamos detenerles -dijo amargamente Yasenin.
Kornilov miro fijamente al general.
– ?Enviando un comando mejor preparado?
– Exactamente.
– Mejor aun, ?por que no esperar a que ellos regresen?
Antonov miro a Kornilov con curiosidad.
– ?Que esta sugiriendo?
– He hablado con Vladimir Polevoi. Me ha informado de que el centro de escucha del GRU en Cuba ha interceptado e identificado la voz y las transmisiones en video de la colonia lunar americana a un lugar fuera de Washington. Enviara por correo copias de las comunicaciones. Una de ellas revela que los colonos proyectan regresar a la Tierra.
– ?Van a volver? -pregunto Antonov.
– Si -respondio Kornilov-. Segun Polevoi, piensan enlazar con la estacion espacial americana dentro de cuarenta y seis horas y, despues, volver al puerto espacial Kennedy, de Cabo Canaveral, en la lanzadera
El rostro de Antonov se ilumino.
– Entonces, ?tenemos todavia posibilidad de detenerles?
Yasenin asintio con la cabeza.
– Pueden ser destruidos antes de que lleguen a la estacion espacial. Los americanos no se atreveran a tomar represalias cuando les acusemos de los crimenes que han cometido contra nosotros.
– Sera mejor reservar el justo castigo como palanca -dijo pensativamente Kornilov.
– ?Que palanca?
Kornilov sonrio enigmaticamente.
– Los americanos tienen un dicho: «La pelota esta en nuestro poder.» Son ellos quienes estan a la defensiva. Probablemente, la Casa Blanca y el Departamento de Estado estan redactando la respuesta a nuestra esperada protesta. Propongo que prescindamos de la rutina habitual y guardemos silencio. No hagamos el papel de nacion victima. En vez de esto, provoquemos un suceso espectacular.
– ?Que suceso? -pregunto Antonov, interesado.
– La captura de la gran cantidad de datos que traeran a su regreso los colonos de la Luna.
– ?Por que medio? -pregunto Yasenin.
Kornilov dejo de sonreir y adopto una grave expresion.
– Obligaremos al
Cuarta parte
49
Pitt se estaba volviendo loco. Los dos dias de inactividad eran los mas angustiosos que jamas habia conocido. Tenia poco que hacer, salvo comer, hacer ejercicio y dormir. Todavia tenian que llamarle para participar en las practicas de adiestramiento. Maldecia continuamente al coronel Kleist, que soportaba las violentas criticas de Pitt con estoica indiferencia, explicando con paciencia que su equipo de Fuerzas Especiales Cubanas no podia atacar Cayo Santa Maria hasta que el declarase que estaban en condiciones de hacerlo. Y no estaba dispuesto a adelantarse al tiempo previsto.
Pitt desfogaba su enojo nadando largamente hasta los arrecifes lejanos y trepando a una roca escarpada desde cuya cima se dominaba todo el mar a su alrededor.
San Salvador, la mas pequena de las Bahamas, era conocida por los viejos marineros como la isla de Watling, por el nombre de un bucanero fanatico que azotaba a los miembros de su tripulacion que no observaban el sabado. Tambien se creia que era la primera isla que habia pisado Colon en el Nuevo Mundo. Con su puerto pintoresco y su exuberante interior salpicado de lagos de agua dulce, pocos turistas que observasen su belleza habrian sospechado que contenia un gran complejo de instruccion militar y una instalacion de observacion de misiles.
La CIA tenia sus dominios en una playa remota llamada French Bay, en la punta sur de la isla. No habia ninguna carretera que enlazase el centro secreto de instruccion con Cockburn Tbwn y el aeropuerto principal. Solo se podia salir de alli en pequenas embarcaciones, a traves de los arrecifes circundantes, o en helicoptero.
