adecuada, podemos conectar con la mayoria de los satelites de comunicaciones. Nuestro personal tuvo ocasion de ver, en su periodo de descanso, la ultima pelicula de Paul Newman. Tambien devoramos como perros hambrientos los programas de la Red de Noticias por Cable.
– La Jersey Colony es una hazana increible. La nacion agradecida estara siempre en deuda con ustedes.
– Gracias, senor presidente, aunque ha sido una sorpresa que Leo se fuese de la lengua y anunciase el exito del proyecto antes de nuestro regreso a la Tierra. No era lo previsto.
– No se ha anunciado publicamente -dijo el presidente, poniendose serio-. Aparte de usted y de la gente de su colonia, yo soy el unico de fuera del «circulo privado» que esta enterado de su existencia. Salvo, tal vez, los rusos.
Steinmetz le miro fijamente a traves de trescientos mil kilometros de espacio.
– ?Como pueden saber ellos algo de la Jersey Colony?
El presidente hizo una pausa para mirar a Hudson, que estaba de pie fuera del alcance de la camara. Hudson sacudio la cabeza.
– Las sondas lunares Selenos -respondio el presidente, omitiendo toda referencia a que estuviesen tripuladas-. Una consiguio enviar sus fotos a la Union Sovietica. Creemos que en ellas aparecia la Jersey Colony. Tambien tenemos motivos para pensar que los rusos sospechan que ustedes destruyeron las sondas desde la superficie lunar.
Una expresion inquieta se pinto en los ojos de Steinmetz.
– ?Cree usted que piensan atacarnos?
– Si, Eli -dijo el presidente-. Selenos 8, la estacion lunar sovietica, entro en orbita alrededor de la Luna hace tres horas. Los ordenadores de la NASA indican que pasara por alto un lugar seguro de alunizaje en la cara visible del satelite y se posara en el lado oscuro de la Luna cerca de donde estan ustedes. Una operacion arriesgada, a menos que tengan un objetivo definido.
– La Jersey Colony.
– En su vehiculo de alunizaje viajan siete hombres -siguio diciendo el presidente-. Solo se requieren dos ingenieros pilotos para dirigir su vuelo. Quedan, pues, cinco para el combate.
– Nosotros somos diez -dijo Steinmetz-. Una proporcion de dos a uno no esta mal.
– Pero ellos tienen armas poderosas y una buena instruccion. Estos hombres constituyen el equipo mas mortifero que han podido enviar los rusos.
– Segun usted, un panorama muy negro, senor presidente. ?Que quiere que hagamos?
– Han hecho ustedes mucho mas de lo que cualquiera de nosotros tenia derecho a esperar. Pero la suerte les ha vuelto la espalda. Destruyan la colonia y salgan de ahi antes de que se derrame sangre. Quiero que usted y su gente regresen sanos y salvos a la Tierra para recibir los honores que se merecen.
– Creo que no se da usted cuenta de todo lo que hemos tenido que hacer para construir esto.
– Por mucho que hayan hecho, sus vidas valen mas.
– Hemos vivido seis anos jugando con la muerte -dijo lentamente Steinmetz-. Unas cuantas horas mas importan poco.
– No lo echen todo a perder en una lucha imposible -arguyo el presidente.
– Disculpe, senor presidente, pero esta usted hablando con un hombre que perdio a su padre en un pequeno banco de arena llamado Wake Island. Lo sometere a votacion, pero ya se cual sera el resultado. Mis companeros tampoco se rajaran y echaran a correr. Nos quedaremos y lucharemos.
El presidente se sintio orgulloso y derrotado al mismo tiempo.
– ?Que armas tienen ustedes? -pregunto con voz cansada.
– Nuestro arsenal se compone de un lanzador de cohetes usado y al que solo le queda un proyectil, un fusil M-14 National Match, y una pistola de tiro al blanco del calibre veintidos. Los trajimos para una serie de experimentos sobre la gravedad.
– Estan en una enorme inferioridad de condiciones, Eli -dijo apesadumbrado el presidente-. ?No se da cuenta?
– No, senor. Me niego a abandonar, fundandome en un detalle tecnico.
– ?Que detalle tecnico?
– Los rusos son los visitantes.
– ?Y bien?
– Esto hace que nosotros seamos el equipo de casa -dijo humoristicamente Steinmetz-. Y jugar en casa tiene siempre sus ventajas.
– ?Han alunizado! -exclamo Sergei Kornilov, golpeando con un puno la palma de la otra mano-. ?Selenos 8 esta en la Luna!
Debajo de la sala de observacion de los altos personajes, en la planta baja del Centro de Control sovietico, los ingenieros y los cientificos espaciales estallaron en furiosos aplausos y aclamaciones.
El presidente Antonov levanto una copa de champana.
– Por la gloria de la Union Sovietica y del Partido.
El brindis fue repetido por las autoridades del Kremlin y por los militares de alta graduacion que llenaban la sala.
– Por nuestro primer trampolin en la conquista de Marte -brindo el general Yasenin.
– ?Bravo, bravo! -respondio un coro de voces-. ?A Marte!
Antonov dejo su copa vacia en una bandeja y se volvio a Yasenin, serio de pronto ei semblante.
– ?Cuanto tiempo tardara el comandante Leuchenko en establecer contacto con la base lunar? -pregunto.
– Calculando el tiempo para asegurar los sistemas de la nave espacial, hacer un reconocimiento del terreno y colocar a sus hombres para el ataque, yo diria que cuatro horas.
– ?A que distancia esta el lugar de alunizaje?
– Se programo que Selenos 8 se posara detras de una hilera de montes bajos a menos de tres kilometros del sitio donde Selenos 4 detecto a los astronautas -respondio el general.
– Parece muy cerca -dijo Antonov-. Si los americanos siguieron nuestro descenso, Leuchenko habra perdido toda oportunidad de un ataque por sorpresa.
– Es casi seguro que se han dado cuenta de lo que nos proponemos.
– ?Y no le preocupa?
– La experiencia de Leuchenko y la superioridad en armamento juegan a nuestro favor, camarada presidente. -La cara de Yasenin tenia la expresion del manager de boxeo que acaba de enviar al ring a su pugilista para luchar contra un manco.
– Los americanos se encuentran en una situacion en que vencer es imposible.
