naufragados y venderlos a anticuarios o coleccionistas. Ray era guapo y apuesto en aquellos dias, y no paso mucho tiempo antes de que tuviesemos una aventura. -Vacilo y miro fijamente a Pitt-. ?Ha estado alguna vez profundamente enamorado de dos mujeres al mismo tiempo, senor Pitt?
– No he tenido esa experiencia.
– Lo mas raro es que no me sentia culpable. Enganar a Hans se convirtio en un juego excitante. No es que yo fuese una persona falsa. Es que nunca habia mentido a ningun ser querido y el remordimiento no cabia en mi cabeza. Ahora doy gracias a Dios de que Hans no se enterase antes de morir.
– ?Puede decirme algo sobre el tesoro de La Dorada?
– Despues de graduarse en Stanford, Ray paso un par de anos explorando las selvas del Brasil, en busca de oro. Un topografo norteamericano fue el primero que le hablo de La Dorada. No recuerdo los detalles, pero el habia estado seguro de que estaba a bordo del
– ?Recibio usted alguna carta o llamada telefonica de Hans, despues de que embarcara en el
– Me llamo una vez desde Cuba. Lo unico que me dijo fue que Ray y el se dirigirian al lugar del naufragio el dia siguiente. Dos semanas mas tarde, volvio Ray y me dijo que Hans habia muerto de la enfermedad de los buzos y estaba sepultado en el mar.
– ?Y el tesoro?
– Ray lo describio como una enorme estatua de oro -respondio ella-. De alguna manera, la subio a la embarcacion de salvamento y la llevo a Cuba.
Pitt se estiro y se arrodillo de nuevo al lado de Hilda.
– Es raro que no trajese la estatua a los Estados Unidos.
– Temia que Brasil, Florida, el Gobierno Federal, otros buscadores de tesoros o arqueologos marinos confiscaran o reclamasen judicialmente La Dorada y, en definitiva, no dejasen nada para el. Naturalmente, estaba ademas el fisco. Ray no estaba dispuesto a pagar millones de dolares en impuestos, si podia evitarlo. Por consiguiente, no hablo a nadie, salvo a mi, de su descubrimiento.
– ?Y que fue del tesoro?
– Ray extrajo el gigantesco rubi que era el corazon de la estatua, lo corto en pequenos pedazos y lo vendio poco a poco.
– Y ese fue el principio del imperio financiero de LeBaron -dijo Pitt.
– Si, pero antes de que Ray pudiese cortar la cabeza de esmeralda o fundir el oro, Castro subio al poder y el se vio obligado a esconder la estatua. Nunca me dijo donde la habia escondido.
– Asi, La Dorada esta todavia oculta en algun lugar de Cuba.
– Estoy segura de que Ray no pudo volver para recobrarla.
– ?Vio al senor LeBaron despues de aquello?
– ?Oh, si! -dijo vivamente ella-. Nos casamos.
– ?Fue usted la primera senora LeBaron? -pregunto asombrado Pitt.
– Durante treinta y tres anos.
– Pero, segun el Registro, el nombre de su primera esposa era Hillary, y esta murio hace unos anos.
– Ray prefirio Hillary a Hilda cuando se hizo rico. Creia que era mas distinguido. Mi muerte fue muy conveniente para el cuando enferme: divorciarse de una invalida le parecia horrible. Por consiguiente, enterro a Hillary LeBaron, y Hilda Kronberg se consume aqui.
– Esto me parece inhumano y cruel.
– Mi marido era generoso, pero no compasivo. Vivimos dos vidas diferentes. Pero no me importa. Jessie viene a verme de vez en cuando.
– ?Le segunda senora LeBaron?
– Una persona encantadora e inteligente.
– ?Como puede estar casada con el, si usted sigue con vida?
Ella sonrio animadamente.
– Fue la unica vez que Ray hizo un mal negocio. Los medicos le dijeron que solo me quedaban unos meses de vida. Pero les engane a todos y he vivido siete anos desde entonces.
– Esto hace que sea bigamo, ademas de asesino y ladron.
Hilda no lo discutio.
– Ray es un hombre complicado. Toma mas de lo que da.
– Si yo estuviese en su lugar, lo clavaria en la cruz mas proxima.
– Demasiado tarde para mi, senor Pitt. -Le miro, con un subito brillo en los ojos-. Pero usted podria hacer algo en mi lugar.
– Digame que.
– Encuentre La Dorada -dijo fervientemente ella-. Encuentre la estatua y desela al mundo. Haga que sea mostrada al publico. Esto doleria mas a Ray que perder su revista. Pero, sobre todo, es lo que habria querido Hans.
Pitt le tomo una mano y la estrecho.
– Hilda -dijo suavemente-. Hare todo lo que pueda para que sea asi.
46
Hudson ajusto la luminosidad de la imagen y saludo con la cabeza a la cara que le estaba mirando en la pantalla.
– Eli, aqui hay alguien que quiere hablar contigo.
– Siempre encantado de ver una cara nueva -respondio alegremente Steinmetz.
Otro hombre ocupo el lugar de Hudson debajo de la camara y monitor de video. Miro fascinado unos momentos antes de hablar.
– ?Esta usted realmente en la Luna? -pregunto al fin.
– Ahora se lo mostrare -dijo Steinmetz con una agradable sonrisa. Salio de la pantalla, levanto la camara portatil de su tripode y enfoco el paisaje lunar a traves de una ventanilla de cuarzo… Lamento no poder mostrarle la Tierra, pero estamos en el lado oculto de la bola.
– Le creo.
Steinmetz volvio a colocar la camara y se coloco de nuevo delante de ella. Se inclino hacia delante y miro fijamente. Su sonrisa se extinguio poco a poco y sus ojos adoptaron una expresion interrogadora.
– ?Es usted realmente quien creo que es?
– ?Me reconoce?
– Tiene el aspecto y la voz del presidente.
Ahora fue el presidente quien sonrio.
– No estaba seguro de que lo supiese, ya que yo era senador cuando ustedes abandonaron la Tierra, y no creo que lleguen los periodicos al lugar donde reside.
– Cuando la orbita de la Luna alrededor de la Tierra esta en la posicion
