las lleve.

– Tengo que entregarselas personalmente -dijo Pitt-. Traigo ademas un mensaje verbal.

Ella asintio y senalo una puerta lateral.

– Probablemente encontrara a la senora Kronberg en la piscina. No espere hallarla en perfecta lucidez, pues tiene altibajos en su percepcion de la realidad.

Pitt le dio las gracias y lamento no poder invitarla a cenar. Cruzo la puerta y descendio por una rampa. La piscina cubierta y rodeada de cristales habia sido disenada como un jardin hawaiano con piedras negras de lava y una cascada.

Despues de preguntar a dos ancianas por Hilda Kronberg, la encontro sentada en una silla de ruedas, mirando fijamente el agua y con la mente en otra parte.

– ?Senora Kronberg?

Ella hizo visera con una mano y miro hacia arriba.

– ?Si?

– Me llamo Dirk Pitt y desearia hacerle unas pocas preguntas.

– ?Has dicho senor Pitt? -pregunto ella con voz suave. Observo su uniforme y las flores-. ?Por que quiere hacerme preguntas un muchacho repartidor de flores?

Pitt sonrio al oir la palabra «muchacho» y le tendio las flores.

– Tienen que ver con su difunto marido, Hans.

– ?Esta usted con el? -pregunto ella, con recelo.

– No; estoy completamente solo.

Hilda tenia un aspecto enfermizo, estaba delgada y su piel era tan transparente como un papel de seda. Iba muy maquillada y llevaba el pelo habilmente tenido. Con sus anillos de brillantes habria podido comprar una pequena flota de Rolls-Royces. Pitt sospecho que tendria quince anos menos de los setenta y cinco que aparentaba. Hilda Kronberg era una mujer que esperaba la muerte. Sin embargo, cuando sonrio al oir mencionar el nombre de su marido, sus ojos parecieron sonreir tambien.

– Parece usted demasiado joven para haber conocido a Hans - dijo.

– El senor Conde, de Weehawken Marine, me hablo de el.

– Bob Conde, desde luego. El y Hans eran viejos companeros de poquer.

– ?No volvio usted a casarse despues de morir el?

– Si, volvi a casarme.

– Sin embargo, todavia usa su apellido.

– Eso es una larga historia que no creo que le interese.

– ?Cuando vio a Hans por ultima vez?

– Fue un jueves. Le vi partir en el vapor Monterrey, con rumbo a La Habana, el 10 de diciembre de 1958. Hans se hacia siempre castillos en el aire. El y su socio iban a la busca de un nuevo tesoro. Me prometio que encontrarian oro suficiente para comprarme la casa de mis suenos. Por desgracia, no volvio.

– ?Recuerda quien era su socio?

Sus suaves facciones se endurecieron de pronto.

– ?Que pretende usted, senor Pitt? ?A quien representa?

– Soy director de proyectos especiales de la National Underwater Marine Agency -respondio el-. Durante el examen de un barco hundido llamado Cyclops, descubri lo que creo que son los restos de su marido.

– ?Encontro a Hans? -pregunto ella, sorprendida.

– No pude identificarle positivamente, pero la escafandra que llevaba me han dicho que era de el.

– Hans era un buen hombre -dijo tristemente ella-. Tal vez no un buen proveedor, pero vivimos bien los dos…, bueno, hasta que murio.

– Usted me pregunto si yo estaba con el -dijo amablemente Pitt.

– Un secreto de familia, senor Pitt. Pero me tratan bien. El cuida de mi. No tengo queja. Si me he retirado del mundo real, ha sido por mi propia voluntad…

Su voz se extinguio y su mirada se hizo remota.

Pitt tenia que agarrarla antes de que se encerrase en su concha.

– ?Le dijo el que Hans fue asesinado?

Hilda pestaneo durante unos instantes y despues sacudio en silencio la cabeza.

Pitt se arrodillo a su lado y le asio la mano.

– La cuerda de seguridad y el tubo del aire fueron cortados mientras el trabajaba bajo el agua.

Ella se echo a temblar visiblemente.

– ?Por que me cuenta esto?

– Porque es la verdad, senora Kronberg. Le doy mi palabra. Probablemente, la persona que trabajaba con Hans, fuese quien fuere, lo mato para poder quedarse con su parte del tesoro.

Hilda permanecio sentada, confusa y como en trance, durante casi un minuto.

– Conoce usted lo del tesoro de La Dorada -dijo al fin.

– Si -respondio Pitt-. Se como fue a parar al Cyclops. Tambien se que Hans y su socio la encontraron.

Hilda empezo a juguetear con uno de sus anillos de brillantes.

– En el fondo de mi corazon, siempre sospeche que Ray habia matado a Hans.

La impresion retardada se pinto lentamente en la cara de Pitt mientras se hacia la luz en su cerebro. Cautelosamente, jugo su carta al azar.

– ?Cree que Hans fue asesinado por Raymond LeBaron?

Ella asintio con la cabeza.

La inesperada revelacion pillo desprevenido a Pitt, que tardo unos momentos en volver al grano.

– ?Fue el tesoro el movil del crimen? -pregunto suavemente.

– No. El movil fui yo -dijo ella, sacudiendo la cabeza.

Pitt no replico; espero en silencio.

– Cosas que ocurren -empezo a decir ella en un murmullo-. Entonces yo era joven y bonita. ?Puede usted creer que antano fui bonita, senor Pitt?

– Todavia lo es, y mucho.

– Creo que necesita gafas, pero gracias por el cumplido.

– Tambien tiene una mente muy despierta.

Ella senalo hacia el edificio principal.

– ?Le han dicho que estaba un poco majareta?

– La recepcionista insinuo que no estaba del todo en sus cabales.

– Una pequena comedia que me gusta representar. Asi todo el mundo hace conjeturas. -Sus ojos centellearon brevemente y despues adquirieron una expresion remota-. Hans era un hombre bueno que tenia diecisiete anos mas que yo. Mi amor por el estaba mezclado de compasion, debido a su cuerpo lisiado. Llevabamos unos tres anos de casados cuando una noche trajo a Raymond a cenar a casa. Los tres nos hicimos pronto buenos amigos, y los hombres formaron una sociedad para recuperar objetos de barcos

Вы читаете Cyclops
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату