cierto que habian empezado a sospechar algo raro cuando yo hable, asi que me investigaron, pero no pudieron encontrar nada.

– ?Aceptaron su palabra contra la tuya?

– Es logico -apago el contacto-. Cuando empece a sospechar debi poner en conocimiento de mis superiores lo que ocurria y lavarme las manos. Pero queria pruebas. Y queria saber que Chop me respaldaria.

– Asi que como le ofreciste el trato que le permitio salir impune considera que esta en deuda contigo.

Santos rio.

– Todo lo contrario. Me odia a muerte. A fin de cuentas, yo fui el que le descabalo todo el negocio.

Se hizo el silencio. Santos miro a Glory.

– ?Que piensas?

No hablo inmediatamente. Sacudio la cabeza durante unos segundos.

– Hay algo que no entiendo. Si el tal Chop te odia, ?por que te ha llamado para proporcionarte informacion?

– Buena pregunta. Eso mismo me pregunto yo. Pero por otro lado, tiene sentido. Yo soy el detective encargado del caso, y me conoce. Es posible que este implicado en cierto modo y quiera llegar a un acuerdo. Es posible que quiera tantearme para ver que le puede pasar.

– Tal vez deberias llamar a Jackson, o pedir refuerzos.

– ?Refuerzos? -repitio riendo-. Has visto demasiadas series policiacas por television. Hay una gran diferencia entre hablar con un informador y meterse en una situacion que suponga una amenaza.

Vio que Glory miraba nerviosa la fachada del club. La calle estaba llena de gente, como solia ocurrir en aquel barrio los sabados por la noche. De vez en cuando, alguien entraba o salia del local, y Glory y el podian ver el interior. Estaba lleno de gente.

– Espera -le dijo Santos-. Entro y salgo en un momento. No te muevas de aqui. Volvere en menos de diez minutos.

– ?Estas seguro?

– Si -se inclino para besarla y abrio la puerta-. Despues nos iremos a tomar un margarita.

Salio del coche y cruzo la calle para entrar en el local. Tal y como parecia, estaba lleno de gente. En el escenario, una mujer ligera de ropa se ondulaba al ritmo de la ensordecedora musica. El aire olia a alcohol, tabaco y sudor. Le evocaba recuerdos desagradables. De su juventud. De la epoca en que trabajaba en antivicio.

Vio a Chop detras de la barra y empezo a abrirse paso hacia el entre la multitud.

Un hombre que llevaba una cerveza en la mano choco contra el, derramandole encima la mitad del liquido.

– ?Ten cuidado! -le dijo.

El hombre sonrio.

– Perdona -dijo con sarcasmo-. No sabes cuanto lo siento. Santos le enseno la placa.

– Creo que ya has tenido bastante. Tomate un descanso. Se aparto, aunque sin dejar de sonreir.

– Lo que usted diga, agente.

Santos sintio que se le erizaba el pelo de la nuca, y fruncio el ceno. Se volvio para mirar a la barra, y vio a Chop, que lo observaba. Tenia la sensacion de que algo marchaba mal. Chop le indico con un gesto que se acercara.

Llego a la barra. Chop fue al otro extremo para servir una bebida a alguien. Santos lo miro con disgusto. Era bajo y gordo, con el escaso pelo tenido de rubio. Siempre tenia la piel grasa, y de joven habia sufrido un terrible acne, como demostraban las cicatrices que poblaban su cara. Pero no era el aspecto de Robichaux, por desagradable que resultara, lo que hacia que a Santos se le pusiera la piel de gallina. Era lo que tenia en su interior. Era un verdadero monstruo.

Como si fuera consciente de los pensamientos de Santos, Chop lo miro fijamente a los ojos y sonrio. Un momento despues estaba frente a el.

– Hola, cerdo. Cuanto tiempo.

Santos lo recorrio con la mirada, disgustado por tener que jugar a su juego.

– ?Tienes informacion para mi?

– ?Que informacion estas buscando?

– No me hagas perder el tiempo, Robichaux -entrecerro los ojos-. ?Tienes esa informacion o no?

Chop volvio a sonreir, curvando sus desagradables labios.

– No. Solo queria ver tu bonita cara en mi club.

– Deberia detenerte ahora mismo.

– Intentalo -rio Chop-. No tienes motivos. Estoy limpio.

– Cuando el infierno se congele. Tal vez deberia inventarme algo. Estoy seguro de que cualquier cosa que se me ocurra sera cierta.

– No te atreverias. Siempre has sido un buen chico. Pero ?sabes una cosa? Hasta los buenos chicos tienen dias malos. Ahora, largate de aqui.

– Encantado, Robichaux. Este sitio apesta.

Se aparto de la barra, incomodo, pensando en los motivos que podia haber tenido Chop para decirle que tenia informacion sobre Blancanieves y hacerse el tonto delante de el. Era posible que hubiera decidido en el ultimo momento reservarse la informacion. Era posible que no pudiera hablar entonces porque lo escuchara alguien. Tambien podia haber decidido, simplemente, gastarle una mala pasada.

Pero ninguna de las explicaciones le parecia convincente. Ninguna de ellas aliviaba su incomodidad. No era logico que Chop Robichaux llamara a un detective de homicidios a su casa un sabado por la noche para divertirse a su costa.

La situacion era muy rara. Chop tramaba algo que tenia que ver con el.

Salio del club sin problemas. Miro inmediatamente al coche y vio que Glory estaba donde la habia dejado, mirando hacia el. Sonrio y saludo con la mano.

– ?Detective Santos?

Cuatro hombres, probablemente policias, a juzgar por sus trajes baratos y sus cortes de pelo conservadores, lo rodearon. Santos los miro con desconfianza.

– Si, ?que quieren?

Uno de los hombres le enseno la placa.

– Teniente Brown, de Asuntos Internos. Estos son los agentes Patrick, Thompson y White.

Santos miro a los policias uno a uno. Los cuatro lo contemplaban con desprecio y hostilidad. Al parecer le habian tendido una trampa. Pero no entendia quien, ni por que.

– ?Que puedo hacer por usted, teniente?

– Creo que ya lo sabe, detective. Contra la pared.

Santos obedecio, y uno de los agentes, probablemente Patrick, lo cacheo, quitandole el arma reglamentaria y la placa.

– ?Que es esto? -pregunto, sacandole un sobre del bolsillo de la chaqueta y entregandoselo al teniente.

El policia lo abrio y miro a Santos a los ojos.

– Yo diria que son veintiun billetes de cien dolares, detective. Billetes marcados, si no me equivoco. ?Me puede explicar de donde ha salido ese dinero?

– Me encantaria, pero no tengo ni idea. Alguien me lo debe haber metido en el bolsillo -penso rapidamente que muchas personas podian haberlo hecho, pero lo mas probable era que se tratara del hombre que le habia tirado la cerveza-. Me han tendido una trampa.

– Sorpresa, sorpresa. Creo que he oido esa frase mil veces.

El agente Patrick sujeto a Santos por el brazo derecho, se lo doblo detras de la espalda y le esposo la muneca. Despues hizo lo mismo con su brazo izquierdo.

– Supongo que si, pero esta vez es verdad.

– Digaselo a su abogado -espeto el teniente-. Que alguien le lea sus derechos.

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