Tina habia comprado el crucifijo a un vendedor de biblias del barrio, que tenia una pequena tienda de objetos religiosos. A1 parecer, era un buen tipo. Se llevaba bien con las prostitutas, y siempre las sermoneaba sobre el bien y el mal, citandoles las escrituras e intentando convencerlas para que cambiaran de vida.

Dijo que era imposible que el fuera el asesino. Absolutamente imposible.

Pero Santos no estaba de acuerdo. Jackson tampoco.

Visiblemente nervioso, Jackson le dijo que esperase, que volveria con el en cuanto pudiera.

Pero la espera resulto insoportable. Santos caminaba de un lado a otro, maldiciendo a Chop Robichaux y a todos los que le habian tendido la trampa. Queria estar con Jackson y los demas. Queria estar en el piso de aquel hombre, esposarlo y detenerlo.

Queria desempenar su trabajo.

Y queria que aquel tipo fuera el que habia asesinado a su madre. Queria saberlo, y queria que pagara por ello.

Jackson lo llamo en cuanto volvio a la comisaria, y le dijo que parecia que era su hombre. Habian encontrado en su casa mas cruces como aquellas, y varios articulos sobre Blancanieves. Incluso tenia fotografias de un par de las chicas asesinadas.

Lo unico que no tenian, al parecer, era al hombre. Segun su casera, se habia ido de viaje. A veces pasaba fuera una semana, pero nunca mas tiempo. No sabia donde podia estar.

– ?Tiene la edad suficiente? -pregunto, aferrandose al auricular-. ?Crees que puede ser el que…?

Su garganta se cerro y se esforzo por hablar, dandose cuenta de lo mucho que habia esperado que llegara aquel momento. Y lo mucho que lo habia temido.

Tenia que saberlo.

– ?Crees -repitio con voz mas clara- que puede ser el que asesino a mi madre?

Durante unos segundos, su companero guardo silencio. Santos tenia un nudo en el estomago.

– Podria ser -dijo al fin-. Tiene la edad suficiente. Lleva anos viviendo en el barrio, y frecuenta a las.., prostitutas.

Santos dejo escapar el aliento. Podia ser el.

– Pero no te emociones -dijo Jackson-. Solo por el hecho de que pueda ser el, no significa que sea el. De hecho, seria bastante raro.

– Ya lo se, pero por ahora… Por ahora me basta con una posibilidad.

Capitulo 62

– Hola, Liz.

Liz levanto la vista de las fichas de los empleados, alineadas frente a ella.

– Jackson -dijo contenta de verlo-. ?Que te trae por aqui?

El policia sonrio.

– Me moria por una de tus ensaladas.

– Es lo que mas me gusta que me digan los clientes -se levanto del taburete-. Te llevare a una mesa. ?Estas solo?

– Si. Solo he traido a mi pequena persona.

Liz rio y se detuvo frente a una mesa, con vistas a la calle.

– Perfecta -ocupo una de las sillas y senalo la otra-. ?Puedes acompanarme?

Liz miro hacia la barra. Tenia que terminar de repasar las fichas para tener preparadas las nominas al dia siguiente.

– Solo un momento -se sento frente a el-. El papeleo no termina nunca. Es lo que mas odio de este negocio.

– Asi es la vida -murmuro mientras se acercaba la camarera con el menu-. Todo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Por ejemplo, mirame a mi. Me encanta el trabajo de policia. Lo que no soporto es tener que mirar a la cara a los criminales.

– Supongo que, en comparacion, lo mio con los papeles no es tan terrible.

Jackson no miro siquiera la carta. Pidio una ensalada y un vaso de te helado y se volvio hacia Liz.

– ?Que tal van las cosas?

– Muy bien -dijo rapidamente.

Tal vez con demasiada rapidez. Y con demasiada alegria. Se sonrojo y se aclaro la garganta, cohibida.

– Me he enterado de que teneis al asesino de Blancanieves.

– Tenemos un sospechoso.

Liz fruncio el ceno.

– No pareces muy convencido de que sea el.

– ?No? -se encogio de hombros-. No soy como el cabezota de mi companero. Siempre concedo el beneficio de la duda hasta que tenemos todas las pruebas necesarias y el culpable es detenido.

Cuando oyo hablar de Santos, Liz sintio que se le formaba un nudo en la garganta.

– ?Que tal esta Santos?

– Si has visto el periodico, lo sabras.

Liz se mordio el labio inferior, luchando contra la sensacion de culpa que se formaba en su interior. Se recordo que lo odiaba. Se recordo que le daba igual que fuera de el, y que si por ella fuera, podia morirse. Solo esperaba que Glory tambien se muriera.

– ?Te pasa algo, Liz?

– Nada -nego con la cabeza-. No.

Jackson entrecerro los ojos para mirarla, y Liz volvio a sonrojarse, pero en aquella ocasion a causa de la culpa. Aparto la mirada.

– ?Es tan mala su situacion como parece? Quiero decir, ?hay alguna posibilidad de que…?Ya sabes.

– ?De que se demuestre su inocencia? Eso espero, desde luego -sus labios se cerraron en una linea-. Alguien le ha tendido una trampa. Alguien mas, aparte de Chop Robichaux.

– ?Aparte de Robichaux? -repitio-. ?Quien?

– Si lo supieramos podriamos hacer algo, pero tal y como estan las cosas, no veo ninguna solucion. No tendras informacion sobre esto, ?verdad?

– ?Informacion? ?Yo? -nego con la cabeza, acallando los remordimientos-. ?Como quieres que sepa nada? -se puso en pie con una sonrisa falsa-. Aqui llega tu ensalada. Sera mejor que siga con los papeles.

Se volvio y empezo a caminar hacia la barra, pero se detuvo cuando Jackson la llamo por su nombre. Volvio la cabeza para mirarlo a los ojos, con dificultad.

– Santos no queria hacerte dano. Es una buena persona. Y un gran policia.

Las lagrimas se formaron en sus ojos. Sin decir una palabra, siguio andando. Pero una vez en la barra se sentia incapaz de seguir con sus calculos. No podia dejar de pensar que poco tiempo atras habia visto a Hope Saint Germaine en el barrio frances, hablando con Chop Robichaux.

Y no podia dejar de pensar en Santos.

Como si lo hubiera conjurado con sus pensamientos, entro en el restaurante. El corazon de Liz latio a toda velocidad, y durante un momento penso que era posible, solo posible, que hubiera ido a verla.

Pero, por supuesto, no era asi. Habia ido a ver a Jackson, y parecia enormemente incomodo por estar alli.

Penso furiosa que debia estarlo. Debia sentirse como el canalla que era.

Lo miro de reojo. Vio que el lanzaba una mirada en su direccion, hacia una mueca y caminaba hacia la puerta. Jackson nego con la cabeza y le indico con un gesto que se sentara. Con la actitud de un condenado a muerte, Santos obedecio.

Liz tenia un nudo en la garganta que amenazaba con sofocarla. Le dolia mirar a Santos. Le dolia desear tanto algo que nunca podria tener.

No entendia por que no habian funcionado las cosas entre ellos, por que no habia podido amarla. Aquello

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