– ?A donde ha ido ella?

– No ha querido decirmelo.

– ?Uno de sus presentimientos? -apunto Ben, alarmado.

Ian asintio y Ben suspiro abatido.

– Dios nos ayude -dijo Ben, palmeando la espalda de Ian-. Voy a ir a hablar con las damas.

Ian se volvio a mirar a Sheere y a Aryami Bose. La anciana parecia discutir acalora-damente con su nieta. Ben e Ian intercambiaron una mirada.

– Sospecho que la anciana mantiene sus planes de partir manana hacia Bombay -comento Ben.

– ?Vas a ir con ellas?

– No pienso irme de esta ciudad nunca. Y menos ahora.

Los dos amigos observaron como se desarrollaba la discusion entre abuela y nieta durante un par de minutos mas y finalmente Ben se dirigio hacia ellas.

– Esperame aqui -murmuro pausadamente.

Aryami Bose entro de nuevo en la casa y dejo a solas a Ben y a Sheere en el umbral de su puerta. Sheere mostraba un rostro encendido de ira y Ben aguardo a que fuese ella misma quien eligiese su momento para empezar a hablar. Cuando lo hizo, su voz temblo de rabia e impotencia y sus manos se entrelazaron en un nudo tenso y ferreo.

– Dice que partiremos manana y que no quiere hablar mas del asunto -explico Sheere-. Dice tambien que tu deberias venir con nosotras, pero que no puede obligarte.

– Supongo que cree que eso es lo mejor para ti -apunto Ben.

– ?Tu no piensas eso, Ben?

– Mentiria si dijera que lo pienso -admitio Ben.

– Yo he pasado toda mi vida huyendo de pueblo en pueblo, en trenes, en barcos y carromatos, sin tener una casa propia, amigos o un lugar que pudiera recordar como mio -dijo Sheere-. Estoy cansada, Ben. No puedo seguir huyendo toda la vida de alguien a quien ni siquiera conozco.

Los dos hermanos se miraron, en silencio.

– Ella es una mujer anciana, Ben. Tiene miedo, porque su vida se acaba y se siente incapaz de protegernos durante mas tiempo -anadio Sheere-.

Lo hace de corazon, pero huir ya no sirve de nada. ?De que serviria tomar manana ese tren a Bombay? ?Para tener que apearnos en cualquier estacion, con otro nombre? ?Para mendigar un techo en cualquier pueblo sabiendo que al dia siguiente tendriamos que salir huyendo otra vez?

– ?Le has dicho eso a Aryami? -pregunto Ben.

– No quiere escucharme. Pero esta vez no pienso huir de nuevo. Esta es mi casa, esta es la ciudad de mi padre y aqui es donde pienso permanecer. Y si ese hombre viene a por mi, le plantare cara. Si ha de matarme, que lo haga. Pero si he de vivir, no estoy dispuesta a hacerlo como una fugitiva que da gracias cada dia por poder ver el Sol. ?Me ayudaras, Ben?

– Por supuesto -repuso el muchacho. Sheere le abrazo y se seco los ojos con un extremo del manto blanco que la cubria.

– ?Sabes, Ben? -dijo ella-. Anoche, con tus amigos en aquella vieja casa abando-nada, vuestro Palacio de la Medianoche, mientras os explicaba mi historia, pense que nun-ca tuve la oportunidad de ser una nina como las demas. Creci entre viejos, entre miedos y mentiras. Con mendigos y viajeros sin nombre como unica compania. Me acorde de como inventaba companeros invisibles y hablaba con ellos durante horas en las salas de las esta- ciones, en los carromatos. Los adultos me miraban y sonreian. A sus ojos, una nina hablando sola era una vision adorable. Pero no lo es, Ben. No es adorable estar solo, ni de nino, ni de viejo. Durante anos me he preguntado como eran los demas ninos, si tenian las mismas pesadillas que yo, si se sentian tan desgraciados como yo. Quien diga que la infancia es la epoca mas feliz de la vida es un mentiroso o un estupido.

Ben observo a su hermana y le sonrio.

– O ambas cosas -bromeo Ben-. Suelen ir unidas.

Sheere se sonrojo.

– Lo siento -dijo-. Hablo por los codos, ?verdad?

– No -nego Ben-. Me gusta escucharte. Ademas, creo que tenemos mas en comun de lo que piensas.

– Somos hermanos -rio Sheere nerviosa-. ?Te parece poco? ?Gemelos! ?Suena tan raro!

– Bueno, como suele decirse, solo puedes escoger a tus amigos -bromeo Ben- la familia viene de propina.

– Entonces prefiero que seas mi amigo -dijo Sheere.

Ian se aproximo hasta ellos y comprobo aliviado que ambos hermanos parecian estar de buen humor e incluso se permitian el lujo de intercambiar algunas bromas, lo cual, dada la coyuntura, no era poco.

– Tu sabras lo que haces. Ian, esta dama quiere ser mi amiga.

– Yo no te lo aconsejaria -siguio la broma Ian-. Yo lo soy desde hace anos y asi me va. ?Habeis tomado una decision?

Ben asintio.

– ?Es lo que me imagino? -pregunto Ian.

Ben asintio de nuevo y esta vez Sheere se sumo a su gesto afirmativo.

– ?Que es lo que habeis decidido? -pregunto amargamente la voz de Aryami Bose a sus espaldas.

Los tres muchachos se volvieron y descubrieron la silueta de la anciana, inmovil en las sombras tras el umbral. Un tenso silencio medio entre ellos.

– No tomaremos ese tren manana, abuela -respondio serenamente Sheere-. Ni Ben, ni yo.

Los ojos de la anciana les recorrieron uno a uno, abrasadores.

– ?Las palabras de unos mocosos inconscientes te han hecho olvidar en unos minutos todo lo que te he ensenado en anos? -recrimino Aryami.

– No, abuela. Es mi propia decision. Y nada en el mundo la va a cambiar.

– Tu haras lo que yo diga -corto Aryami, aunque el olor de la derrota impregnaba cada una de sus palabras.

– Senora… -empezo Ian cortesmente.

– Callate, hijo -espeto Aryami con renovada frialdad.

Ian reprimio sus deseos de replicar y bajo la mirada.

– Abuela, no cogere ese tren -dijo Sheere-. Y lo sabes.

Aryami contemplo a su nieta desde las sombras, sin pronunciar una sola palabra.

– Os estare esperando en la estacion de Howrah, al amanecer -dijo finalmente la anciana.

Sheere suspiro y Ben advirtio como su semblante se encendia de nuevo. Ben le sujeto un brazo y le indico que no continuase la discusion. Aryami se volvio y lentamente sus pasos se perdieron en el interior de la casa.

– No puedo dejar que se quede asi -murmuro Sheere.

Ben asintio y solto el brazo de su hermana, que siguio a Aryami hasta la sala, donde la anciana se habia sentado frente a la lumbre de las velas. Aryami no se volvio y perma-necio inmovil, ignorando la presencia de su nieta. Sheere se acerco a ella y la rodeo suave-mente con sus brazos.

– Pase lo que pase, abuela -dijo-. Yo te quiero. Aryami acato en silencio y escucho los pasos de Sheere, alejarse de nuevo hacia el patio, mientras las lagrimas afloraban a sus ojos. En el exterior, Ben e Ian aguardaron la vuelta de Sheere y la recibieron con el semblante mas optimista que lograron componer.

– ?A donde vamos ahora? -pregunto Sheere, sus ojos empanados por las lagrimas y las manos temblorosas.

– Al mejor rincon de Calcuta -respondio Ben- el Palacio de la Medianoche.

Las ultimas luces de la tarde empezaban a palidecer cuando Isobel vislumbro la estructura fantasmal y angulosa de la antigua estacion de Jheeter’s Gate emergiendo entre las brumas del rio como el espejismo de una siniestra catedral que hubiera perecido pasto de las llamas. La muchacha contuvo la respiracion y se detuvo a contemplar la escalofriante vision del denso entramado de cientos de vigas de acero, arcos y bovedas superpuestas, en un laberinto insondable de metal y cristal astillado por el fuego. Un antiguo puente en ruinas y totalmente en desuso cruzaba el rio hasta el portico de la estacion, en la otra orilla, abierto igual que las negras

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