– Bien -empezo el bibliotecario-. Esto es mas complicado de lo que parece. Hay mucha informacion respecto a ese tal Lahawaj Chandra Chatterghee bajo diferentes entra-das. La mayoria de la documentacion que he visto parecia reiterativa y poco significativa, pero haria falta por lo menos una semana para poner un poco de orden en los papeles de ese sujeto.

– ?Que ha encontrado, senor? -pregunto Seth.

– De todo un poco, la verdad -explico De Rozio-. Mr. Chandra era un brillante ingeniero, ligeramente adelantado a su tiempo, idealista y obsesionado por dejar a este pais un legado que compensara a las gentes pobres de las desgracias que el atribuia al dominio y explotacion britanicos. No muy original, francamente. En resumen: reunia todos los requisitos para convertirse en un autentico desgraciado. Aun asi, parece que sorteo el mar de envidias, complots y maniobras para acabar con su carrera y consiguio llegar a convencer al gobierno de que financiase lo que era su sueno dorado: la construccion de la linea de ferrocarril que uniria las principales capitales de la nacion con el resto del continente. Chandra creia que, de este modo, el monopolio comercial y politico que se habia iniciado en tiempos de Lord Clive y la compania, con el trafico fluvial y maritimo, tendria los dias contados y que serian las gentes de la India las que lentamente recuperarian el control sobre la riqueza de su propio pais. Lo cierto es que no hacia falta ser ingeniero para comprender que eso no iba a ser asi.

– ?Hay algo respecto a un personaje llamado Jawahal? -pregunto Seth-. Era un amigo de juventud del ingeniero. Se celebraron varios juicios contra el. Casos sonados, creo.

– Debe de estar en algun lugar, hijo, pero hay un mar de documentos por clasificar. ?Por que no volveis de aqui a un par de semanas? Para entonces habre tenido la oportu-nidad de poner algo de orden en todo este galimatias.

– No podemos esperar dos semanas, senor -dijo Michael.

De Rozio observo sorprendido al muchacho. – ?Una semana? -ofrecio De Rozio.

– Senor -dijo Michael-, es un asunto de vida o muerte. La vida de dos personas corre peligro.

De Rozio contemplo la intensa mirada de Michael y asintio, vagamente aturdido. Seth no dejo escapar un segundo.

– Nosotros le ayudaremos a buscar y ordenar, senor -se ofrecio.

– ?Vosotros? -pregunto-. No se… ?Cuando?

– Ahora mismo -replico Michael.

– ?Conoceis el codigo de cifrado de las fichas de la biblioteca? -Interrogo De Rozio.

– Como el abecedario -mintio Seth.

El Sol se sumergio como un gran globo sangrante tras las vidrieras destruidas del panel este de Jheeter’s Gate y en pocos segundos Isobel asistio al hipnotico espectaculo de cientos de cuchillas horizontales de luz escarlata taladrando la penumbra de la estacion. El sonido de aquellas voces aullantes fue creciendo, y pronto Isobel las escucho resonar.en el eco de la gran boveda. El suelo empezo a vibrar bajo sus pies y la muchacha advirtio que algunas astillas de cristal se precipitaban desde la techumbre. Isobel sintio una punzada en el antebrazo izquierdo y se llevo la mano al punto donde habia recibido el impacto. Su sangre tibia le resbalo entre los dedos. Corrio hacia el extremo de la estacion, protegien-dose el rostro con las manos.

Una vez bajo el abrigo de una escalinata que ascendia a los niveles superiores, descubrio ante si una amplia sala de espera cuyos bancos de madera quemada yacian abatidos sobre el suelo. Los muros estaban recubiertos por extranas pinturas trazadas crudamente con las manos, figuras que parecian querer representar formas humanas deformadas y demoniacas que alzaban largas garras lobunas y poseian una mirada desorbitada. La vibracion bajo sus pies era ahora muy intensa e Isobel se aproximo a la entrada del tunel. Una intensa bocanada de aire ardiente le abraso el rostro y se froto los ojos, incapaz de creer lo que estaba viendo.

Una locomotora de luz envuelta en llamas emergia de lo mas profundo del tunel y escupia con furia circulos de fuego que lo recorrian como balas de canon y estallaban en aros de gas incandescente. Isobel se lanzo al suelo y el tren de fuego cruzo la estacion con un estruendo ensordecedor del metal contra el metal y de los alaridos de cientos de ninos que gritaban atrapados entre las llamas. Se mantuvo tendida, con los Ojos cerrados, paralizada por el terror, hasta que el sonido del tren se desvanecio en el aire.

Alzo la cabeza y miro a su alrededor. La estacion estaba desierta y cubierta de una nube de vapor que ascendia lentamente y prendia en el color rojo intenso de las ultimas luces del dia. Frente a ella, a dos palmos escasos, se extendia un charco de una sustancia oscura y viscosa que brillaba a la lumbre del crepusculo. Por un momento, la muchacha creyo ver sobre su superficie el reflejo del rostro luminoso y triste de una dama envuelta en luz que la llamaba. Alargo una mano hasta ella e impregno la yema de sus dedos en aquel fluido espeso y calido. Sangre. Retiro la mano repentinamente y se limpio los dedos sobre su propio vestido, mientras la vision de aquel rostro espectral se desvanecia. Jadeando, se arrastro hasta la pared y se recosto contra ella para recuperar el aliento.

Transcurrido un minuto, Isobel se incorporo y examino la estacion. Las luces del atardecer se estaban extinguiendo y pronto se abatiria la noche cerrada. En aquel preciso instante solo habia un pensamiento claro en su mente: no queria esperar aquel momento en el interior de Jheeter’s Gate. Empezo a caminar nerviosamente hacia el portico de salida y solo entonces descubrio a una silueta fantasmal que avanzaba hacia ella entre la neblina que cubria los andenes de la estacion. La figura alzo una mano e Isobel vio que sus dedos se prendian en llamas, iluminando su paso. En aquel momento comprendio que no iba a salir de alli tan facilmente como habia entrado.

A traves del tejado caido del Palacio de la Medianoche podia contemplarse el cielo nocturno sembrado de estrellas, un mar infinito de pequenas velas blancas. El anochecer se habia llevado consigo parte del calor abrasador que habia castigado la ciudad desde el amanecer, pero la brisa que acariciaba timidamente las calles de la ciudad negra era apenas un suspiro tibio e impregnado de la humedad nocturna que exhalaba el rio Hooghly.

Mientras esperaban la llegada de los restantes miembros de la Chowbar Society, Ian, Ben y Sheere aniquilaban los minutos languidamente, entre las ruinas del viejo caseron, cada cual perdido en sus propios pensamientos.

Ben habia optado por auparse a su retiro predilecto, una viga desnuda que cruzaba horizontalmente el fronton delantero de la estructura del Palacio. Sentado en el centro exacto de su recorrido, con las piernas colgando, Ben acostumbraba a subir hasta su atalaya solitaria a contemplar las luces de la ciudad y las siluetas de los palacios y los cementerios que flanqueaban el sinuoso recorrido del Hooghly a traves de Calcuta. Solia pasar horas alli arriba, sin hablar o molestarse en volver la vista a tierra firme apenas por un segundo. Los miembros de la Chowbar Society respetaban este habito, uno mas en la peregrina coleccion de rarezas con que Ben aderezaba su conducta, y habian aprendido a convivir con las prolongadas melancolias que venian asociadas inequivocamente a su descenso de los cielos.

Ian observo de refilon a su amigo desde el patio del Palacio y decidio permitirle disfrutar de uno de sus ultimos retiros espirituales; mientras, el regreso a la tarea con la que habia estado ocupando su tiempo y el de Sheere durante la ultima hora: tratar de explicarle a la muchacha los rudimentos del ajedrez haciendo uso de un tablero del que la Chowbar Society disponia en su sede central. Las piezas estaban reservadas a los campeo- natos anuales que se celebraban en diciembre, los cuales, invariablemente, ganaba Isobel, haciendo gala de una superioridad rayana en lo insultante.

– Hay dos teorias respecto a la estrategia del ajedrez -explico Ian-. En realidad hay miles, pero solo hay un par que realmente cuenten. La primera dice que la clave del juego esta en la segunda hilera de piezas: rey, caballo, torre, reina, etc. Segun esta teoria, los peones no son mas que piezas que se han de sacrificar mientras se desarrolla la tactica. La segunda teoria, en cambio, defiende que los peones pueden y deben ser las mas letales piezas de ataque y que una estrategia inteligente debe emplearlos como tales si quiere salir victoriosa. A mi, la verdad. No me funciona ninguna de las dos teorias, pero Isobel es una ardiente defensora de la segunda.

La mencion a su companera trajo de nuevo a su pensamiento la inquietud respecto a su paradero. Sheere advirtio su expresion perdida y le rescato con una nueva cuestion respecto al Juego.

– ?Cual es la diferencia entre tactica y estrategia? -pregunto-. -?Es una cuestion puramente tecnica?

Ian calibro la pregunta de Sheere y sospecho que no tenia respuesta.

– Es una diferencia literaria, no real -afirmo la voz de Ben desde las alturas-. La tactica es el conjunto de

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