– ?Y de que te sirve? -En el tono de voz de Valente habia ahora agresividad. Sus mejillas, de ordinario exangues, se hallaban enrojecidas-. ?De que puede servirte tu estupida solucion localista? Es como decir: «No puedo vivir con el sueldo que me pagan, pero, mira, he encontrado esta manana un par de centimos». ?De que cono te sirve una solucion parcial aplicada a la Tierra? ?Es estupido!
– Dime una cosa -sonrio Elisa con tranquilidad-. ?Por que te dedicas a insultar cuando no puedes probar nada?
Hubo una pausa.
Elisa paladeo la expresion de Valente. Penso que en el mundo de las relaciones con el projimo el bien podia ser una vibora astuta, pero en el mundo de la fisica ella era un tiburon, y estaba dispuesta a demostrarselo. Sabia que sus conocimientos distaban de ser optimos (no era mas que una aprendiza), pero igualmente sabia que nadie podria derrotarla en ese terreno con meros insultos.
– Claro que puedo probarlo -barboto Valente-. Es mas: pronto tendremos la prueba. Falta una semana para que acabe el curso. El sabado que viene habra un encuentro internacional de expertos: vendran Hawking, Witten, Silberg… Por supuesto, tambien Blanes. Los rumores afirman que habra una especie de
– De acuerdo -convino ella.
– Hagamos una apuesta -propuso el recobrando la sonrisa-. Si tu solucion parcial es aceptable, hare lo que digas. Por ejemplo, renunciare a mi pretension de marcharme con Blanes y te cedere el puesto a ti, si es que Blanes decide elegirme a mi primero. O bien podras ordenarme cualquier otra cosa. Cualquiera, no importa lo que sea: lo hare. Pero si gano yo, es decir, si tu solucion de variable parcial no resuelve una mierda, sere yo quien te ordene cosas. Y tu las haras. Sean las que sean.
– No acepto esa apuesta -dijo Elisa.
– ?Por?
– No me interesa ordenarte nada.
– En eso te equivocas.
Valente golpeo varias teclas y las ecuaciones fueron sustituidas por imagenes.
Resultaba chocante contemplarlas tras la fria pagina de numeros, como el contraste entre el cuadro de la mujer desnuda y atada y los retratos de fisicos celebres. Desfilaron una a una por si solas, sin que Valente hiciese otra cosa que volverse hacia ella y estudiar su rostro mientras sonreia.
– Muy interesantes las fotos que guardas en tus archivos privados… No menos que los «chats» en que has intervenido…
Elisa no podia hablar. La violacion de su privacidad le parecia descomunal, pero el hecho de que el se lo mostrara se le antojaba casi mas humillante.
– No me interpretes mal -dijo Valente mientras un ano entero de las intimidades de ella recorria la pantalla como una ristra de ropa interior usada-: me trae sin cuidado tu forma de relajarte cuando dejas los libros. Hablando claro: tus orgasmos solitarios no me importan una mierda. Yo tambien colecciono fotos asi. De hecho, a veces las hago. Y peliculas. ?Has visto mi estudio en la otra habitacion? Tengo amigas, chicas que hacen de todo… Pero no habia encontrado a nadie hasta ahora que participara de… Oh, esta es muy buena -senalo. Elisa desvio la vista.
– Que participara de la pasion por el extremo, queria decir -prosiguio el y disolvio las fotografias con otro golpe de teclas. Volvieron a aparecer las ecuaciones-. Mira por donde, he encontrado en ti a un alma gemela del morbo, lo cual me regocija, porque, sinceramente, pensaba que lo unico que te gustaba era intentar lucirte delante de Blanes en plan nina estupida, como hoy. Solo quiero que sepas que te equivocas: claro que tienes algo que ordenarme. Por ejemplo, que deje de meter las narices en tu vida. O que no le diga a nadie como meterse.
?Que era el?, se pregunto. ?Que clase de cosa era? Miro su cara angulosa, blanca como una calavera pintada, la nariz y los labios femeninos y los ojos enormes como mundos color selva enmascarados por aquellos cabellos fragiles y pajizos. Asco era lo unico que en aquel momento podia sentir por Valente. Y de pronto descubrio que ya habia logrado vencer uno de sus poderes magicos: ya era capaz de reaccionar.
– ?Aceptas, pues? -pregunto el-. ?Tu obediencia contra la mia?
– Acepto.
Se percato de que Valente no habia esperado aquella respuesta.
– Hablo en serio, te lo advierto.
– Ya me lo has demostrado. Yo tambien. El parecia titubeante ahora.
– ?De veras crees que tu solucion parcial es correcta?
–
– ?Puedo saberlas?
Ella nego con la cabeza. De pronto creyo comprender algo. Se levanto lentamente, sin dejar de mirarle.
– No me has avisado de que nos vigilan para ayudarme -dijo-. Lo has hecho para
Al instante, Ric Valente la imito: se puso en pie. Ella observo que eran de estatura similar. Se miraron a los ojos.
– Ya que lo dices -contesto el-, te confieso que te he mentido: no creo que sea, exactamente, una «vigilancia». El cuestionario, las preguntas a nuestras familias… Esta claro. No se trata tanto de espiarnos para ver que hacemos como de
– Por eso tiraste mi movil a la papelera -murmuro ella, comprendiendo.
– No creo que ese detalle sea decisivo, pero, si, es posible que se hayan mosqueado contigo. Quiza esten pensando que quieres ocultar algo y te hayan descartado ya…
Elisa casi se tranquilizo al oirle.
Pero se equivocaba: el no deseaba tan solo desplazarla del camino que llevaba a Blanes. Lo comprobo cuando le vio alzar la mano sin previo aviso, los finos dedos dirigidos hacia sus pechos.
Todos sus sentidos le gritaron que retrocediera. Pero no lo hizo. Valente tampoco la toco: su mano resbalo por el aire, a unos milimetros de la camiseta de ella, y descendio hasta su cadera, como dibujando un molde de su cuerpo. Durante el tiempo que duro aquella palpacion de fantasma Elisa no respiro.
– Mis ordenes no seran faciles de cumplir -dijo el-, pero si divertidas.
– Me muero por conocerlas. -Ella cogio la rebeca-. ?Puedo marcharme ya?
– Te acompanare.
– Se salir sola, gracias.
El trayecto por la escalera -oyendo aquella voz envejecida gemir algo que sonaba a «Istar»- fue tenso y oscuro. Una vez en la calle, Elisa se detuvo a tomar aire con la boca abierta.
Luego contemplo el mundo como si lo hiciera por primera vez, como si hubiese nacido en aquel instante, en medio de las sombras de la ciudad.
10
El tiempo es extrano.
Su extraneza procede, sobre todo, de lo familiar que nos resulta. No pasa un dia sin que lo tengamos en cuenta. Lo medimos, pero no podemos verlo. Es tan evanescente como el alma, y a la vez se trata de un fenomeno fisico, demostrable y universal. San Agustin resumio estas contradicciones con la apostilla:
