ustedes no conoce su existencia… Jacqueline, te vas a llevar una sorpresa… Colin, ?te importaria…?
– Claro.
Craig volvio a teclear. Esta vez, la luz de la sala se apago. Alguien dijo en la oscuridad (Elisa reconocio la voz de Marini): «Quita los anuncios, Reinhard». Pero no hubo risas en esa ocasion. Se escucho la voz de Silberg, cuya silueta empezaba a destacar en la penumbra creada por la unica luz procedente de la consola del ordenador.
– Ha sido obtenida con el sistema que Colin les ha contado antes: un satelite envio las imagenes, calculamos la energia necesaria para abrir las cuerdas de tiempo y la procesamos…
La pantalla se ilumino. Aparecieron formas de desvaida tonalidad rojiza.
– El color se debe a que el extremo «pasado» de la cuerda se halla en un lugar tridimensional equivalente, en terminos espaciales, a casi un millon de anos luz de nosotros, y sigue alejandose -explico Silberg-, asi que sufre una desviacion al rojo similar a la de otros objetos celestes. Pero en realidad, pertenece a la Tierra…
Se trataba de un paisaje. La camara sobrevolaba una cordillera. Las montanas semejaban ser accesibles, casi pequenas, y entre ellas destacaban valles circulares y rocas esfericas. Todo parecia haber sido recubierto por algun repostero famoso con un cargamento de nata montada.
– Dios mio… -Se oyo, tremula, la voz de Jacqueline Clissot.
Elisa, inclinada hacia delante, descruzo las piernas. Experimentaba una rara sensacion. No podia definir su origen exacto, aunque sabia que procedia de la imagen que estaba contemplando. Era como un soplo de inquietud.
Una vaga amenaza.
Pero ?donde radicaba esa amenaza?
– Glaciares de piedemonte inmensos… -murmuraba, absorta, Clissot-. Glaciares de erosion y en U… Mira esos circos y
– Esos depositos son
Vio temblar a Nadja. Se pregunto si se trataba solo de la emocion ante los hallazgos o bien de algo similar a lo que le estaba sucediendo a ella. Valente parecia tambien afectado. Se oyo a alguien tomar aliento.
No, no lo era: en aquel paisaje habia algo extrano.
– Parece haber signos de agua de fusion en los
– ?Por Dios, es una glaciacion en fase de deshielo…! -exclamo Clissot.
La voz de Silberg, convertido en una sombra junto a la pantalla, llego clara y firme, pero con no menos ansiedad:
– Son las islas Britanicas. Hace unos ochocientos mil anos.
– Glaciacion de Gunz… -dijo Clissot.
– Exacto. Pleistoceno. Periodo Cuaternario.
– ?Oh, Dios! -gemia Clissot-. ?Oh, Dios, Dios, santo Dios…!
Pero ?que?
Cuando las luces se encendieron, Elisa descubrio que habia estado abrazandose a si misma, como si hubiese sido obligada a mostrarse desnuda en publico.
– Este es el segundo motivo por el que el Proyecto Zigzag debe seguir siendo secreto. Ignoramos que lo produce: lo llamamos «Impacto». -Silberg escribio la palabra en ingles en una pequena pizarra blanca colgada de la pared junto a la pantalla-. Lo escribimos siempre asi, «Impacto», con i mayuscula. Todos lo sufrimos en mayor o menor medida, aunque existen personas mas sensibles que otras… Se trata de una reaccion especial ante las imagenes del pasado. Puedo aventurar una teoria para explicarlo: quiza Jung tenia razon, y poseamos un inconsciente colectivo repleto de arquetipos, algo asi como una memoria genetica de la especie, y las imagenes de las cuerdas de tiempo abiertas, de alguna manera, la perturban. Piensen que esa zona de nuestro inconsciente ha permanecido inviolada durante generaciones, y de repente, por primera vez, la puerta se abre y penetra la luz en esa oscuridad…
– ?Por que no la sentimos cuando vimos el Vaso Intacto? -pregunto Valente.
– En realidad,
Elisa se percato de que Nadja se frotaba los ojos. Clissot se habia sentado junto a ella y le hablaba al oido.
– Ignoramos si existen sintomas mas importantes -prosiguio Silberg-. Es decir, Impactos graves. Lo cual nos obliga a dictar una serie de normas de seguridad que rogaria que todos acataramos. La primordial es esta: cuando contemplemos una imagen por primera vez, lo haremos en grupo, tal como hemos hecho hoy. De ese modo podremos observar las reacciones que suframos. Ademas, nuestra conducta fuera de esta sala, incluso en
Al principio hubo murmullos ante el tono de las palabras de Silberg. Un minuto despues, sin embargo, el animo general cambio. Aquella primera prueba del trabajo que les esperaba provocaba en todos una ilusion innegable. Los ojos de Elisa estaban humedos y sentia un nudo en la garganta.
– Bueno, ya hemos oido los inconvenientes de este empleo. ?A que estamos esperando? ?A trabajar!
Elisa se levanto muy animada. Pero en ese momento Valente le susurro:
– Nos estan ocultando cosas, querida… Estoy seguro de que no nos dicen toda la verdad.
15
La noche del lunes 25 de julio, Elisa vio la sombra por primera vez.
Luego comprendio que se habia tratado de otro indicio: el Senor Ojos Blancos habia llegado.
Leve y silenciosa, como un alma durante uno de esos viajes esotericos llamados «astrales» en los que su madre creia a pies juntillas, floto en la mirilla de su puerta y desaparecio. Ella sonrio.
No era raro. El cuarto era confortable, pero no podia considerarse un hogar. Hacia calor entre aquellas paredes metalicas porque, tal como Valente le habia dicho, quitaban el aire acondicionado por las noches y la ventana era de bascula y no se abria del todo. Cubierta solo por sus pequenas bragas, Elisa transpiraba sobre la
