les habia procurado (ninguna de las dos habia pensado en llevarse un bikini a Zurich). Ella recibio el de color rosa y Nadja el blanco, pero sus pechos estaban mas desarrollados que los de Nadja y el blanco era mas grande y le quedaba mucho mejor. No habian tardado en intercambiarlos.

– ?Sigues atascada en el mismo sitio? -pregunto Nadja.

– Que va. Cada dia retrocedo un poco mas. Me da la impresion de que terminare en el principio. -Elisa apoyo los codos en la arena y contemplo el oceano. Luego se volvio hacia Nadja, que balanceaba un frasquito mientras sonreia graciosamente-. Oh, si, perdona, se me habia olvidado.

– Ya -respondio su amiga, desabrochandose el bikini-. Lo que te ocurre es que consideras que frotarme la espalda es un trabajo degradante.

– Pero me sale mejor que los calculos, reconocelo. -Elisa se echo crema en la mano y empezo a untar la espalda de Nadja.

La piel de Nadja resplandecia de toneladas de filtro de proteccion, pese a que siempre acudia a la playa al atardecer. Su problema de «casi albinismo» entristecia a Elisa porque deparaba a su amiga muchas contrariedades debido a su profesion. «No soy albina -le habia explicado Nadja-, sino casi albina, pero el sol fuerte puede producirme grandes danos, incluso cancer. Ya te imaginas: gran parte del trabajo de un paleontologo se realiza al aire libre, a veces bajo un sol tropical o desertico.» Pero, en correspondencia con su manera de ser, Nadja se lo tomaba a broma. «Salgo de noche a buscar merocanites y gastrioceras. Soy algo asi como un vampiro de la paleontologia.»

– Tu amigo Ric esta igual de liado que tu -le dijo Nadja, amodorrada, mientras Elisa frotaba su espalda-. Pero se lo toma mejor. Dice que quiere ganarte.

– No es mi amigo. Y siempre quiere ganarme.

Se habian dividido el trabajo: Valente se habia agregado al grupo de Silberg y ella al de Clissot. La tarea de ella consistia en encontrar la energia exacta (la solucion no podia tener menos de seis decimales) para abrir una cuerda temporal correspondiente a ciento cincuenta millones de anos atras, unos cuatro mil setecientos billones de segundos antes de que Nadja y ella depositaran sus delicados culitos en una playa del indico. «En algun dia de sol en plena selva, en ese periodo que llamamos Jurasico», decia Clissot. Si lo lograban, el resultado podia ser fantastico, inconcebible: quiza llegaran a contemplar la primera imagen de un… (no lo digamos, a ver si luego nos trae mala suerte)… vivo.

Nadja y ella sonaban con esa imagen.

Elisa, a quien le habian fascinado de nina las peliculas de dinosaurios, pensaba que ningun esfuerzo resultaria excesivo en comparacion con eso. Si su trabajo ayudaba a obtener la foto de algun gran reptil prehistorico haciendo cualquier cosa (aunque sea caquita en la hierba, por favor) ya no le quedaria nada por ver o hacer en toda su vida. Riete de Parque Jurasico y Steven Spielberg. A partir de ese instante podria morir. O dejarse matar.

Pero se trataba de una tarea compleja y tediosa. De hecho, Blanes y ella se la habian repartido: mientras el intentaba hallar la energia necesaria para el inicio de la apertura de cuerdas, ella buscaba la energia final. Luego las compararian con el fin de cerciorarse de que eran las correctas. Sin embargo, llevaba dias extraviada en el bosque de las ecuaciones, y aunque no perdia la esperanza, temia que Blanes se arrepintiera de haberla seleccionado.

– Seguro que pronto resolveras los problemas -la animo su amiga.

– Confio en eso. -Elisa se paso las manos por los muslos para limpiarse los restos de la crema-. ?Algo nuevo que contar de las Nieves Eternas? -pregunto a su vez.

– ?Bromeas? No sabria por donde empezar. Jacqueline asegura que cada vez que la ve echa por tierra veinte teorias paleogeologicas. Es increible. Esos pocos segundos bastan para escribir un tratado entero sobre el Cuaternario. -Aun boca abajo, Nadja flexiono las rodillas y elevo las puntas de los pies, juntandolas. Tenia unos pies finos y bonitos-. Te pasas media vida estudiando la glaciacion, encuentras pruebas de ella en el subsuelo de Groenlandia, suenas con ella… Pero de repente contemplas Inglaterra bajo toneladas de nieve y dices: todo el trabajo y la ciencia de todos los profesores del mundo no pueden compararse a esto.

– Supongo que el Impacto te esta volviendo majareta -bromeo Elisa.

Para su sorpresa, su amiga se lo tomo en serio.

– No creo. Aunque llevo varias noches que no duermo bien.

– ?Se lo has comentado a Jacqueline?

– Ella tampoco duerme bien.

Elisa iba a decir algo cuando advirtio, con el rabillo del ojo, junto a su pierna izquierda, a uno de esos cangrejos de pinzas desiguales, la derecha de un tamano enorme, y la otra, diminuta, que Nadja llamaba «violinistas». Su amiga le habia dicho que en la jungla y en los alrededores del lago (que ella aun no habia visitado) se encontraban otras especies «de importancia paleontologica».

– Una pregunta -dijo Elisa-: este bicho que esta a punto de pellizcarme la pantorrilla, ?tiene importancia paleontologica o puedo cargarmelo de un porrazo?

– Pobrecillo. -Nadja se incorporo y rio-. No lo hagas, es un «violinista».

– Pues que se vaya con la musica a otra parte. -Arrojo un punado de arena al cangrejo, que desvio su trayectoria- Anda, largo.

Cuando el «peligro» desaparecio, Elisa se dio la vuelta y apoyo los pechos en la toalla. Nadja la imito. Quedaron con los rostros muy proximos, mirandose (Nadja a ella y ella a si misma en las gafas de Nadia). No podia dejar de pensar en el contraste que ofrecian sus cuerpos tan juntos: moreno-cafe-con-leche y blanco- helado-de-nata. La brisa, el oleaje y la atmosfera del atardecer la relajaban tanto que creyo que se quedaria dormida.

– ?Sabias que el profesor Silberg guarda muchas pruebas de imagenes diferentes? -dijo entonces Nadja, y asintio ante la mirada atonita de Elisa-. Si, ya habian hecho experimentos antes: el Vaso Intacto y las Nieves Eternas no es lo unico que tienen. Pero no te hagas ilusiones, el resto no puede verse debido a calculos erroneos de energia. Las llaman «dispersiones».

– ?Como te has enterado? ?Por que no nos lo han dicho? -Elisa recordaba de pronto las palabras de Valente. ?Seria cierto que les ocultaban cosas?

– Me lo ha contado Jacqueline. Pero Silberg asegura que no se ve nada en ninguna. «Crrreo que hay gato encerrrrado, camarrrada» -bromeo Nadia engolando la voz-. Hablo en serio: ?no te has preguntado nunca por que estamos en una isla?

– El proyecto es secreto, ya oiste a Silberg.

– Pero no hay razones estrategicas para que trabajemos en una isla. Podriamos seguir en Zurich, incluso llamariamos menos la atencion…

– ?Por que crees tu, entonces?

– No se, a lo mejor quieren aislarnos -aventuro Nadja-. Como si… Como si temieran que pudieramos… volvernos peligrosos. ?Has visto cuantos soldados hay?

– Solo cinco. Seis, contando a Carter.

– Yo veo demasiados.

– Eres un poco paranoica.

– No me gustan los soldados. -Nadja la miro por encima de las gafas-. En mi pais me harte de verlos, Elisa. Me pregunto si estan para protegernos, o para proteger al resto del mundo de lo que nos pase. -El viento le habia cubierto la cara con su propio cabello.

Elisa se disponia a replicar cuando oyeron un grito.

Una figura en camiseta y pantalones cortos corria por la arena a treinta metros de distancia. Otra, en bermudas rojas, la perseguia dando grandes zancadas. Sin duda la que huia no tenia mucha intencion de escapar, porque fue alcanzada enseguida. Durante unos cuantos segundos ambas quedaron muy juntas, encendidas por el sol de poniente. Luego se echaron sobre la arena, entre carcajadas.

– Nuevas experiencias, nuevos amigos -apostillo Nadja guinando un ojo a Elisa.

No le sorprendia: ya los habia visto varias veces hablando a solas en el laboratorio de Silberg, el mirandola con aquellos ojos acuosos de reptil, ella con su aspecto avinagrado de siempre, como si el mundo hubiese contraido con su excelsa persona una deuda remota que nunca hubiese cancelado del todo. Pobre Rosalyn Reiter. No le gustaba ver a Valente apoderandose con tanta facilidad de aquella mujer madura, feucha y callada. Le daban ganas de darle un par de consejos a la historiadora alemana acerca de su

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