maravilloso
– Se toman muy en serio lo de buscar energia -ironizo ella.
– Muy energeticos ambos -sonrio Nadja.
Valente y Reiter trabajaban con Silberg para abrir cuerdas de tiempo en un periodo de unos sesenta mil millones de segundos atras, con imagenes de la ciudad de Jerusalen. Si todo salia bien, la «Energia Jerusalen» podia volverse mas importante que la «Jurasica». Mucho mas importante para ellos, y para el resto de la humanidad.
Verian Jerusalen en tiempos de Cristo. Concretamente, en los ultimos anos de la vida de Jesus.
Quiza contemplaran algun acontecimiento historico o biblico.
Quiza el acontecimiento fuera muy especial.
Quiza (aunque la probabilidad en este caso era como la de acertar con una sola bala en una diana de un milimetro de anchura situada a mil kilometros) pudieran verlo.
Elisa no habia mentido a Maldonado (ahora comprendia el motivo de aquellas preguntas sobre sus creencias): era atea. Pero ?que ateo podia presumir de permanecer impasible ante la posibilidad, la simple posibilidad, de verlo siquiera un instante?
Y uno de los responsables de que tal milagro pudiese producirse se encontraba en aquel momento empinando el culo forrado de bermudas rojas mientras su lengua, sin duda, saboreaba la boca que una historiadora madura y frustrada ponia a su disposicion.
Nadja parecia divertidisima: miraba a Elisa con la mejilla apoyada en la toalla, todo el rostro colorado.
– La otra noche compartieron cama.
– ?En serio? -A Elisa la noticia le provoco emociones indefinidas. Turbulentos flashes de su visita a la casa de Valente y las amenazas que el le habia dirigido durante la apuesta cruzaron por su cabeza. Imagino a Valente dedicandose a humillar a Rosalyn Reiter.
– ?Por favor, no digas nada! -rio Nadja-. Me da verguenza contartelo, porque no es de mi incumbencia…
– Ni de la mia -agrego Elisa apresuradamente.
– Fue el domingo por la noche. Oi ruidos raros y me levante. Mire por la mirilla de la puerta de Ric… ?y no estaba! Entonces mire en la habitacion de Rosalyn… Y los vi a los dos.
– Nadja reia en voz baja mostrando sus dientes algo separados-. ?Son asi todos los hombres en Espana?
– ?Tu que crees? -resoplo Elisa, y su companera estallo en carcajadas, quiza al ver lo seria que estaba ella-. Yo tambien vi algo anoche, te lo iba a contar… Alguien que caminaba por los pasillos. Al final era un soldado… Me dio un susto de muerte, el cabron.
– ?No me digas! ?Tambien se tira a los soldados? -El rostro de la joven paleontologa, a dos milimetros del suyo, estaba tan colorado que Elisa penso que estallaria. Ella le arrojo un poco de arena al hombro.
– Callate, rusa perversa. Voy a darme un chapuzon. Estos espectaculos me ponen caliente.
Camino hasta la orilla sin mirar hacia la pareja tendida en la arena a treinta metros a su derecha.
Esa noche oyo ruidos. Pasos en el corredor.
Se levanto de un salto y se asomo por la mirilla. Nadie. Los pasos cesaron.
Cogio su reloj de pulsera de la mesilla y encendio la lucecita de la esfera: marcaba 1.12, aun temprano, pero ya tarde para los usos y costumbres del equipo cientifico de Nueva Nelson. Cenaban a las siete y a las nueve y media estaban todos en el sobre: las luces se apagaban a las diez. Pero ella seguia con insomnio. Pensaba en soldados que se movian sin hacer ruido, en soldados-sombra sin rostro deslizandose por los pasillos oscuros, cruzando por su mirilla… Y tambien pensaba en Valente y Reiter, aunque no sabia por que.
Pasos. Ahora si, muy claros. En el corredor.
Entreabrio la puerta y se asomo, volviendo la cabeza en ambas direcciones.
Nadie. El pasillo estaba vacio y la puerta de acceso a la segunda ala, cerrada. Los pasos habian vuelto a interrumpirse, pero se le ocurrio una posible solucion.
Obedeciendo a un subito impulso (
– Me gustaria ser madre -habia declarado Nadja en uno de sus «arranques» sinceros.
– ?Que es eso?
– Algo que nos ocurre a las paleontologas de vez en cuando. Consiste en criar un embrion en el vientre tras ser fecundadas por un macho.
– Yo he decidido ser zangano -repuso ella, adormilada sobre la toalla.
– ?En serio no te gustaria tener hijos, Elisa?
La pregunta le parecio increible. Y le parecio increible que le pareciera increible.
– Aun no me lo he planteado -contesto, pero Nadja creyo que bromeaba.
– Oye, que no es un problema matematico. O quieres o no quieres.
Elisa se habia mordido el labio, como hacia cuando calculaba.
– No, no quiero -habia respondido al fin, tras largo silencio, y Nadja habia movido la cabeza, esa suave cabeza de cabellos de angel que tenia.
– Hazme un favor -le habia dicho-: antes de morirte lega tu craneo a la Universidad de Montpellier. Jacqueline y yo disfrutaremos estudiandolo, te lo juro. No hay muchos ejemplares de
Volvio a la realidad: estaba en el pasillo, de madrugada, vestida tan solo con las bragas, espiando a sus companeros.
Todas sus ideas preconcebidas se esfumaron. Bajo la claridad que penetraba por la ventana distinguio perfectamente la flaca silueta de Valente Sharpe estirada en la cama, su huesuda espalda, la blancura del calzoncillo.
Se quedo mirandolo un instante. Luego se dirigio a la ultima habitacion. Aquel bulto acurrucado bajo las sabanas tenia que ser Rosalyn, incluso creyo ver mechas de su cabello castano.
Sacudio la cabeza y regreso a su cuarto, preguntandose que habia pretendido contemplar.
Volvio a tomar aire, cerro los ojos y dejo que la fantasia la llevara por donde quisiera.
Sospechaba por donde la llevaria.
Valente seguia pareciendole Valente Sharpe: un chico estupido, vacuo, una mente brillante en el cuerpo de un nino enfermizo, un hijo de papa. Sin embargo, de manera irremediable, su fantasia (probablemente tambien enfermiza, supuso) la arrastraba del pelo hacia el. Era la primera vez que le sucedia, estaba sorprendida.
Se lo imagino entrando en su cuarto en aquel momento. Podia verlo con claridad, ahora que tenia los ojos cerrados. Introdujo las manos bajo las sabanas y se bajo las bragas. Pero a el ese gesto de sumision le parecio
