poco. Ella accedio a quitarselas del todo, hizo una bola con ellas y las arrojo al suelo. Imagino que ni aun asi su Valente Sharpe de fantasia quedaria satisfecho. Pero te jodes, porque no pienso apartar la sabana. Se llevo una mano alli abajo, al centro de aquel lugar torrido y exigente, y comenzo a removerse y jadear. Sospecho lo que el haria: mirarla con absoluto desprecio. Y ella le diria…

En ese instante los pasos sonaron junto a su cama.

El incipiente placer le estallo en el cerebro como una filigrana de cristal pisoteada por un elefante adulto.

Abrio los ojos exhalando un gemido.

No habia nadie.

El susto, clavado de aquella forma en mitad de su excitacion sexual, habia sido de tal naturaleza que casi se alegro de seguir con vida: esa clase de sustos que son como un acceso de fiebres paludicas y te dejan rigido y helado. En algun sitio habia leido, incluso, que podian llegar a matarte de un infarto por joven que fueras y saludables que tuvieras las arterias.

Se incorporo conteniendo el aliento. La puerta de su habitacion seguia cerrada. No habia oido en ningun momento que se hubiese abierto. Pero los pasos -de eso estaba segura- habian sonado dentro de su habitacion. Sin embargo, no habia nadie.

– ?Hola…? -le pregunto a los muertos.

Los muertos respondieron. Con mas pasos.

Estaban en el bano.

En aquel momento Elisa penso que no podia llegar a sentir mas miedo del que ya tenia. Que jamas sentiria mas miedo que entonces.

Luego comprobo que aquel pensamiento habia sido el mas erroneo que jamas habia tenido hasta entonces.

Pero eso lo supo luego.

– ? Si?

Nadie respondio. Los pasos iban y venian. ?Se equivocaba? No: sonaban dentro del cuarto de bano. Carecia de lampara en la mesilla, y de todas formas las luces de las habitaciones recortaban de noche, salvo las de los banos. Tendria que levantarse a oscuras e ir hacia alli para encenderla.

Ahora ya no los oia: habian vuelto a detenerse.

De repente le parecio que era una completa idiota. ?Quien demonios podia haberse metido en su cuarto de bano? ?Y quien aguardaria alli sin luz, sin hablar, pero moviendose? No cabia duda de que los pasos procedian de otro lugar del barracon y reverberaban en las paredes.

Pese a aquella conclusion «tranquilizadora», el proceso de apartar la sabana, levantarse (ni sonar con perder tiempo en ponerte las bragas, ademas, si se trata de un muerto, ?que cono te importa estar en pelotas?) y caminar hasta el bano le parecio poco menos que una mision astronautica. Descubrio que la puerta del bano, que no podia ver desde la cama, estaba cerrada y la mirilla se hallaba completamente negra. Tendria que abrirla y encender, a su vez, la luz del interior.

Movio el picaporte.

Mientras abria la puerta con terrible lentitud, revelando porciones crecientes de la negrura interior, se escuchaba a si misma jadear. Jadeaba como si aun siguiera en la cama con su fantasia privada… No, que mas quisiera ella: jadeaba como un tren a vapor. Riete de como habia jadeado antes, mientras se hacia una de sus pajas-de-salir-del-paso. Riete, fisicus extravagantissimus

Abrio la puerta del todo.

Lo supo incluso antes de encender la luz. Estaba vacio, claro.

Respiro aliviada, sin saber que habia esperado encontrar. Volvio a oir los pasos, pero esa vez claramente remotos, quiza en el ala de los dormitorios de profesores.

Por un instante se quedo alli de pie, desnuda, en el umbral del bano iluminado, preguntandose como era posible que hubiesen sonado junto a su cama momentos antes. Sabia que sus sentidos no la habian enganado, y no iba a poder dormir hasta encontrar una solucion logica para aquel enigma, aunque solo fuera por el deseo de no parecer idiota.

Al fin dio con una posible causa: se agacho y apoyo la oreja en el suelo de metal. Creyo escuchar los pasos con mas intensidad y dedujo que no se equivocaba.

Existia un lugar en toda la estacion donde ella aun no habia estado: la despensa. Se hallaba bajo tierra. En Nueva Nelson era muy importante ahorrar energia y espacio, y el almacenamiento de viveres en el subsuelo cumplia aquel doble objetivo, ya que, debido a la fresca temperatura subterranea, los refrigeradores trabajaran a minima potencia y ciertos alimentos podian conservarse sin necesidad de frio adicional. Cheryl Ross empleaba algunas noches en visitarla (se accedia por una trampilla en la cocina) para hacer una lista de todo lo que era necesario reponer. La camara de los refrigeradores se hallaba cerca de su habitacion, y los pasos de quien alli estuviera debian de transmitirse con facilidad debido al revestimiento metalico de las paredes. Habia creido que sonaban dentro, y en realidad sonaban debajo.

Tenia que ser eso: la senora Ross estaria en la despensa.

Cuando se sintio lo bastante tranquila, apago la luz del bano, cerro la puerta y regreso a la cama. Antes busco las bragas y se las puso. Estaba extenuada. Tras aquel susto, el tan ansiado sueno se dignaba acercarse a ella.

Pero mientras su vigilia se consumia como una vela agotada, segundos antes de que un torbellino la arrastrara por fin a la negrura, le parecio distinguir algo.

Una sombra deslizandose por la mirilla de su puerta.

16

De: [email protected]

Para: [email protected]

Enviado: viernes, 16 de septiembre de 2005

Asunto: hola

Hola, mama. Solo unas lineas para decirte que estoy bien. Lamento no poder escribir (ni llamar) mas a menudo, pero el trabajo aqui en Zurich es intenso. Lo cual me agrada (ya me conoces), asi que no me quejare. Todo lo que hago y veo es maravilloso. El profesor Blanes es extraordinario, y mis companeros tambien. En estos dias estamos a punto de obtener ciertos resultados, de modo que, por favor, no te inquietes si tardo en volver a comunicarme contigo.

Cuidate. Un beso. Saluda a Victor de mi parte, si te llama.

Eli.

Anos despues penso que ella, a su modo, tambien era responsable del horror.

Tendemos a culparnos por las catastrofes sufridas. Cuando la tragedia nos abruma, nos replegamos hacia el pasado y buscamos alguna falta que hayamos podido cometer, y que la explique. Tal reaccion podia ser absurda en muchos casos, pero en el suyo le parecia correcta.

Su tragedia era abrumadora, y quiza su falta tambien.

?Cuando se habia equivocado, en que preciso instante?

A veces, en la soledad de su casa, frente al espejo, contando los angustiosos segundos que le quedaban antes de que sus pesadillas regresaran de nuevo, concluia que su gran error habia sido, precisamente, su gran acierto.

Aquel jueves 15 de septiembre de 2005, el dia de su exito.

El dia de su condena.

Los problemas matematicos son como cualquier otro: te pasas semanas vagando por un sinfin de vericuetos y de repente te levantas una manana, bebes cafe, miras como el sol nace y alli, incomparablemente luminosa, esta la solucion que buscabas.

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