Elisa medito la respuesta.
– La comunidad cientifica la formamos los cientificos, Victor. Muchos de nuestros colegas de los anos cuarenta admitian la posibilidad de producir bombas por fision nuclear, pero se llevaron la misma sorpresa que el publico general cuando vieron a millares de japoneses saltar por los aires. Una cosa es lo que consideras
– Aun asi…
– Mi pobre Victor… -dijo ella, y el la miro fugazmente-. No te has creido una sola palabra, ?verdad?
– Claro que te he creido. La isla, los experimentos, las imagenes… Solo que… son demasiadas cosas para mi en una sola noche.
– Piensas que estoy delirando.
– ?No, eso no es cierto!
– ?Realmente crees que hubo algo como el Proyecto Zigzag?
La pregunta le obligo a reflexionar. ?Lo creia? Ella se lo habia contado con bastantes detalles, pero ?acaso el se lo habia contado a si mismo? ?Habia conseguido despejar sus autopistas cerebrales ante aquel flujo de informacion inconcebible? Y, lo mas arduo: ?habia asumido lo que significaba que ella le hubiese dicho
Decidio ser sincero.
– No me lo creo del todo… O sea, me parece una pasada haberme enterado del mayor descubrimiento desde la relatividad aqui dentro, en mi coche, hace media hora, yendo hacia Burgos… Lo siento, no puedo… No puedo abarcarlo aun. Pero, con la misma seguridad, te digo que
– Perfectamente. Y te agradezco tu sinceridad. -La oyo respirar hondo-. No voy a hacer nada con este cuchillo, te lo aseguro, pero ahora mismo no podria prescindir de el, como tampoco puedo prescindir de ti. Luego lo entenderas. De hecho, si todo sale como espero, dentro de un par de horas lo en tenderas todo y me
La seguridad de su tono de voz hizo que Victor se estremeciera. Un letrero solitario le anuncio la desviacion a Colmenar. Salio de la autopista y se introdujo en una pequena carretera de doble direccion, tan oscura y arriesgada como sus propios pensamientos. La voz de ella le llegaba como un sueno.
– Te contare el resto como me lo contaron a mi. Despues del viaje en helicoptero desperte en otra isla. Se halla en el mar Egeo, el nombre es mejor que no lo sepas. Al principio apenas vi a nadie, solo a unos tipos vestidos con batas blancas. Me dijeron que Cheryl Ross habia enloquecido debido al Impacto y se habia quitado la vida cuando bajo a la despensa de la estacion de Nueva Nelson… A mi eso me parecio absurdo. Yo acababa de hablar con ella… No podia creerlo.
Victor la interrumpio para hacerle una de las preguntas que mas le importaban.
– ?Y Ric?
– No quisieron hablarme de el. Durante la primera semana solo me hicieron pruebas: examenes de sangre y orina, radiografias, resonancias, de todo. Y segui sin ver a nadie. Empece a perder la paciencia. La mayor parte del tiempo me la pasaba encerrada en una habitacion. Me habian quitado la ropa y me observaban mediante camaras: cada cosa que hacia, cada conducta… como si fuera… un bicho. -La voz de Elisa temblaba, ahogada en una nausea repentina-. No podia vestirme, no podia esconderme. La explicacion que me daban, siempre por altavoces, nunca en persona, era que necesitaban asegurarse de que me encontraba bien. Una especie de cuarentena, decian… Logre resistir un tiempo, pero al finalizar la segunda semana me hallaba con los nervios destrozados. Arme una buena, con gritos y pataletas, hasta que entraron, accedieron a entregarme una bata y trajeron a Harrison, el tipo que acompanaba a Carter cuando firme el contrato en Zurich. Solo verlo me resulto desagradable: seco, palido, con la mirada mas fria que puedas concebir… Pero fue el quien me conto lo que llamo «la verdad». -Hizo una pausa-. Lamento lo que voy a decirte ahora. No te va a gustar.
– No te preocupes -dijo el entrecerrando los ojos, como si fueran ellos, y no los oidos, los destinados a recibir la mala noticia.
– Me dijo que Ric Valente habia asesinado a Rosalyn Reiter y a Cheryl Ross.
Victor susurro algo hacia Dios: palabras silenciosas, apenas, fabricadas con el gesto de los labios. A fin de cuentas, pese a todo, habia sido su gran amigo de la ninez.
– El Impacto lo habia trastornado mas que a ninguno de nosotros. Suponian que la noche de aquel sabado de octubre abandono el dormitorio, tras dejar una especie de muneco hecho con la almohada para fingir que seguia durmiendo, atrajo a Rosalyn a la sala de control con alguna mentira y alli la golpeo y arrojo contra el generador… Luego hizo algo que nadie esperaba: se oculto dentro de uno de los refrigeradores de lo despensa. Al parecer, se habian estropeado con el cortocircuito. Estuvo alli escondido durante el registro que hicieron lo, soldados, y nadie lo vio. Luego, cuando entro Cheryl Ross, la destrozo a golpes. Habia conseguido un cuchillo o un hacha de ahi toda la sangre en las paredes que yo habia visto. Tras matarla se suicido. Colin Craig descubrio ambos cadaveres a bajar a la despensa, y empezo a gritar. Minutos despues, por una desgraciada casualidad, sucedio el accidente con el helicoptero. Y eso era todo.
La noticia de la muerte de Ric no afecto a Victor Lopera: ya lo sabia. Hacia diez anos que lo sabia, pero hasta esa noche la unica version que habia conocido e intentado imaginar en tantos ocasiones era la «oficial»: que su viejo amigo de la infancia habla perecido durante la explosion del laboratorio de Zurich
– Podra parecerte una explicacion algo forzada -continuo Elisa-, pero al menos se trataba de una explicacion, que era lo unico que yo deseaba oir. Ademas, Ric verdaderamente
– ?Y nunca volviste a Nueva Nelson?
– No.
– Cuanto lo siento… Abandonar un proyecto como ese, despues de conseguir esos resultados… Te comprendo. Debio de costarte mucho.
Elisa no lo miraba. Clavaba la vista en la oscura carretera. Replico con dureza:
Jamas me he alegrado tanto de algo en toda mi vida.
Contemplaban la pantalla flexible, extendida como un mantel sobre las piernas del hombre de pelo canoso, mientras el Mercedes blindado en el que viajaban discurria en silencio por la autopista de Burgos. En la pantalla, un punto rojo parpadeaba rodeado de un laberinto de luces verdes.
– ?Lo esta llevando a la reunion? -pregunto el hombre corpulento hablando por primera vez en varias horas.
