Se alegraba de haber llamado a Elisa, aunque no le habia resultado facil hacerlo. Pese a que la verdadera razon de haber aceptado la invitacion de Eva, la duena del piso, habia sido la de encontrarse con su antigua amiga, ya llevaba una semana en Madrid y solo habia decidido telefonearle tras enterarse de la muerte de Colin Craig. Incluso entonces albergaba dudas. No deberia haberlo hecho. Nos comprometimos a no hablar entre nosotros. Su culpa se atenuaba, sin embargo,.con la urgencia de la situacion. Si antes habia pretendido reanudar una amistad, ahora necesitaba de la presencia de Elisa y de sus consejos. Queria oir su opinion siempre tranquilizadora sobre lo que tenia que contarle.

Una explicacion logica: eso necesitaba. Algo que pudiese explicar todo lo que le estaba ocurriendo.

Se dirigio a su cuarto, cuya luz se hallaba encendida, como las del resto de la casa. Eva lo lamentaria a fin de mes, pero ella se habia propuesto compensarla con algo de dinero. Dos anos antes, en el edificio de Paris donde vivia, hubo un apagon que la horrorizo. Habia permanecido inmovil y acurrucada en el suelo durante los cinco minutos que habia durado la averia. Ni siquiera habia podido gritar. Desde entonces disponia de varias lamparas portatiles y linternas a su alrededor, siempre preparadas. Odiaba la oscuridad.

Se desnudo. Al abrir el armario se contemplo en el espejo, Los espejos la inquietaban desde que era nina. Al mirarse en ellos no podia evitar pensar en la aparicion de alguien a su espalda, una criatura inesperada asomando la cabeza sobre su hombro, un ser que solo pudiera descubrirse alli, en el azogue Pero, claro esta, se trataba de un temor sin fundamento.

Ahora tampoco vio nada: solo a si misma, su piel lechosa sus senos menudos, los pezones de un rosa desvaido… Su imagen de siempre. O no «de siempre», pero con los cambios habituales. Cambios que ya sabia que compartia con Jacqueline y quiza tambien con Elisa.

Eligio la ropa que iba a ponerse y consulto la hora. Aun disponia de unos veinte minutos para ducharse y arreglarse. Camino desnuda hacia el cuarto de bano mientras se preguntaba que opinaria su amiga sobre aquellos cambios en su aspecto. Que opinaria, por ejemplo, de su largo pelo tenido de negro.

Decidio dar un rodeo por la M 30 pensando que atravesar Madrid cuatro dias antes de Navidad, y a esas horas, era correr el riesgo de toparse con un espantoso atasco. Pero cuando llego la avenida de la Ilustracion una densa pedreria de luces de frenos la hizo detenerse. Era como si todas las guirnaldas purpuras de la decoracion navidena hubiesen sido arrojadas al asfalto. Maldijo entre dientes, y en consonancia con su maldicion sono el movil.

Penso: Es Nadja. Y de inmediato: No. No le di el numero de mi movil.

Mientras avanzaba a pasos milimetricos entre una muchedumbre de coches renqueantes, saco el aparato y contesto.

– Hola, Elisa.

Las emociones viajan por nuestro interior con mucha rapidez. Y no solo ellas: por nuestros circuitos cerebrales se desplazan millones de datos cada segundo sin que se produzca un atasco como el que soportaba en aquel instante el coche de Elisa. En cuestion de uno o dos parpadeos, sus emociones recorrieron un trayecto considerable: desde la indiferencia a la sorpresa, de esta a una subita alegria, de la alegria a la inquietud.

– Estoy en Madrid -explico Blanes-. Mi hermana vive en El Escorial, y voy a pasar estos dias con ella. Queria felicitarte las fiestas, hace anos que no hablamos. -Y anadio, en tono alegre-: Te llame a casa y salto tu contestador. Me acorde de que trabajabas en Alighieri, llame a Noriega y el me dio tu numero de movil.

– Me alegro mucho de oirte, David -dijo ella sinceramente.

– Y yo a ti. Despues de tantos anos…

– ?Como te va? ?Estas bien?

– No puedo quejarme. Alli en Zurich tengo una pizarra y unos cuantos libros. Soy feliz. -Hubo un titubeo, y ella supo lo que iba a decir antes de oirlo-. ?Te has enterado de lo del pobre Colin?

Hablaron de la tragedia de manera superficial. Enterraron a Craig a lo largo de diez segundos de frases corteses. Durante ellos, el coche de Elisa apenas se movio un par de metros.

– Reinhard Silberg me llamo desde Berlin para decirmelo -comento Blanes.

– A mi me lo conto Nadja. Recuerdas a Nadja, ?verdad? Tambien se encuentra en Madrid de vacaciones, en casa de una amiga.

– Ah, que bien. ?Como le va a nuestra querida paleontologa?

– Dejo la profesion hace anos… -Elisa carraspeo-. Dice que le fatigaba mucho… -Igual que Jacqueline y Craig. Hizo una pausa mientras aquellos pensamientos la aturdian. Blanes acababa de decirle que Craig habia pedido una excedencia en la universidad-. Ahora tiene un pequeno empleo en un departamento de estudios eslavos, o algo asi, en la Sorbona. Dice que ha sido una suerte para ella saber ruso.

– Comprendo.

– Hemos quedado en vernos esta noche. Me ha dicho que esta… asustada.

– Ya.

Aquel «ya» le sono como si a Blanes no solo no le hubiese intrigado el estado de Nadja, sino que incluso se lo esperase.

– Algunos detalles de lo sucedido con Colin le trajeron recuerdos -anadio ella.

– Si, Reinhard tambien me ha contado algo.

– Pero se trata de una desafortunada coincidencia, ?verdad?

– Sin duda.

– Por mas que lo pienso, no puedo ni plantearme la posibilidad de… de una relacion con lo… con lo que nos paso… ?Y tu, David?

– Eso esta fuera de toda discusion, Elisa.

La esposa de Colin Craig corre despavorida por el arcen, quiza en bata o en camison. Ha visto como atacaron y torturaron salvajemente a su marido y secuestraron a su hijo, pero ella ha logrado escapar y pide ayuda.

Eso esta fuera de toda discusion, Elisa.

– Me pregunto -dijo Blanes, y adopto un tono distinto, una melodia de «cambio de tema»- si te apeteceria que nos vieramos un dia de estos… Comprendo que son fechas muy ajetreadas pero, no se, quiza podamos quedar para tomarnos un cafe. -Se echo a reir. O mas bien hizo ruidos que indicaban: «Me estoy riendo»-. Podria venir Nadja tambien, si le apetece…

Y de pronto Elisa creyo comprender el sentido ultimo de la llamada de Blanes, lo que se agitaba tras el decorado.

– La verdad es que me atrae el plan. -«El plan» era una expresion doblemente acertada, considero-. ?Manana jueves, por ejemplo?

– Perfecto. Mi hermana me ha dejado su coche y podria pasar a recogerte a las seis y media, si te viene bien. Luego decidimos el sitio.

Hablaban en tono intrascendente. Eran dos amigos que, tras varios anos de no verse el pelo, quedan una tarde cualquiera. Pero ella capto todos los datos. Hora: seis y media. Lugar: no vamos a decidirlo por telefono. Motivo: eso esta fuera de toda discusion.

– Dime donde puedo localizarte -pidio ella-. Le preguntare a Nadja y te llamare.

Ejemplo de motivo: un nino de cinco anos congelado en el jardin de su casa, boca y ojos vendados de nieve, aguardando a sus papas en vano, porque mama se ha ido a pedir ayuda y papa esta en casa, pero en aquel momento se halla ocupado.

Mas ejemplos: soldados y cortes de luz.

Ciertamente, tenemos muchos motivos.

– De acuerdo, Elisa. Llamadme cuando querais. Suelo acostarme tarde.

En la carretera del Pardo el trafico se hizo mas fluido. Elisa se despidio de Blanes, guardo el movil y cambio de marcha. De repente tenia mucha prisa por estar con Nadja.

Se duchaba siempre pensando que iba a morir.

En los ultimos anos aquel temor habia cobrado una fuerza vertiginosa, y el simple hecho de hallarse desnuda bajo la incesante lluvia tibia se le antojaba mas una prueba de coraje que una necesidad higienica. No porque no

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