vislumbre de un parpadeo, incluso el simple
Los habia encontrado por casualidad esa tarde, en uno de los archivadores del laboratorio de Silberg, mientras buscaba CD virgenes. Eran varios discos compactos con una etiqueta que ponia «Dispers» sobre la tapa.
Recordo de inmediato la narracion de Elisa. Tenian que ser las «dispersiones» que Nadja le habia contado que Silberg guardaba, los experimentos fallidos de cuerdas de tiempo abiertas con energias erroneas, y por tanto borrosas. ?Como era que seguian alli? Quiza en Eagle pensaban que aquel era el lugar mas adecuado para albergarlas. O podia tratarse de imagenes inservibles. Estaba seguro, en cualquier caso, de que no lograria ver mucho, pero el nombre de los archivos que descubrio al insertar uno de los discos en el ordenador -«crucif», seguido de un numero- era demasiado tentador, demasiado sospechoso como para perder aquella oportunidad unica.
En el laboratorio de Silberg habia un par de portatiles con las baterias cargadas. Victor suponia que los tecnicos que visitaban la isla se servian de ellos para examinar los discos. Aunque Blanes habia ordenado extraer las baterias de todos los aparatos, Victor se habia asegurado de dejar al menos uno de los portatiles en activo. Para no estropear los planes de sus companeros habia efectuado un rapido calculo: la linterna que habia dejado en lugar de la otra consumia menos. En total, la energia que ahora utilizaban equivalia casi a la de la linterna grande. Y si a pesar de eso estaba haciendo algo malo, no le importaba: habia decidido asumir la responsabilidad. Solo queria ver algunas de esas imagenes. Solo
Habia abierto el primer archivo temblando. Pero era un universo rosa palido, un delirio surrealista. Los nueve siguientes parecian animaciones de un pintor de los sesenta bajo la in fluencia del acido. En el undecimo, sin embargo, se le corto la respiracion.
Un paisaje, un monte, una cruz.
De pronto la cruz se convirtio en un poste sin brazo horizontal. Trago saliva: aquellos cambios en la morfologia tenian que deberse a los Tiempos de Planck. La cruz no era cruz en aquellos lapsos tan pequenos. No advirtio ninguna figura humana.
La imagen solo duraba cinco segundos. Victor la guardo y abrio la siguiente.
Era muy borrosa: un monte que parecia en llamas. La cerro y probo con la siguiente. Mostraba un escorzo de la escena de la cruz. O quiza otra diferente, porque ahora advertia una segunda cruz en la cima y el extremo de otra a la derecha. Tres.
Y figuras alrededor. Bultos, sombras decapitadas.
Un sudor helado banaba su espalda. La imagen era muy borrosa, pero aun asi podia distinguir formas adosadas a las cruces.
Se quito las gafas y se acerco a la pantalla hasta que su vision de miope capto todos los detalles. La imagen salto, y una de las cruces desaparecio casi por completo. En su lugar quedo una mancha flotando en el aire, una cosa oblonga colgada de la madera como un avispero de una viga.
Estaba tan concentrado que no se percato de que la puerta del laboratorio se abria a su espalda. El minimo ruido que hicieron los goznes quedo ahogado por el embate del temporal.
Por un instante creyo que seguia sonando.
La pantalla de la sala, sobre la que Blanes se recostaba, habia sido
Pero lo mas horrible era lo que ocurria con Blanes.
En su rostro habia un agujero eliptico y profundo. Ocupaba la porcion derecha de su cara e incluia la ceja, el globo ocular y todo el pomulo. En su interior podian observarse (perfectamente visibles bajo la luminiscencia que penetraba por la oquedad de la pantalla), densas masas rojizas. Jacqueline creyo identificarlas: los senos frontales, la delgada lamina del tabique nasal, los cordajes de los nervios facial y trigemino, las rugosas paredes del encefalo… Era como una holografia anatomica.
A su alrededor se habia desatado un silencio inmenso. La oscuridad tambien era distinta, como mas solida. No habia linternas ni ninguna otra luz, salvo la que se filtraba por el agujero.
Se puso en pie y dedujo que no sonaba. Todo resultaba demasiado real. Ella era ella, y sus pies descalzos tocaban el suelo, aunque no percibia la frialdad del…
Una rara sensacion le hizo bajar la cabeza: vislumbro la cima de sus senos coronados por los pezones. Se palpo el cuerpo. No llevaba nada encima, ni ropa ni objetos. Nada la cubria.
Se volvio hacia Carter, pero no lo vio. Victor tambien habia desaparecido. Solo quedaba aquel Blanes, paralizado y destrozado, y ella.
Solo ellos dos, y la oscuridad.
Docil como un muneco, Victor fue a estrellarse alli donde la Mano lo envio. Golpeo el cajon abierto de las dispersiones y noto un agudisimo dolor en las corvas. Al desplomarse levanto una oleada de polvo que lo hizo toser. Entonces la Mano aferro sus cabellos y se sintio alzado en vilo entre nubes de estrellas diafanas, purisimas como nieve en el aire. Recibio una bofetada que parecio convertir su oido izquierdo en un motor zumbante y maltrecho. Intento apoyarse en algun sitio y arano la pared metalica que tenia detras. Sus gafas habian desaparecido. A la altura de sus pupilas se situo un ojo sin iris, tan negro que parecia opaco. Tan negro que se desmarcaba facilmente de la mediocre oscuridad a su alrededor. Oyo el crujido de un mecanismo.
– Escuche, estupido cura… -La voz de Carter, susurrante como un soplete, parecia provenir de aquel ojo-. Le estoy apuntando con una 98S. Esta fabricada en fibra de carbono y posee un cargador con treinta balas de cinco milimetros y medio. Un solo disparo a esta distancia y no quedara de usted ni el recuerdo de su primer pedo, ?esta claro? -Victor gimio, ciego, lloriqueante-. Le advierto una cosa: me ocurre algo. Lo se, lo noto.
Victor asintio. Carter le devolvio las gafas y lo empujo hacia la salida.
Entonces sucedio todo.
Mas que sentirlo, lo
No fue una imagen, un ruido, un olor. Nada material, nada que pudiese percibir con sus sentidos. Pero supo que Zigzag estaba alli, al fondo de la sala, de igual manera que hubiese sabido que un hombre anonimo, en medio de una multitud, la deseaba solo a ella.
– Dios… ?Dios mio, por favor! ??Por favor, que alguien me ayude!! ??Carter, David…!! ??Socorro, ayudenme…!!
El terror tiene un punto sin retorno. Jacqueline lo cruzo en ese instante.
Se acurruco contra la pantalla, junto al cuerpo petrificado de Blanes, las manos cubriendose los pechos, y grito una y otra vez, como nunca en toda su vida, sin reservas, sin pensar en otra cosa que en enloquecer con sus propios gritos. Aullo, berreo como un animal agonizante, hasta romperse la garganta, hasta creer que el corazon
