de estudio de gemelos de la Universidad Jones Falls.
El profesor era un hombre de corta estatura, cerca de la cincuentena, apuesto y de lisa cabellera plateada. Vestia un a todas luces caro y elegante traje de tweed irlandes moteado de gris y corbata de lazo roja con pintas blancas. Su aspecto era tan pulcro como si acabara de salir de una sombrerera. Steve le habia visto en television varias veces, siempre hablando de la forma en que Estados Unidos se estaba yendo al infierno. A Steve no le gustaban los puntos de vista de aquel hombre, pero la educacion que le impartieron le obligaba a la cortesia, de modo que se levanto y estrecho la mano del profesor Berrington Jones.
Este dio un respingo hacia atras como si viera a un fantasma.
– ?Santo Dios! -exclamo, y se puso palido.
– ?Berry! ?que ocurre? -pregunto la doctora Ferrami.
– ?Hice algo malo? -dijo Steve.
El profesor guardo silencio durante unos segundos. Luego parecio recuperarse.
– Lo siento, no es nada -balbuceo, pero aun parecia estremecido hasta lo mas profundo-. Es que, de subito, me ha venido a la cabeza algo… algo que tenia olvidado, un error de lo mas espantoso. Os ruego me disculpeis… -Se dirigio a la puerta, sin dejar de pedir disculpas en tono de murmullo-. Perdonadme, excusadme.
Salio.
Jeannie se encogio de hombros y extendio las manos en gesto de impotencia.
– Me ha dejado de una pieza -comento.
7
Berrington se sento ante su escritorio, jadeante.
Tenia un despacho en angulo, aunque por lo demas era lo que se dice monacal: suelo con baldosas de plastico, paredes blancas, archivadores funcionales, librerias baratas. No se esperaba que el personal academico disfrutase de despachos lujosos. El protector de pantalla de su ordenador mostraba el lento giro de la trenza de ADN retorcida en forma de doble helice. Encima de la mesa escritorio, fotografias del propio Berrington acompanado de Geraldo Rivera, Newt Gingrich y Rush Limbaugh. La ventana que daba al edificio del gimnasio estaba cerrada a causa del incendio del dia anterior. Al otro lado de la calle, dos muchachos utilizaban la pista de tenis, a pesar del calor.
Berrington se froto los ojos.
– ?Maldicion, maldicion, maldicion! -repitio en tono saturado de disgusto.
Habia convencido a Jeannie Ferrami para que fuese alli. El articulo que la doctora escribio sobre criminalidad habia abierto nuevos caminos al concentrarse en los componentes de la personalidad delincuente. Era una cuestion de vital importancia para el proyecto de la Genetico. Berrington deseaba que la doctora continuase su tarea bajo su tutela. El habia inducido a la Jones Falls para que emplease a la joven y habia realizado las gestiones oportunas para que la investigacion se financiase mediante una beca de la Genetico.
Con la ayuda de Berrington, Jeannie Ferrami podia hacer grandes cosas y la circunstancia de que la joven procediera de una clase social baja haria que sus logros resultasen aun mas impresionantes. Las primeras cuatro semanas de Jeannie en la Jones Falls confirmaron el parecer inicial de Berrington. Aterrizo, se lanzo a la carrera y el proyecto dio con ella un tremendo salto hacia delante. Resultaba simpatica a la mayor parte del personal… aunque tambien podia ser corrosiva: una tecnica de laboratorio, que se recogia el pelo en cola de caballo y que creyo que podia salir del paso con una chapuza cumplida de cualquier manera, tuvo que aguantar un rapapolvo de los que hacen sangre cuando, en su segundo dia de trabajo, Jeannie la cogio por banda y le puso los puntos sobre las ies.
El propio Berrington se sentia completamente anonadado. La muchacha era tan sensacional fisica como intelectualmente. Berrington se sentia entre la espada constituida por la necesidad de animarla y guiarla paternalmente y la pared representada por el impulso apremiante de seducirla.
?Y ahora esto!
Cuando recobro el aliento, descolgo el telefono y llamo a Preston Barck. Preston era su mejor viejo amigo: se conocieron en el Instituto Tecnologico de Massachussetts, durante el decenio de los sesenta, cuando Berrington hacia su doctorado en psicologia y Preston era un sobresaliente joven embriologo. A ambos los consideraban unos tipos raros, en aquella epoca de estilos de vida llamativos y excentricos, ya que llevaban el pelo corto y vestian trajes clasicos de lana. No tardaron en descubrir que eran espiritus afines en toda clase de cosas: el jazz moderno no pasaba de ser un enganabobos, la marihuana el primer paso en el camino que conducia a la heroina, el unico politico honesto en Estados Unidos era Barry Goldwater. Su amistad resulto mucho mas firme y robusta que sus matrimonios. Berrington ya habia dejado de preocuparse de si Preston le caia bien o no: Preston simplemente estaba alli, como el Canada.
En aquel momento, Preston estaria en la sede de la Genetico, un conjunto de primorosos edificios, no muy altos, que dominaban un campo de golf del condado de Baltimore, al norte de la ciudad.
La secretaria dijo que Preston estaba reunido, pero Berrington insistio en que le pasara con el, a pesar de todo.
– Buenos dias, Berry… ?que ocurre?
– ?Con quien estas?
– Con Lee Ho, uno de los jefes de contabilidad de la Landsmann. Estamos repasando ya los ultimos detalles de la declaracion de auditoria de la Genetico.
– Mandalo a hacer punetas.
La voz se desvanecio al apartarse Preston de la cara el auricular telefonico.
– Lo siento, Lee, esto va a ser un poco largo. Luego te aviso y seguimos. -Hubo una pausa y, por ultimo, hablo de nuevo por el microfono. Su voz sono malhumorada-. Ese hombre es la mano derecha de Michael Madigan y acabo de ponerle de patitas en el pasillo.
Madigan es el director ejecutivo de la Landsmann, por si se te ha olvidado. Si sigues aun tan entusiasmado acerca de esta operacion como estabas anoche, sera mejor que no…
Berrington perdio la paciencia y le interrumpio.
– Steve Logan esta aqui.
Un momento de aturdido silencio.
– ?En Jones Falls?
– Aqui mismo, en el edificio de psicologia.
Preston olvido automaticamente a Lee Ho.
– ?Dios mio! ?Como es eso?
– Es uno de los sujetos, lo estan sometiendo a diversas pruebas en el laboratorio.
La voz de Preston se elevo una octava.
– ?Como diablos ha ocurrido una cosa asi?
– No tengo ni idea. Me tropece con el hace cinco minutos. Ya puedes imaginarte mi sorpresa.
– ?Lo reconociste?
– Claro que lo reconoci.
– ?Por que le estan haciendo esas pruebas?
– Forman parte de nuestra investigacion sobre gemelos.
– ?Gemelos? -chillo Preston-. ?Gemelos? ?Y quien es el otro condenado gemelo?
– Aun no lo se. Veras, tarde o temprano tenia que suceder algo como esto.
– ?Pero precisamente ahora! Vamos a tener que despedirnos de la operacion con la Landsmann.
– ?Rayos, no! No voy a permitir que aproveches esto como excusa para empezar a tambalearte ante la venta, Preston. -Berrington empezo a arrepentirse de haber hecho aquella llamada. Pero necesitaba compartir el susto con alguien. Y a Preston, tan astuto el, bien podia ocurrirsele alguna estrategia-. Lo unico que tenemos que hacer es dar con algun modo de controlar la situacion.
– ?Quien llevo a Steve Logan a la universidad?
– El nuevo profesor asociado, Ferrami.
– ?El tipo que escribio aquel formidable articulo sobre criminalidad?
