– Si, salvo que no es un tipo, sino una mujer. Una mujer muy atractiva, dicho sea de paso…
– Por mi como si fuera la mismisima maldita Sharon Stone, me da lo mismo…
– Doy por supuesto que ha sido ella quien ha reclutado a Steve para el estudio. Estaba con el cuando fui a verla. De todas formas, lo comprobare.
– Esa es la clave, Berry. -Preston habia empezado a tranquilizarse y se concentraba en la solucion, no en el problema-. Averigua quien lo ha reclutado. A partir de ahi calcularemos la cantidad de peligro que pueda acecharnos.
– La convocare aqui ahora mismo.
– Llamame en cuanto sepas algo, ?de acuerdo?
– Desde luego.
Berrington colgo.
Sin embargo, no llamo a Jeannie enseguida. Continuo sentado, reflexionando.
Encima del escritorio habia una foto en blanco y negro del padre de Berrington, rutilante con su gorra y su blanco uniforme naval de subteniente. Berrington contaba seis anos cuando hundieron el Wasp. Como todos los ninos de Estados Unidos, habia odiado a los japoneses y con la imaginacion los habia matado a docenas. Y su papa era un heroe invencible, alto y gallardo, valiente, herculeo y victorioso. Aun podia sentir la furia abrumadora que se apodero de el al enterarse de que los japoneses habian matado a su papa. Rezo a Dios pidiendole que prolongase la guerra el tiempo suficiente para que el creciera, ingresara en la Armada y matase a un millon de japoneses y asi vengar a su padre.
No llego a matar uno solo. Pero nunca contrato a ningun empleado nipon, nunca admitio ningun estudiante japones en la escuela y nunca ofrecio a ningun japones plaza de psicologo.
Un sinfin de hombres, ante un problema, se preguntan que habria hecho su padre para afrontarlo. Los amigos se lo habian confesado: fue un privilegio que el nunca tendria. Habia sido demasiado joven para conocer a su padre. Ignoraba de manera absoluta que hubiera hecho el subteniente Jones en una crisis. En realidad, el nunca habia tenido padre, solo un superheroe.
Interrogaria a Jeannie Ferrami acerca de sus metodos de reclutamiento. Luego, decidio, la invitaria a cenar.
Llamo a Jeannie por el telefono interior. La doctora descolgo inmediatamente. Berrington bajo la voz y hablo en el tono que Vivvie, su ex esposa, solia calificar de aterciopelado.
– Jeannie, aqui Berry -dijo.
La doctora Ferrami fue al grano, cosa caracteristica de ella.
– ?Que demonios pasa? -pregunto.
– ?Puedo hablar contigo un minuto, por favor?
– Faltaria mas.
– ?Te importaria venir a mi despacho?
– Ahora mismo me tienes alli.
Jeannie colgo.
Mientras llegaba la muchacha, Berrington entretuvo la espera preguntandose a cuantas mujeres se habia llevado a la cama. Seria demasiado largo recordarlas una por una, pero tal vez pudiera hacer cientificamente un calculo aproximado. Desde luego, fueron mas de una y tambien mas de diez. ?Mas de cien? Eso vendria a ser algo asi como dos coma cinco por ano desde que cumplio los diecinueve: ciertamente se habia cepillado a algunas mas. ?Un millar? ?Veinticinco al ano, una nueva cada quince dias durante cuarenta anos? No, no habia llegado a tanto. Durante los diez anos que duro su matrimonio con Vivvie Ellington no debio de tener mas de quince o veinte relaciones adulteras en total. Pero despues se saco la espina. O sea, que los ligues copulativos estarian entonces entre los cien y los mil. Pero no iba a llevarse a Jeannie al picadero. Iba a averiguar como diablos habia entrado la muchacha en contacto con Steve Logan.
Jeannie llamo a la puerta y entro. Llevaba una bata blanca sobre la falda y la blusa. A Berrington le gustaba que las jovenes se pusieran aquellas batas como si fuesen vestidos, sin nada debajo salvo la ropa interior. Le parecia sexualmente provocativo.
– Has sido muy amable al venir -dijo. Le acerco una silla y luego traslado su propio sillon alrededor de la mesa para sentarse frente a Jeannie sin que los separara la barrera del escritorio.
Lo primero que pensaba hacer era darle a Jeannie una explicacion mas o menos convincente sobre su comportamiento cuando le presento a Steve Logan. No seria facil enganar a la muchacha. Lamento no haber pensado mas en la excusa, en vez de dedicarse a calcular el numero de sus conquistas.
Tomo asiento y dedico a Jeannie la sonrisa mas encantadora de su repertorio.
– Debo presentarte disculpas por mi extrano comportamiento -dijo-. Estaba descargando unos archivos que me transferian desde la Universidad de Sydney, Australia. -Senalo con un gesto el ordenador-. Y en el preciso instante en que ibas a presentarme a ese joven me acorde repentinamente de que acababa de dejar en marcha la computadora y que se me habia olvidado desconectar la linea telefonica. Me senti como un idiota, ni mas ni menos, pero me porte como un grosero.
La explicacion estaba prendida con alfileres, pero la muchacha parecio darla por buena.
– Es un alivio -manifesto con toda sinceridad-. Crei que te habia ofendido en algo.
Hasta entonces, todo iba bien.
– Precisamente iba a verte para hablar de tu trabajo -continuo Berrington con toda naturalidad-. Desde luego, has hecho un despegue magnifico. Apenas llevas aqui un mes y ya tienes en marcha el proyecto. Enhorabuena.
Jeannie asintio.
– Durante el verano, antes de empezar oficialmente -explico-, converse largo y tendido con Herb y Frank. - Herb Dickinson era el jefe del departamento y Frank Demidenko un profesor titular-. Establecimos previamente, por anticipado, todos los aspectos practicos.
– Hablame un poco mas del asunto. ?Ha surgido algun problema? ?Algo en lo que pueda ayudarte?
– El mayor problema es conseguir elementos para las pruebas -dijo la doctora-. Porque nuestros sujetos son voluntarios, la mayoria de ellos como Steve Logan, respetables estadounidenses de clase media que consideran que el buen ciudadano tiene la obligacion de apoyar toda investigacion cientifica. No se presentan muchos proxenetas ni camellos.
– Detalle que nuestros criticos progresistas no han dejado de senalar.
– Por otra parte, no es posible profundizar mucho en el estudio de la agresividad y la criminalidad examinando familias de estadounidenses medios cumplidores de la ley. Lo que significa que era absolutamente imprescindible para mi resolver el problema del reclutamiento de sujetos.
– ?Y lo has resuelto?
– Creo que si. Se me ocurrio que los inmensos bancos de datos de las companias de seguros y las agencias gubernamentales albergan hoy en dia los informes medicos e historiales clinicos de millones de personas. Eso incluye la clase de datos que empleamos para determinar si los gemelos son identicos o fraternos: ondas cerebrales, electrocardiogramas, etc. Un buen sistema para identificar gemelos seria, por ejemplo, buscar parejas de electrocardiogramas similares, si pudieramos hacerlo. Y si la base de datos fuera lo bastante considerable, los miembros de algunas de esas parejas se habrian criado separadamente. Y ahi esta el detalle: es posible que los miembros de algunas de esas parejas ni siquiera sepan que tienen un hermano gemelo.
– Extraordinario -comento Berrington-. Sencillo, pero original e ingenioso.
Lo decia con toda sinceridad. Los gemelos identicos educados por separado eran muy importantes para la investigacion genetica, y los cientificos recorrian grandes distancias para reclutarlos. Hasta entonces, el principal sistema para dar con ellos habia sido a traves de los medios de comunicacion: los sujetos leian en las revistas articulos sobre el estudio de gemelos y se presentaban voluntariamente para tomar parte en tales estudios. Como Jeannie acababa de decir, ese proceso aportaba una muestra constituida de forma predominante por individuos respetables, de clase media, lo que en terminos generales representaba una desventaja y un problema grave para el estudio de la criminalidad.
Pero, para Berrington, personalmente, era una catastrofe. Miro a Jeannie a los ojos y se esforzo en disimular la consternacion que le abrumaba. Era peor de lo que temia. La noche anterior, sin ir mas lejos, Preston Barck habia dicho: «Todos sabemos que esta empresa tiene secretos». Jim Proust respondio que nadie podia descubrirlos.
