– ?Como esta Danny?
– Se las arregla de maravilla, ahora es director de ventas. Lo que significa que tiene que viajar un monton, pero le compensa.
– Bien, que alegria volver a verte. ?Tu base esta en Baltimore?
– En Washington, D.C.
– Dame tu numero de telefono. Te llamare.
Jeannie le paso un boligrafo y Penny anoto su numero de telefono en una de las carpetas de Jeannie.
– Almorzaremos juntas -dijo Penny-. Sera divertido.
– Apuesta a que si.
Penny siguio adelante.
– Parece lista -comento Lisa.
– Es muy inteligente. Estoy horrorizada. Ser azafata no tiene nada de malo, pero en el caso de Penny es como tirar por la ventana veinticinco anos de estudios.
– ?La llamaras?
– Rayos, no. Seria negativo. Solo serviria para recordarle las ilusiones y esperanzas que la animaban en aquellos tiempos. Resultaria muy penoso.
– Eso creo. Lo siento por ella.
– Yo tambien.
En cuanto tomaron tierra, Jeannie se encamino a un telefono publico y llamo a los Pinker, a Richmond, pero comunicaban.
– Maldita sea -lamento en tono quejumbroso. Espero cinco minutos, lo intento otra vez, pero continuaba sonando aquel enloquecedor zumbido de linea ocupada. Comento-: Charlotte debe de estar llamando a su violenta familia para contarles todo lo referente a nuestra visita. Probare mas tarde.
El coche de Lisa estaba en el aparcamiento. Se dirigieron a la ciudad y Lisa dejo a Jeannie a la puerta de su casa. Antes de apearse, Jeannie pregunto:
– ?Puedo pedirte un gran favor?
– Claro. Aunque eso no significa que te lo vaya a conceder -sonrio Lisa.
– Empieza esta noche la extraccion del ADN.
Lisa puso cara larga.
– Oh, Jeannie, hemos estado fuera todo el dia. Tengo que comprar la cena…
– Ya lo se. Y yo tengo que visitar la carcel. Luego nos encontraremos en el laboratorio, digamos a… ?te parece bien a las nueve?
– Vale -Lisa volvio a sonreir-. Siento curiosidad por saber que sale de los analisis.
– Si empezamos esta noche, podriamos tener los resultados pasado manana.
Lisa parecio dubitativa.
– Si tomamos algunos atajos, si.
– ?Asi me gusta!
Jeannie se apeo del coche y Lisa se alejo.
A Jeannie le hubiera gustado subir a su automovil y dirigirse enseguida al cuartelillo de policia, pero decidio echar antes un vistazo a su padre, asi que entro en la casa.
El hombre estaba viendo el programa
– ?Hola, Jeannie, si que vuelves tarde a casa! -saludo.
– He estado trabajando y aun no he terminado -dijo la muchacha-. ?Que tal dia pasaste?
– Un poco aburrido, aqui solo.
A Jeannie le inspiro cierta lastima. Parecia no tener amigos. Sin embargo, su aspecto habia mejorado respecto a la noche anterior. Habia descansado, iba limpio y se habia afeitado. Para almorzar saco una pizza del frigorifico y se la calento: los platos sucios estaban aun en el mostrador de la cocina. A punto de preguntarle quien se creia que iba a ponerlos en el lavavajillas, Jeannie se mordio la lengua.
Dejo la cartera y empezo a limpiar. Su padre no apago la tele.
– He estado en Richmond, Virginia -informo.
– Estupendo, carino. ?Que hay para cenar?
No, penso Jeannie, esto no puede continuar. No voy a aguantar que me trate como trataba a mama.
– ?Por que no preparas algo?
Eso atrajo su atencion. Aparto los ojos del televisor y miro a Jeannie.
– ?No se cocinar!
– Yo tampoco, papa.
El padre fruncio el ceno, pero al instante sonrio.
– ?Entonces saldremos a cenar fuera!
La expresion de su rostro era inolvidablemente familiar. Jeannie retrocedio veinte anos con la imaginacion. Patty y ella llevaban pantalones vaqueros acampanados, ambas a juego. Vio a su padre, que entonces tenia el pelo oscuro y lucia patillas. Estaba diciendo: «?Vamos al parque de atracciones! ?Quereis algodon de azucar? ?Subid al coche!». Habia sido el hombre mas maravilloso del mundo. Los recuerdos de Jeannie dieron un salto de diez anos. Ella vestia vaqueros de color negro y calzaba botas Doc Marten; el pelo de su padre era mas corto y canoso. Decia: «Te llevare a Boston con tus cosas, me agenciare una furgoneta y aprovecharemos la ocasion para pasar un rato juntos; por el camino tomaremos unos de esos platos combinados de comida rapida, ?sera divertido! ?Pasare a buscarte a las diez en punto!». Le estuvo esperando todo el dia, pero no aparecio y, a la manana siguiente, Jeannie tomo un autocar para Greyhound.
Ahora, al ver en los ojos de su padre el mismo brillo de «?sera divertido!», Jeannie deseo con toda el alma poder regresar a los nueve anos y creer todo lo que decia su padre. Pero ahora era una persona adulta y sin ningun remordimiento le pregunto:
– ?Cuanto dinero tienes?
El hombre se entristecio.
– Ni cinco, ya te lo dije.
– Yo tampoco. Asi que no podemos ir a comer fuera.
Abrio el frigorifico. Tenia alli un repollo, unas cuantas mazorcas de maiz, un limon, un paquete de chuletas de cordero, un tomate y una caja medio vacia de arroz Uncle Ben. Lo saco todo y lo puso encima del mostrador.
– Te dire lo que vamos a hacer -declaro-. Como aperitivo, tomaremos un poco de maiz fresco mezclado con mantequilla; despues, chuletas de cordero sazonadas con cascara de limon para darles gusto y acompanadas de ensalada y arroz. De postre, helado.
– ?Muy bien, eso es fantastico!
– Puedes empezar a prepararlo mientras estoy fuera.
El hombre se puso en pie y contemplo los alimentos que Jeannie habia sacado del frigorifico. Jeannie cogio la cartera.
– Estare de vuelta poco despues de las diez.
– ?Yo no se guisar esto! -El hombre cogio una mazorca.
Del estante de encima del frigorifico Jeannie cogio el ejemplar de Un Menu para cada dia del ano, del Reader's Digest. Se lo tendio a su padre.
– No tienes mas que leerlo -dijo. Le dio un beso en la mejilla y se marcho.
Mientras subia al coche y ponia rumbo al centro urbano confio en no haber sido demasiado cruel. Su padre pertenecia a una generacion anterior; en su epoca, las normas eran distintas. Sin embargo, ella no podia ser su ama de casa, incluso aunque quisiera, porque tenia que conservar su empleo. Al proporcionarle un lugar en el que cobijarse durante la noche habia hecho por el mas de lo que el hiciera por ella durante la mayor parte de su vida. A pesar de todo, deseaba haberse marchado dejandole con mejor sabor de boca. Era un negado, pero era el unico padre que tenia.
Aparco el coche en un garaje y marcho a pie por el barrio chino hacia la comisaria de policia. El ostentoso vestibulo tenia bancos de marmol y un mural con escenas de la historia de Baltimore. Comunico al recepcionista que estaba alli para ver a Steve Logan, que se encontraba bajo custodia. Temia verse obligada a entablar una discusion, pero al cabo de unos minutos de espera una joven de uniforme la hizo pasar y la acompano en el ascensor.
