parte. Era demasiado singular e inquietante. Pero sentia la imperiosa necesidad de tratar el tema con Jeannie.
Volvio a coger el telefono para llamarla otra vez, pero luego cambio de idea. Seguro que ella iba a decirle que no deseaba hablar con nadie. Las victimas de la depresion suelen comportarse asi, aunque necesiten de veras un hombro sobre el que llorar. Tal vez lo que podia hacer era presentarse sin mas en la puerta de su casa y decirle:
– ?Ea, vamos a intentar animarnos mutuamente!
Se traslado a la cocina. La madre estaba frotando el plato de la lasana con un cepillo de alambre. El padre habia ido a pasar una hora en el despacho. Steve empezo a poner cacharros en el lavavajillas.
– Mama -dijo-, te va a parecer un poco extrano, pero…
– Vas a ir a ver a una chica -se le adelanto la madre.
Steve sonrio.
– ?Como lo sabias?
– Soy tu madre, soy telepatica. ?Como se llama?
– Jeannie Ferrami. Doctora Ferrami.
– ?Ahora soy una madre judia? ?Se supone que he de sentirme impresionada por el hecho de que sea medico?
– Es doctora en ciencias, no en medicina.
– Si ya tiene el doctorado, debe de ser mayor que tu.
– Veintinueve anos.
– Hummm. ?Como es?
– Bueno, tirando a impresionante, ya sabes, alta y muy bien dotada, juega al tenis endiabladamente, pelo negro, ojos oscuros, nariz perforada con un delicado aro de plata, y es, en fin, fuerte, no tiene pelos en la lengua a la hora de decir de manera directa lo que cree que tiene que decir, pero tambien se rie mucho, a gusto, yo le hice soltar carcajadas un par de veces, pero sobre todo es -busco la palabra adecuada-, es pura presencia, cuando esta delante, uno no puede mirar a otro sitio…
Se interrumpio.
Su madre se le quedo mirando y luego dijo:
– ?Ay, muchacho!… Te ha dado fuerte.
– Bueno, no necesariamente… -Se corto-. Si, tienes razon. Estoy loco por esa chica.
– ?Ella siente lo mismo por ti?
– Aun no.
Su madre le sonrio carinosamente.
– Anda, ve a verla. Confio en que te merezca.
Steve la beso.
– ?Como te las arreglas para ser tan buena persona?
– Practica -respondio la madre.
El coche de Steve estaba aparcado en la puerta; lo habian ido a recoger al campus de la Jones Falls y su madre lo condujo de vuelta a Washington. Desemboco en la I-95 y se dirigio de nuevo a Baltimore.
A Jeannie le vendria bien un poco de afectuosa solicitud. Cuando la llamo por telefono, ella le conto que el presidente de la universidad la habia traicionado y su padre le habia robado. Necesitaba que alguien derrochase carino sobre ella y esa era una labor que el estaba cualificado y deseoso de cumplir.
Mientras conducia se la imagino sentada a su lado, riendo y diciendo cosas como: «Me alegro de que hayas vuelto a verme, haces que me sienta mucho mejor, ?por que no nos desnudamos y nos metemos en la cama?».
Hizo un alto en un centro comercial de un barrio de Mount Washington, donde compro una pizza de marisco, una botella de vino blanco de diez dolares, un recipiente de helado Ben amp; Jerry -sabor Rainforest Crunch- y diez claveles amarillos. Capto su atencion un titular acerca de la Genetico, S. A. que destacaba en la primera plana del The Wall Street Journal. Recordo que era la empresa que habia financiado la investigacion de Jeannie sobre los gemelos. Al parecer estaba a punto de hacerse cargo de ella la Landsmann, una corporacion alemana. Compro el periodico.
El deleite de sus fantasias se vio ensombrecido por la intranquilidad que le produjo de pronto la idea de que tal vez Jeannie hubiese salido despues de haber hablado con el. O quizas estuviera en casa, pero se negase a abrir la puerta. O tal vez tuviera visita.
Se alegro al ver un Mercedes 230C rojo estacionado cerca del edificio. Luego se dijo que Jeannie podia haberse ido a pie. O en taxi. O en el coche de alguna amiga.
Tenia portero automatico. Pulso el timbre del interfono y miro el altavoz, deseando que emitiese algun ruido. No ocurrio asi. Volvio a tocar el timbre. Se oyo un chasquido. El corazon le dio un salto en el pecho. Una voz irritada pregunto:
– ?Quien es?
– Steve Logan. He venido a levantarte el animo.
Una pausa prolongada.
– No tengo ganas de recibir visitas, Steve.
– Dejame al menos entregarte unas flores.
Jeannie no contesto. Esta asustada, penso Steve, y se sintio amargamente desilusionado. Ella le habia dicho que le creia inocente, pero eso fue cuando se encontraba segura al otro lado de los barrotes. Ahora que el se encontraba ante su puerta y Jeannie estaba sola, la cosa ya no era tan facil.
– No habras cambiado de idea acerca de mi, ?verdad? -dijo. Steve-. ?Aun crees que soy inocente? Si no es asi, me ire.
Sono un zumbido y se abrio la puerta.
Steve se dijo que no era mujer que resistiese un desafio.
El muchacho entro en un pequeno vestibulo en el que habia dos puertas. Una estaba abierta de par en par y conducia a una escalera. En lo alto de la misma se erguia Jeannie, con una camiseta de manga corta y luminoso color verde.
– Supongo que es mejor que subas -invito.
No era la mas entusiasta de las bienvenidas, pero Steve sonrio y subio la escalera con los regalos en una bolsa de papel. Jeannie le introdujo en una sala de estar con cocina americana. Steve observo que a la muchacha le gustaba el blanco y negro con salpicaduras de colores vivos. Tenia un sofa negro con cojines anaranjados, un reloj azul electrico en una pared blanca, pantallas de color amarillo brillante, y un blanco mostrador de cocina con tazas de cafe rojas.
Dejo la bolsa encima del mostrador.
– Veras -dijo-, lo que te hace falta es comer algo. En cuanto lo hagas, te sentiras mejor. -Saco la pizza-. Y un vaso de vino te rebajara la tension. Luego, cuando estes preparada para concederte un tratamiento especial, puedes tomarte este helado directamente del envase de carton, no tienes por que ponerlo en un plato. Y cuando toda la comida y la bebida se haya acabado, aun te quedaran las flores. ?Vale?
Le contemplo como si fuera una criatura llegada de Marte.
– Y de todas formas -continuo Steve-, se me ocurrio que necesitabas ademas que viniese alguien aqui y te dijera que eres una persona maravillosa y especial.
A Jeannie se le llenaron los ojos de lagrimas.
– ?Vete a hacer punetas! -exclamo-. ?Yo nunca lloro!
Steve apoyo las manos en los hombros de Jeannie. Era la primera vez que la tocaba. Probo a acercarsela. Ella no opuso resistencia. Casi sin atreverse a creer en su buena suerte, la abrazo. Era casi tan alta como el. Jeannie apoyo la cabeza en el hombro de Steve y los sollozos sacudieron su cuerpo. El le acaricio los cabellos. Era un pelo suave y espeso. Steve tuvo una ereccion y se retiro un poco, confiando en que ella no lo hubiera notado.
– Todo se arreglara -dijo, abrazandola nuevamente-. Ya veras como las cosas se solucionan.
Jeannie permanecio en sus brazos durante un largo y delicioso momento. Steve noto la calida tibieza de su cuerpo e inhalo su perfume. Se pregunto si debia atreverse a besarla. Vacilo, temeroso de que si precipitaba los acontecimientos, ella le rechazase. Luego, el instante paso y Jeannie se aparto.
Se limpio la nariz con el faldon de la holgada camiseta y al hacerlo brindo a Steve un sensual vistazo al
