estomago liso y atezado por el sol.

– Gracias -articulo Jeannie-. Necesitaba un hombro sobre el que llorar.

Le descorazono el tono un tanto despreocupado. Para el fue un instante de intensa emocion; para ella, solo un alivio de la tension.

– Es parte del servicio -dijo Steve, ironico, y al instante se dijo que habia perdido una magnifica ocasion de quedarse callado.

Jeannie abrio un aparador y saco platos.

– Ya me siento mejor -dijo-. Comamos.

Steve se encaramo a un taburete ante el mostrador de la cocina. Corto la pizza y descorcho la botella de vino. Disfruto de la contemplacion de los movimientos de la mujer por la casa: viendola cerrar un cajon con un golpe de cadera, mirar con los parpados entrecerrados la tonalidad del vino que contenia la copa, coger el sacacorchos con sus dedos largos y habiles. Recordo la primera chica de la que se habia enamorado. Se llamaba Bonnie y tenia siete anos, los mismos que el entonces; y Steve se habia quedado mirando aquellos bucles rubio fresa y aquellos ojos verdes y penso que era un milagro que pudiera existir alguien tan perfecto en el patio de la Escuela Primaria de Spiller Road. Durante una temporada albergo la idea de que pudiera ser realmente un angel.

No creia que Jeannie fuese un angel, pero parecia envolverla una fluida gracia fisica que le hacia sentir la misma portentosa sensacion.

– Tienes una tremenda capacidad de recuperacion -comento Jeannie-. La ultima vez que te vi, tu aspecto era horrible. De eso hace solo veinticuatro horas, pero pareces nuevo.

– Sali bastante bien librado. Solo me duele un poco en el punto donde el detective Allaston me golpeo la cabeza contra la pared y la contusion que me produjo Gordinflas Butcher al patearme las costillas a las cinco de esta manana, pero se me pasara enseguida, siempre y cuando no vuelvan a meterme en chirona.

Aparto esa idea de la cabeza. No iba a volver a la celda; la prueba de ADN lo eliminaria como sospechoso.

Le dio un repaso visual a la libreria de Jeannie. Habia muchos titulos ajenos a la narrativa. Biografias de Darwin, Einstein y Francis Bacon; unas cuantas mujeres novelistas que el no habia leido: Erica Jong y Joyce Carol Oates; cinco o seis Edith Wharton, algunos clasicos modernos.

– ?Vaya, veo que tienes mi novela favorita de toda la vida! -comento.

– Deja que adivine: Matar un ruisenor.

Steve se quedo atonito.

– ?Como lo sabes?

– Vamos. El protagonista es un abogado que se enfrenta a los prejuicios sociales para defender a un hombre inocente. ?No es ese tu gran sueno? Ademas, no creo que hubieses elegido The Women's Room.

Steve sacudio la cabeza, resignado.

– Sabes muchas cosas acerca de mi. Le acobardas a uno.

– ?Cual crees que es mi libro preferido?

– ?Se trata de una prueba?

– Apuesta algo.

– Ah… ejem, Middlemarch.

– ?Por que?

– La protagonista es una mujer fuerte, independiente.

– ?Pero no hace nada! De cualquier modo, el libro que tenia en la cabeza no es ninguna novela. Te doy otra oportunidad.

Steve meneo la cabeza.

– No es novela. -Tuvo un golpe de inspiracion-. Ya se. La historia de un brillante y distinguido descubrimiento que explicaba algo crucial para la existencia del hombre. Apuesto a que es La doble helice.

– ?Eh, muy bien!

Empezaron a comer. La pizza aun estaba caliente. Jeannie permanecio pensativamente silenciosa durante unos minutos, al cabo de los cuales comento:

– Hoy realmente la he fastidiado Ahora me doy cuenta. Tenia que haber mantenido toda la crisis en tono menor. Tenia que haber repetido: «Bueno, quiza, podemos discutirlo, no me obliguen a tomar una decision precipitada». En vez de hacer eso, desafie a la universidad y luego empeore las cosas hablando con la prensa.

– La impresion que tengo de ti es que eres una persona nada inclinada al compromiso -dijo Steve.

Jeannie asintio.

– Una cosa es no ser dada al compromiso y otra es ser estupida.

Le enseno el The Wall Street Journal.

– Esto puede explicar por que en estos instantes tu departamento es hipersensible a la publicidad negativa. Tu patrocinador esta a punto de traspasar la empresa.

Jeannie leyo el primer parrafo.

– Ciento ochenta millones de dolares, ?caray! -Siguio leyendo mientras masticaba un trozo de pizza. Cuando acabo el articulo sacudio la cabeza-. Tu teoria es interesante, pero no me convence.

– ?Por que no?

– Era Maurice Obell, no Berrington, quien parecia estar contra mi. Aunque Berrington pueda ser rastrero como una serpiente, segun dicen. De todas formas, no soy tan importante. Para los patrocinadores de la Genetico no soy mas que una parte infima de sus proyectos de investigacion. Ni siquiera aunque mi trabajo violase verdaderamente la intimidad de las personas, seria eso suficiente escandalo para poner en peligro una operacion de compraventa multimillonaria.

Steve se limpio los dedos con una servilleta de papel y cogio la fotografia enmarcada de una mujer con un nino de pecho. La mujer se parecia un poco a Jeannie, aunque tenia el pelo liso.

– ?Es tu hermana? -pregunto.

– Si. Patty. Ya tiene tres hijos… todos varones.

– Yo no tengo hermanos ni hermanas -dijo Steve. Luego se acordo-. A menos que se cuente a Dennis Pinker. -Cambio la expresion de Jeannie y Steve dijo-: Me miras como a un especimen.

– Perdona. ?Probamos el helado?

– Pues claro.

Jeannie puso la cubeta encima de la mesa y saco dos cucharas. Eso le parecio a Steve de perlas. Comer del mismo recipiente era un paso mas hacia el beso. Jeannie comia con delectacion. El muchacho se pregunto si haria el amor con el mismo gloton entusiasmo.

Steve trago una cucharada de Rainforest Crunch y dijo:

– Me alegra infinito que creas en mi. Seguro que a los polis no les ocurre lo mismo.

– Si fueras un violador, mi teoria saltaria hecha pedazos.

– A pesar de todo, pocas mujeres me hubieran abierto la puerta de su casa por la noche. En especial si creyesen que tengo los mismos genes que Dennis Pinker.

– Yo dude antes de hacerlo -confeso Jeannie-. Pero me has demostrado que tenia razon.

– ?Como?

Jeannie indico los restos de la cena.

– Si una mujer atrae a Dennis Pinker, este tira de cuchillo y le ordena que se quite las bragas. Tu trajiste una pizza.

Steve se echo a reir.

– Puede parecer divertido -dijo Jeannie-, pero existe un mundo de diferencia.

– Hay una cosa que debes saber acerca de mi -advirtio Steve-. Un secreto.

Ella dejo la cuchara.

– ?Que?

– Una vez casi mate a alguien.

– ?Como?

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