Berrington suspiro. Aquello le hacia sentirse tan mal como a Preston. Habia acariciado la ilusion de que algun dia, dentro de muchos anos, en el futuro, alguien escribiria la cronica de unos experimentos que abrieron nuevos caminos y se revelaria al mundo la audacia y la brillantez cientifica de los pioneros que los llevaron a cabo. Le destrozaba el corazon ver desaparecer aquella evidencia historica bajo el peso de la culpa y el secreto. Pero eso era ahora inevitable.
– Mientras esos archivos existan, seran una amenaza para nosotros. Hay que destruirlos. Y lo mejor seria hacerlo ahora mismo.
– ?Que vamos a decir al personal?
– Mierda, no lo se, Preston, pero imagina algo por una vez en tu vida, santo Dios. Nueva estrategia de la gerencia en cuanto a documentacion. No me importa lo que les digas, con tal de que empiecen a hacerlos trizas a primera hora de la manana.
– Supongo que tienes razon. Conforme, entrare en contacto con Dick ahora mismo. ?Quieres llamar a Jim y ponerle al corriente?
– Claro.
– Adios.
Berrington marco el numero del domicilio de Jim Proust. Su esposa, una mujer delgadisima y con aire de persona siempre avasallada, descolgo el aparato y le paso a Jim.
– Estoy en la cama, Berry, ?que infiernos pasa ahora?
Los tres empezaban a tratarse unos a otros con malos modos.
Berrington le informo de lo que le habia comunicado Preston y de lo que habian decidido hacer.
– Una resolucion acertada -encomio Jim-. Pero no bastara. Esa Ferrami puede llegar a nosotros por otros caminos.
Berrington sintio un espasmo de irritacion. Nada era suficiente para Jim. Le propusieran lo que le propusiesen, Jim siempre deseaba una accion mas energica, medidas mas extremas. Luego supero el acceso de fastidio. Esa vez, Jim hablaba con sentido comun, reflexiono. Jeannie habia demostrado ser un autentico sabueso, que cuando olfateaba una pista no se desviaba lo mas minimo en su seguimiento. Un simple reves no la impulsaria a darse por vencida.
– Estoy de acuerdo contigo -le dijo a Jim-. Y Steve Logan se encuentra fuera de la carcel, me entere hace un rato, asi que no esta completamente sola. A largo plazo, tendremos que enfrentarnos a ella.
– Hay que darle un susto de muerte.
– Por el amor de Dios, Jim…
– Ya se que esto hace que aflore la debilidad que llevas dentro, Berry, pero debe hacerse.
– Olvidalo.
– Mira…
– Tengo una idea mejor, Jim, haz el favor de escucharme durante un minuto.
– Esta bien, te escucho.
– Voy a hacer que la despidan.
Jim medito unos instantes.
– No se… ?Con eso lo solucionaremos?
– Seguro. Veras, la Ferrami imagina que ha tropezado con una anomalia biologica. Es la clase de descubrimiento con el que un cientifico joven puede hacer carrera. La muchacha no tiene idea de lo que subyace debajo de todo esto; cree que la universidad solo teme la mala publicidad. Si Jeannie Ferrami pierde su empleo, no dispondra de instalaciones ni de medios para continuar con su investigacion, ni motivo alguno para aferrarse a ella. Ademas, estara demasiado ocupada buscando otro trabajo. Da la casualidad de que se que necesita dinero.
– Tal vez tengas razon.
Berrington empezo a recelar. Jim mostraba una sospechosamente excesiva facilidad en estar de acuerdo con el.
– No estaras planeando hacer algo por tu cuenta y riesgo, ?verdad? -pregunto.
Jim eludio la respuesta.
– ?Puedes hacer eso, puedes conseguir que la despidan?
– Desde luego.
– Pero tu me dijiste el martes que eso es una universidad, no el jodido ejercito.
– Cierto, uno no puede gritar al personal para que hagan lo que se les ordena. Pero me he pasado en el mundo academico la mayor parte de los ultimos cuarenta anos. Se como funciona la maquinaria. Cuando es realmente imprescindible, puedo desembarazarme de un profesor adjunto sin casi mover un dedo.
– Vale.
Berrington fruncio el entrecejo.
– Estamos juntos en esto, ?no, Jim?
– Exacto.
– De acuerdo. Que duermas bien.
– Buenas noches.
Berrington colgo el telefono. Su pollo a la provenzal estaba frio. Lo arrojo al cubo de la basura y se metio en la cama.
Permanecio despierto largo tiempo, pensando en Jeannie Ferrami. A las dos de la madrugada se levanto y tomo un Dalmane. El somnifero hizo efecto y, por fin, se quedo dormido.
29
Hacia mucho calor aquella noche en Filadelfia. En el edificio de viviendas estaban abiertas de par en par todas las puertas y ventanas, ninguno de los cuartos tenia aire acondicionado. Los ruidos de calle ascendian hasta el apartamento 5A del ultimo piso: bocinazos, carcajadas, fragmentos de musica. Sobre una barata mesa de pino llena de senales de rasgunos y quemaduras de cigarrillo, sonaba un telefono.
El muchacho descolgo.
– Habla Jim -dijo una voz que parecia un ladrido.
– Hola, tio Jim, ?como estas?
– Preocupado por ti.
– ?Y eso?
– Se lo que ocurrio el domingo por la noche.
El chico titubeo, no muy seguro de lo que debia responder.
– Ya detuvieron a alguien por eso.
– Pero su amiguita cree que es inocente.
– ?Y?…
– Va a ir a Filadelfia manana.
– ?Para que?
– No lo se a ciencia cierta. Pero creo que esa mujer es un peligro.
– Mierda.
– Puede que desearas hacer algo respecto a ella.
– ?Como que?
– Eso es cosa tuya.
– ?Como puedo encontrarla?
– ?Conoces la Clinica Aventina? Esta en tu barrio.
– Claro, en Chestnut, todos los dias paso por delante.
– Se encontrara alli manana a las dos de la tarde.
– ?Como la reconocere?
– Alta, pelo oscuro, nariz perforada, de unos treinta anos.
– Esas senas podrian ser las de un monton de mujeres.
