– Probablemente conducira un viejo Mercedes rojo.
– Eso reduce el numero de candidatas.
– Ahora, piensa que el otro chaval esta en libertad bajo fianza.
El muchacho enarco las cejas.
– ?Y que?
– Pues que si la moza sufriese un accidente, despues de que alguien la viera en tu compania…
– Comprendo. Darian por supuesto que yo era el.
– Siempre tuviste rapidez de reflejos, hijo mio.
El chico se echo a reir.
– Y tu siempre tuviste malas intenciones, tio.
– Una cosa mas.
– Soy todo oidos.
– Es un bombon precioso. Asi que disfrutala.
– Adios, tio Jim. Y gracias.
JUEVES
30
Jeannie volvia a tener el sueno del Thunderbird.
La primera parte de ese sueno era algo que realmente le sucedio, cuando ella tenia nueve anos y su hermana seis, y su padre estaba viviendo -brevemente- con ellos. Papa rebosaba dinero en aquellos dias (hasta varios anos despues no comprendio Jeannie que aquella fortuna debio de ser el fruto de un robo fructifero). Su padre llevo a casa un Ford Thunderbird de carroceria azul turquesa y tapiceria tambien del mismo color, a juego: para una nina de nueve anos, el automovil mas bonito que pudiera imaginarse. Fueron a dar una vuelta, con Jeannie y Penny en el asiento delantero, entre papa y mama. Cuando rodaban por la George Washington Memorial Parkway, papa se puso a Jeannie en el regazo y le permitio coger el volante.
En la vida real, Jeannie desvio el coche hacia el carril de la izquierda y se sobresalto cuando el conductor de un vehiculo que en aquel momento trataba de adelantarles toco la bocina ruidosamente y papa doblo el volante y llevo el Thunderbird de nuevo al carril del que no debio haberse apartado. Pero en el sueno, el padre no estaba presente, Jeannie conducia sin ayuda y mama y Patty permanecian sentadas a su lado, imperterritas, incluso aunque sabian que Jeannie era incapaz de ver nada por encima del salpicadero y que lo unico que hacia era apretar, apretar y apretar el volante, cada vez con mas fuerza, y esperar el impacto del choque, mientras los otros automoviles tocaban el timbre de la puerta cada vez con mayor estruendo.
Jeannie se desperto con las unas hundidas en las palmas de las manos y los insistentes timbrazos de la puerta clavados en los oidos. Eran las seis de la manana. Continuo tendida en la cama durante unos segundos, gozandose en el alivio que la inundo al darse cuenta de que solo habia sufrido una pesadilla. Luego salto de la cama y se precipito hacia el interfono del portero automatico.
– ?Quien es?
– Ghita. Anda, despierta y dejame entrar.
Ghita vivia en Baltimore y trabajaba en la sede del FBI en Washington. Jeannie penso que sin duda iba camino de la oficina, para empezar a trabajar temprano. Pulso el boton que abria la puerta de la calle.
Jeannie se paso por la cabeza una camiseta de manga corta tan grande que casi le llegaba a las rodillas; una prenda bastante decente para recibir a una amiga. La Ghita que subio las escaleras era la imagen de un ejecutivo con un bien cortado traje sastre de hilo azul pelo negro muy corto, pendientes de bolita, gafas enormes, de material ligero, y un ejemplar del
– ?Que diablos esta pasando? -pregunto Ghita sin preambulos.
– No se -dijo Jeannie-, acabo de despertarme.
Aquello sonaba a malas noticias, podia adivinarlo.
– Mi jefe me llamo anoche, muy tarde, y me ordeno que no tuviese ningun trato mas contigo.
– ?No! -Jeannie necesitaba el resultado del FBI para demostrar que su metodo funcionaba, a pesar del rompecabezas de Steven y Dennis-. ?Maldita sea! ?Te dijo por que?
– Alego que tus sistemas violan la intimidad de las personas.
– No deja de ser insolito que el FBI se preocupe de una cosa tan insignificante como esa.
– Parece que el
Ghita enseno a Jeannie el periodico. El titular de un articulo proclamaba en primera pagina:
LA ETICA DE LA INVESTIGACION GENETICA:
DUDAS, TEMORES Y UN CONFLICTO
Jeannie se temio que el «conflicto» fuese una referencia a su propia situacion. Y estaba en lo cierto.
Una sensacion de vertigo se aposento de pronto en la boca del estomago de Jeannie.
– ?Dios mio, esto es terrible! -exclamo.
El reportaje pasaba luego a otro tema, la investigacion sobre embriones humanos y Jeannie tuvo que llegar a la pagina diecinueve para encontrar otra referencia a su persona.
Jeannie leyo hasta el final, pero el periodico no informaba de la insistencia de la doctora en que su trabajo era eticamente irreprochable. El enfoque se proyectaba exclusivamente sobre el sensacionalismo dramatico de su desafio.
Era horrible y penoso que la atacasen de aquella manera. Se sentia dolida y ultrajada al mismo tiempo, como aquella vez, anos atras, en que un ladron la derribo con un golpe y le arrebato el billetero en un supermercado de Minneapolis. Aunque sabia que la periodista era malevola y carecia de escrupulos, Jeannie se sentia avergonzada, como si verdaderamente hubiese hecho algo malo. Y tambien se sentia expuesta a las burlas de todo el pais.
– A partir de ahora me va a resultar dificilisimo encontrar a alguien dispuesto a dejarme explorar una base de datos -se lamento, descorazonada-. ?Quieres cafe? Necesito algo que me anime. No empiezo muchos dias tan mal como hoy.
– Lo siento, Jeannie, pero yo tambien estoy en aprietos, por haber complicado a la Oficina en esto.
Cuando encendia la cafetera, una idea asalto a Jeannie.
– Este articulo es inocuo, pero si tu jefe hablo contigo anoche, no es posible que el periodico le sugiriese hacerte esa llamada.
– Tal vez supiera anticipadamente que se iba a publicar este articulo.
– Me pregunto quien pudo informarle.
