– No lo dijo asi exactamente, pero si me aclaro que habia recibido un telefonazo del Capitolio.
Jeannie fruncio el entrecejo.
– Parece como si esto fuese algo politico. ?Por que iba a interesarse tanto un congresista o senador en lo que estoy haciendo, hasta el punto de pedir al FBI que no colabore conmigo?
– Quiza se trataba solo de una advertencia amistosa hecha por alguien que estaba enterado del articulo.
Jeannie nego con la cabeza.
– El articulo no menciona al Buro para nada. Nadie mas sabe que estoy trabajando con los archivos del FBI. Ni siquiera se lo dije Berrington.
– Tratare de averiguar la identidad del que hizo la llamada.
Jeannie miro el interior del frigorifico.
– ?Desayunaste ya? Hay bollos de canela.
– No, gracias.
– Me parece que yo tampoco tengo apetito. -Cerro la puerta del frigorifico. Estaba al borde de la desesperacion. ?Es que no podia hacer nada?-. Ghita, supongo que no podras llevar a cabo mi exploracion sin que lo sepa tu jefe, ?verdad?
No albergaba muchas esperanzas de que Ghita accediese a ello pero la respuesta de su amiga le sorprendio.
Enarcadas las cejas, Ghita dijo:
– ?No has visto el comunicado que te envie ayer por correo electronico?
– Me fui temprano. ?Que decia?
– Que iba a efectuar esa exploracion tuya anoche.
– ?Y la hiciste?
– Si. Por eso he venido a verte. La hice anoche, antes de que llamara mi jefe.
De pronto, Jeannie recobro la esperanza.
– ?Que? ?Y tienes los resultados?
– Te los envie por correo electronico.
Jeannie estaba electrizada.
– ?Pero eso es fantastico! ?Les echaste un vistazo? ?Habia muchos gemelos?
– Cantidad, veinte o treinta pares.
– ?Formidable! ?Eso significa que mi sistema resulta!
– Pero le dije a mi jefe que no habia ejecutado la exploracion. Estaba asustada y menti.
Jeannie fruncio el ceno.
– Mal asunto. Quiero decir, ?que ocurrira si lo descubre en algun momento, mas adelante?
– Ahi voy yo. Tienes que destruir esa lista, Jeannie.
– ?Como?
– Si mi jefe se entera, estoy acabada.
– ?Pero no puedo destruirla! ?No puedo hacerlo si demuestra que tengo razon!
El semblante de Ghita adopto una expresion firme y determinada.
– Tienes que hacerlo.
– Eso es espantoso -gimio Jeannie, con aire desdichado-. ?Como voy a eliminar algo que puede ser mi salvacion?
– Me meti en esto para hacerte un favor -dijo Ghita, a la vez que agitaba el dedo indice-. ?Ahora tienes que librarme del embrollo!
Jeannie no acababa de comprender que todo fuese culpa exclusivamente suya. Con un deje de acritud en el tono, replico:
– No te dije que mintieras a tu jefe.
Eso enfurecio a Ghita:
– ?Estaba asustada!
– ?Aguarda un momento! -pidio Jeannie-. Vamos a tranquilizarnos. -Sirvio cafe en dos tazas y dio una a Ghita-. Supongamos que vas a trabajar esta manana y le dices a tu jefe que hubo un malentendido. Que diste instrucciones indicando que se cancelara el rastreo, pero que posteriormente descubriste que ya lo habian efectuado y que de el resulto el correo electronico.
Ghita cogio la taza de cafe, pero no lo bebio. Parecia al borde de las lagrimas.
– No puedes hacerte idea de lo que es trabajar para el FBI. Me encuentro frente a los hombres mas machistas de la Norteamerica media. Siempre estan buscando una excusa u otra para afirmar que las mujeres somos unas negadas, unas incapaces que no valemos para la profesion.
– Pero no te pueden despedir.
– Me has metido en un callejon sin salida.
Era verdad, Ghita no tenia ningun argumento para obligar a Jeannie a hacer lo que le pedia. Pero Jeannie trato de poner vaselina.
– Vamos, ese no es el camino.
Ghita no se suavizo.
– Si, ese es el camino. Te estoy pidiendo que destruyas esa lista.
– No puedo.
– Entonces no hay mas que hablar.
Ghita se dirigio a la puerta.
– No te vayas asi -rogo Jeannie-. Somos amigas desde hace demasiado tiempo.
Ghita se marcho.
– ?Mierda!-exclamo Jeannie-. ?Mierda!
La puerta de la calle se cerro de un portazo.
?He perdido una de mis mas viejas amigas?, se pregunto Jeannie.
Ghita la habia abandonado. Jeannie comprendia sus motivos: se estaba ejerciendo una intensa presion sobre una joven que trataba de hacer carrera. Con todo, a quien se atacaba en realidad era a Jeannie, no a Ghita. La amistad de Ghita no habia sobrevivido a la prueba de una crisis.
Jeannie se pregunto si otras amigas actuarian de la misma manera.
Acongojada, tomo una ducha rapida y empezo a ponerse prendas de ropa, rapidamente, un poco al tuntun. Luego se interrumpio y penso. Iba a plantar batalla: era cuestion de arreglarse y ponerse lo mejor de su vestuario. Se quito los vaqueros negros y la camiseta roja de manga corta. Se acicalo la cara meticulosamente: maquillaje de fondo, polvos, rimel y lapiz labial. Se puso un traje sastre negro con blusa gris debajo, medias transparentes y zapatos de charol. Cambio el aro de la nariz por un pendiente plano.
Se examino ante el espejo de cuerpo entero. Se considero peligrosa y se dijo que su aspecto era formidable.
– A matar, Jeannie, a matar -murmuro.
Salio de casa.
31
Al volante de su coche, durante el trayecto hacia la UJF, Jeannie iba pensando en Steve Logan. Le habia llamado chicarron fuertote, pero en realidad era mas maduro de lo que muchos hombres adultos llegarian a ser. Ella habia llorado sobre su hombro, de modo que, sin duda, confiaba inconscientemente en el hasta un nivel bastante profundo. Le gusto como olia, algo asi como a tabaco antes de encenderlo. A pesar de la desolacion que la embargaba no pudo por menos notar su ereccion, aunque Steve se esforzo en impedir que ella se diese cuenta. Resultaba halagador que el chico se excitase de aquel modo con solo abrazarla, y Jeannie sonrio al recordar la escena. Era una lastima que Steve no tuviese diez o quince anos mas.
Le recordaba a su primer amor, Bobby Springfield. Ella tenia trece anos y el quince. Ella no sabia casi nada acerca del amor y el sexo, pero la ignorancia del chaval en ese aspecto era identica y se embarcaron juntos en un viaje de descubrimiento. Jeannie se sonrojo al rememorar las cosas que llegaban a hacer los sabados por la
