– No, los acontecimientos me rebasaron.

– ?No concerto ninguna cita con un abogado?

– No tuve tiempo…

– En los dos dias que transcurrieron entre su conversacion con la doctora Ferrami y el doctor Obell referente al New York Times, ?ni siquiera indico a su secretaria que concertase una cita con un abogado?

– No.

– ?Ni pregunto a nadie o hablo con sus colegas, para que le sugiriesen el nombre de un jurisconsulto apropiado?

– No.

– En realidad, esta afirmacion no esta usted en condiciones de autentificarla.

Berrington sonrio pleno de confianza.

– Sin embargo, tengo fama de hombre honesto.

– La doctora Ferrami recuerda la conversacion con toda claridad.

– Bueno.

– Dice que usted no hizo mencion alguna a problemas legales ni a cuestiones de privacidad; lo unico que a usted le preocupaba era el funcionamiento del programa de busqueda.

– Quiza se le ha olvidado.

– O quizas es la memoria de usted la que se equivoca. -Steve se dio cuenta de que se habia apuntado aquel tanto y cambio subitamente de rumbo-. La reportera del New York Times, la senora Freelander, ?dijo como llego a su conocimiento el trabajo de la doctora Ferrami?

– Si lo hizo, el doctor Obell no me lo menciono.

– De modo que usted no lo pregunto.

– No.

– ?No se le ocurrio preguntarse como pudo enterarse la periodista del asunto?

– Supongo que di por supuesto que los reporteros tienen sus fuentes.

– Puesto que la doctora Ferrami no ha publicado nada acerca de este proyecto, la fuente tiene que haber sido algun particular.

Berrington vacilo y lanzo una mirada a Quinn, en peticion de ayuda. Quinn se puso en pie.

– Senor -se dirigio a Jack Budgen-, al testigo no se le puede pedir que haga especulaciones.

Budgen asintio.

– Pero esta es una audiencia no oficial… -dijo Steve-, no tenemos por que cenirnos estrictamente a los rigidos procedimientos de una sala de Justicia.

Jane Edelsborough hablo por primera vez:

– A mi me parecen interesantes y pertinentes esas preguntas Jack.

Berrington la obsequio con una mirada siniestra y la mujer ejecuto un leve encogimiento de hombros en plan de excusa. Fue un intercambio intimo y Steve se pregunto que relacion existiria entre ellos.

Budgen aguardo, tal vez con la esperanza de que algun otro miembro de la comision manifestase un punto de vista contrario y le facilitara una toma de decision como presidente; pero nadie pronuncio palabra.

– Muy bien -articulo tras la pausa-. Continue, senor Logan.

A duras penas podia creer Steve que estaba ganando su primera querella juridica. A los profesores no les hacia ninguna gracia que un aspirante a abogado les dijese que sistema de interrogatorio era o no era legitimo. La tension le habia secado la garganta. Con mano temblorosa, se sirvio un vaso de agua de la jarra de cristal a su disposicion.

Bebio un sorbo, se encaro de nuevo con Berrington y dijo: -La senora Freelander tenia un conocimiento algo mas que general del trabajo de la doctora Ferrami, ?no es cierto?

– Si.

– Sabia exactamente como, mediante la exploracion de bases de datos, localizaba la doctora Ferrami gemelos que se hubiesen criado por separado. Se trata de una tecnica nueva, ideada y desarrollada por la doctora Ferrami y que solo conoce usted y unos pocos colegas mas del departamento de Psicologia.

– Si usted lo dice…

– Por ello, todo parece indicar que la informacion procedio del departamento, ?no?

– Es posible.

– ?Que motivo podria tener un colega suyo para crear publicidad negativa para la doctora Ferrami y su tarea?

– Realmente no podria decirselo.

– Pero parece que es obra de un rival innoble y tal vez envidioso ?no cree?

– Quizas.

Steve asintio, satisfecho. Se daba cuenta de que estaba entrando a buen ritmo en el meollo del asunto. Empezo a tener la sensacion de que podia ganar el caso, a pesar de todo.

No empieces a regalarte el ego, se aconsejo. Ganar algun punto que otro no es ganar el caso.

– Vayamos a la segunda aseveracion que hizo usted. Cuando el senor Quinn le pregunto si personas ajenas a la universidad le hicieron comentarios sobre la historia publicada en el periodico, usted respondio: «Ciertamente» ?Se mantiene usted en esa declaracion?

– Si.

– Exactamente, ?cuantas llamadas telefonicas recibio usted de donantes, aparte de la de Preston Barck?

– Bien, hable con Herb Abrahams…

Steve adivino que no sabia por donde iba. Trataba de disimular.

– Perdone que le interrumpa, profesor. -Berrington parecio sorprendido, pero dejo de hablar-. ?Le llamo el senor Abrahams o viceversa?

– Ejem, creo que fui yo quien le llamo a el.

– Volveremos sobre eso dentro de un momento. Primero, diganos cuantos benefactores importantes le llamaron a usted para manifestarle su preocupacion por las alegaciones del New York Times.

Fue evidente que Berrington empezaba a ponerse nervioso.

– No estoy seguro de que me llamara nadie para hablarme especificamente de eso.

– ?Cuantas llamadas recibio de estudiantes potenciales?

– Ninguna.

– ?Le llamo alguien para hablarle del articulo?

– Me parece que no.

– ?Recibio usted correspondencia tratando del tema?

– Aun no.

– No parece que se haya armado mucho escandalo, pues.

– No creo que pueda usted sacar esa conclusion.

Era una respuesta muy poco convincente y Steve hizo una pausa para que calase bien. Berrington parecia incomodo. La comision se mantenia alerta, pendiente de cada detalle de aquella contienda dialectica. Steve miro a Jeannie. La esperanza habia iluminado el rostro de la muchacha.

Steve continuo:

– Hablemos de la unica llamada telefonica que recibio usted, de Preston Barck, presidente de la Genetico. La presento usted como si se tratara de la llamada de un donante preocupado por el modo en que se empleaba su dinero, pero el senor Preston Barck es algo mas que eso, ?no es cierto? ?Cuando lo conocio usted?

– Durante mi estancia en Harvard, hace cuarenta anos.

– Debe de ser uno de sus amigos mas antiguos.

– Si.

– Y es tambien su socio comercial.

– Si.

– La compania esta en proceso de traspaso a la Landsmann, una corporacion farmaceutica alemana que va a tomar posesion de ella.

– Si.

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