modo que, a final, Jeannie se harto de oir el timbre y acabo por descolgar.
Era Steve. Despues de la audiencia habia vuelto a Washington para reunirse con su abogado.
– Ahora estoy en su bufete -dijo-. Estamos hablando de emprender una accion legal contra la Jones Falls para recuperar tu lista del FBI. Mi familia correra con los gastos. Creen que merece la pena apurar las posibilidades de dar con el tercer gemelo.
– Me importa una mierda el tercer gemelo -profirio Jeannie.
Sucedio una pausa, al cabo de la cual Steve dijo:
– Para mi es importante.
Jeannie suspiro. «Con todas las calamidades que me abruman, ?se da por supuesto que debo preocuparme de Steve?» Luego se domino. «El se preocupo por mi, ?no?» Se sintio avergonzada.
– Perdoname, Steve -se excuso-. Me estoy compadeciendo a mi misma. Claro que voy a ayudarte. ?Que quieres que haga?
– Nada. El abogado planteara el caso ante el tribunal, siempre y cuando le des permiso.
Jeannie empezo de nuevo a pensar.
– ?No es un poco arriesgado? Quiero decir que supongo que a la Universidad Jones Falls le notificaran nuestra peticion. Y Berrington sabra entonces donde esta la lista. Y se apoderara de ella antes de que nosotros podamos recuperarla.
– Tienes razon, maldita sea. Espera un momento, que se lo digo.
Al cabo de unos instantes sono otra voz por el telefono.
– Aqui Runciman Brewer, doctora Ferrami, en estos momentos estamos conferenciando con Steve. ?Donde se encuentran esos datos?
– En un cajon de mi mesa, grabados en un disquete con el rotulo de COMPRAS.LST.
– Podemos solicitar que se nos permita acceder a su despacho sin especificar que estamos buscando.
– Me temo que, en ese caso, borraran toda la informacion de mi ordenador y de todos los disquetes.
– No se me ocurre ninguna idea mejor.
– Lo que necesitamos es un ladron profesional -oyo que decia Steve.
– ?Oh, Dios mio! -exclamo Jeannie.
– ?Que?
Papa.
– ?Que ocurre, doctora Ferrami? -pregunto el abogado.
– ?Puede retener esa solicitud al tribunal? -dijo Jeannie.
– Si. De todas formas, no empezaria a rodar hasta el lunes. ?Por que?
– Acabo de tener una idea. Veamos si la puedo poner en practica. Si no me resulta factible, la semana que viene nos lanzaremos por el camino de la legalidad. ?Steve?
– Aqui estoy todavia.
– Llamame luego.
– Cuenta con ello.
Jeannie colgo.
Su padre podia colarse en el despacho. En aquel momento se encontraba en casa de Patty. Estaba sin blanca, asi que no podia ir a ninguna parte. Y tenia una deuda con ella. Oh, vamos, se lo debia.
Si lograba encontrar al tercer gemelo, Steve quedaria libre de toda sospecha. Y si le fuera posible demostrar al mundo lo que Berrington y sus camaradas habian hecho en los anos setenta, tal vez ella recuperara su empleo.
?Podia pedirle a su padre que hiciera aquello? Iba en contra de la ley. Si las cosas salian mal, el podia acabar en la carcel. Claro que estaba arriesgandose continuamente; pero en esa ocasion seria por culpa de ella. Trato de convencerse de que no lo atraparian.
Sono el timbre de la entrada. Jeannie cogio el telefonillo.
– ?Si?
– ?Jeannie?
Era una voz familiar.
– Si -contesto-. ?Quien es?
– Will Temple.
– ?Will?
– Te envie una nota por correo electronico, ?no la recibiste?
?Que diablos estaba haciendo Will Temple alli?
– Pasa -permitio Jeannie, y pulso el boton.
Subio la escalera vestido con pantalones de dril marron y polo de color azul marino. Llevaba el pelo corto, y aunque conservaba la barba rubia que tanto le gustaba a Jeannie, en vez de larga y revuelta como la lucia entonces ahora era una barba de chivo bien cuidada y recortada. La heredera le habia obligado a cambiar de imagen.
Jeannie no le permitio que la besara en la mejilla; le habia hecho demasiado dano. Tendio la mano a Will invitandole a estrecharsela y nada mas.
– Esto si que es una sorpresa -dijo-. Hace dos dias que no puedo recoger mi correo electronico.
– Asisto a una conferencia en Washington -explico Will-. Alquile un coche y me vine para aca.
– ?Quieres un poco de cafe?
– Seguro.
– Sientate.
Jeannie empezo a preparar el cafe. Will miro a su alrededor.
– Bonito apartamento.
– Gracias.
– Diferente.
– Quieres decir distinto a nuestro antiguo domicilio.
El salon de su piso de Minneapolis era un espacio amplio y desordenado, repleto de sofas, guitarras, ruedas de bicicleta y raquetas de tenis. Aquella sala que ocupaba Jeannie ahora era en comparacion un modelo de armonia.
– Supongo que reaccione contra todo aquel caos.
– En aquella epoca parecia gustarte.
– Entonces, si. Las cosas cambian.
Will asintio y enfoco otro tema de conversacion.
– He leido lo que dicen de ti en el
– Pero me lo dedicaron especialmente. Hoy me han despedido.
– ?No!
Jeannie sirvio cafe, se sento frente a Will y le conto el desarrollo de la audiencia. Cuando hubo terminado, Will quiso saber:
– Ese muchacho, Steve… ?vas en serio con el?
– No lo se. Tengo una mentalidad liberal.
– ?No salis en plan formal?
– No, a pesar de que el si quiere hacerlo, y la verdad es que el chico me va. ?Sigues tu con Georgina Tinkerton Ross?
– No. -Will meneo la cabeza pesarosamente-. En realidad, Jeannie, he venido a decirte que romper contigo es la mayor equivocacion que he cometido en mi vida.
A Jeannie le conmovio sobremanera la tristeza que denotaba. Una parte de ella se sentia complacida por el hecho de que todavia lamentase haberla perdido, pero tampoco deseaba que Will fuese desdichado.
– Fuiste lo mejor que me ha ocurrido nunca -confeso Will-. Eres fuerte, pero tambien buena. E inteligente: tengo que tener a alguien inteligente. Nos compenetrabamos. Nos queriamos.
– Me dolio mucho en aquellos dias -dijo Jeannie-. Pero ya lo he superado.
– Yo no estoy muy seguro de poder decir lo mismo.
Jeannie le dirigio una mirada apreciativa. Era alto y corpulento no tan guapo como Steve, pero atractivo de un modo algo mas tosco. Jeannie tanteo su libido, como un medico que palpara una contusion, pero no hubo
