respuesta, alli no quedaba el menor rastro del agobiante deseo fisico que en otro tiempo le inspiraba el robusto cuerpo de Will.

Habia ido a pedirle que volviese con el, eso estaba claro. Y Jeannie sabia cual era la contestacion. Ya no le deseaba. Habia llegado con una semana de retraso, mas o menos.

Seria mucho mas clemente evitarle el mal trago de la humillacion que representaria el que se declarase y luego rechazarle. Jeannie se levanto.

– Will, tengo algo importante que hacer y he de salir zumbando Me gustaria haber recibido tus mensajes, en cuyo caso tal vez hubieramos podido pasar mas tiempo juntos.

Will capto la indirecta implicita en aquellas palabras y su semblante se entristecio un poco mas.

– Mala suerte -dijo. Se puso en pie.

Jeannie le tendio la mano, decidida, para el apreton de despedida. -Gracias por dejarte caer por aqui.

El hombre tiro de ella para darle un beso. Jeannie le ofrecio la mejilla. Will la rozo suavemente con los labios y deshizo el abrazo.

– Desearia poder reescribir el guion -comento contrito-. Pondria un final mas feliz.

– Adios, Will.

– Adios, Jeannie.

Ella siguio mirandolo mientras Will bajaba la escalera y salia por la puerta.

Sono el telefono. Jeannie descolgo.

– Digame.

– Que te despidan no es lo peor que puede pasarte.

Era un hombre; la voz se oia ligeramente sofocada, como si hablase a traves de algo colocado sobre el microfono para disimularla.

– ?Quien es? -pregunto Jeannie.

– Deja de meter las narices en lo que no te importa.

?Quien demonios era aquel individuo? ?A que venia aquello?

– El que te abordo en Filadelfia se suponia que iba a matarte.

Jeannie contuvo el aliento. De subito se sintio muy asustada.

La voz continuo:

– Se embarullo un poco y estropeo el asunto. Pero puede volver a visitarte.

– ?Oh, Dios!… -musito Jeannie.

– Andate con ojo.

Se produjo un clic y luego el zumbido de tono. El hombre habia colgado. Jeannie hizo lo propio y se quedo con la vista clavada en el telefono.

Nunca la habia amenazado nadie con matarla. Era espantoso saber que otro ser humano deseaba poner fin a su vida. Estaba paralizada. «?Que se espera que hagas?»

Se sento en el sofa y lucho para recobrar su fuerza de voluntad. Tuvo la impresion de que se venia abajo y de que optaria por abandonar. Se sentia demasiado apaleada y magullada para seguir contendiendo con aquellos oscuros y poderosos enemigos. Eran demasiado fuertes. Podian conseguir que la despidieran, ordenar que la atacasen, registrar su despacho, sustraerle el correo electronico; parecian estar en condiciones de hacer cualquier cosa. Quiza, realmente, podian incluso matarla.

?Era tan injusto! ?Que derecho les asistia? Ella era una buena cientifica y habian aniquilado su carrera. Deseaban ver a Steve encarcelado por la violacion de Lisa. La estaban amenazando a ella de muerte. Empezo a hervirle la sangre. ?Quienes se creian que eran? No iba a permitir que le destrozasen la vida unos canallas arrogantes que creian poder manipularlo todo en beneficio propio y pisotear a todos los demas. Cuanto mas pensaba en ello, mayor era su indignacion. No voy a permitirles ganar esta batalla, se dijo. Tengo capacidad para hacerles dano…, debo tenerla, porque, de no ser asi, no hubieran considerado necesario advertirme y amenazar con matarme. Y voy a hacer uso de ese poder. Me tiene sin cuidado lo que me pueda ocurrir, siempre y cuando les ponga las cosas dificiles a esos individuos. Soy inteligente, estoy decidida a todo y soy Jeannie Ferrami, asi que mucho cuidado, el que avisa no es traidor, hijos de mala madre, que ahi voy yo.

41

El padre de Jeannie estaba sentado en el sofa del desordenado salon de Patty, con una taza de cafe en el regazo, mientras veia Hospital General y daba buena cuenta de un trozo de pastel de zanahoria.

Al entrar alli y verle, a Jeannie se le subio la sangre a la cabeza.

– ?Como pudiste hacer una cosa asi? -vocifero-. ?Como pudiste robar a tu propia hija?

El hombre se puso en pie tan bruscamente que derramo el cafe y se le escapo de la mano el pastel.

Patty entro inmediatamente despues de Jeannie.

– Por favor, no hagas una escena -rogo su hermana-. Zip esta a punto de llegar a casa.

– Lo siento, Jeannie -hablo el padre-, estoy avergonzado.

Patty se arrodillo y empezo a limpiar el cafe del suelo con un punado de Kleenex. En la pantalla, un apuesto doctor con bata de cirujano besaba a una mujer preciosa.

– ?Sabes que estoy sin blanca! -insistio Jeannie en sus gritos-. Sabes que estoy intentando reunir el dinero suficiente para ingresar en una residencia decente a mama… ?tu esposa! ?Y a pesar de todo, vas y me robas mi jodido televisor!

– ?No deberias emplear ese lenguaje!…

– ?Jesus, dame fuerzas!

– Lo siento.

– No lo entiendo. Sencillamente, no lo entiendo.

– Dejale en paz, Jeannie -tercio Patty.

– Pero es que tengo que saberlo. ?Como pudiste hacerme una cosa como esa?

– Esta bien, te lo dire -replico el padre, con un repentino acceso de energia que sorprendio a Jeannie-. Te dire por que lo hice. Porque perdi las agallas. -Se le llenaron los ojos de lagrimas-. Robe a mi propia hija porque estoy demasiado asustado para robar a cualquier otra persona, ahora ya lo sabes.

Su aspecto era tan patetico que la colera de Jeannie se evaporo automaticamente.

– ?Oh, papa, lo siento! -dijo-. Sientate, traere la aspiradora.

Recogio la volcada taza de cafe y la llevo a la cocina. Volvio con la aspiradora y limpio las migas de pastel. Patty acabo de eliminar del suelo las manchas de cafe.

– No os merezco, chicas, lo se -reconocio el padre, al tiempo que se sentaba de nuevo.

– Te traere otra taza de cafe -ofrecio Patty.

El cirujano del televisor decia: «Vayamonos, tu y yo solos, a algun lugar maravilloso», y la beldad respondia: «?Y tu esposa?», lo que obligaba al medico a poner una cara muy larga. Jeannie apago el aparato y se sento junto a su padre.

– ?Que has querido dar a entender cuando dijiste que has perdido las agallas? -pregunto, curiosa-. ?Que ha pasado?

El hombre suspiro.

– Cuando sali de la carcel fui a echarle un vistazo, en plan reconocimiento del terreno, a un edificio de Georgetown. Se trataba de un pequeno negocio, una sociedad de arquitectos que acababa de reequipar completamente su estudio con algo asi como quince o veinte ordenadores personales y otros aparatos por el estilo, impresoras y maquinas de fax. El tipo que suministro el equipo me dio el soplo y me propuso el asunto: iba a comprarme los aparatos y se los volveria a vender a la empresa cuando cobrara el dinero del seguro. El golpe me proporcionaria diez mil dolares.

– No quiero que mis chicos oigan esto -dijo Patty.

Se cercioro de que no estaban en el pasillo y cerro la puerta del salon.

– ?Que salio mal? -le pregunto Jeannie a su padre.

– Lleve la furgoneta, en marcha atras, a la parte posterior del edificio, desconecte la alarma antirrobo y abri la puerta del anden de carga. Entonces empece a pensar en lo que ocurriria si apareciese por alli un poli. En los

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