Los guardias corrieron por el pasillo hacia ella. Eran dos hombres de poco menos de sesenta anos, probablemente policias retirados.
Jeannie tenia la garganta seca y le costaba un trabajo improbo respirar.
– Buenas noches -dijo-. ?En que puedo servirles, caballeros?
El ruido de la alarma cubrio el temblor de su voz.
– Se ha disparado una alarma en el edificio -informo uno.
Era una estupidez decir aquello, pero Jeannie lo paso por alto.
– ?Creen que hay un intruso?
– Es muy posible. ?Ha visto u oido algo fuera de lo normal, profesora?
Los guardias daban por sentado que era miembro del claustro de la universidad, lo cual le beneficiaba.
– La verdad es que me parecio oir ruido de cristales rotos. Me parecio que venia del piso de arriba, aunque no estoy segura.
Los guardias intercambiaron una mirada.
– Lo comprobaremos -dijo uno.
El otro era mas desconfiado.
– ?Puedo preguntarle que lleva en el bolsillo?
– Unos papeles.
– Evidente. ?Me permite verlos?
Jeannie no estaba dispuesta a entregarselos a nadie; eran demasiado preciosos. Improvisando, fingio estar de acuerdo y luego cambiar de idea.
– Claro -articulo, y se los saco del bolsillo. Luego los doblo y los volvio a poner donde los habia sacado-. Pensandolo bien, creo que no, no le voy a permitir verlos. Son personales.
– Debo insistir. Durante nuestra formacion se nos dijo que en un lugar como este los papeles pueden ser tan valiosos como cualquier otra cosa.
– Me temo que no voy a permitirle leer mi correspondencia particular solo porque se haya disparado una alarma en un edificio de la universidad.
– En tal caso, no tengo mas remedio que pedirle que me acompane a nuestra oficina de seguridad y hable con mi supervisor.
– Esta bien -fingio avenirse Jeannie-. Les espero fuera.
De espaldas, retrocedio rapidamente, cruzo la puerta y se precipito escaleras abajo.
Los guardias corrieron tras ella.
– ?Aguarde!
Se dejo alcanzar por ellos en el vestibulo de la planta baja. Uno la cogio de un brazo mientras el otro abria la puerta. Salieron al aire libre.
– No hace falta que me sujete asi.
– Lo prefiero -repuso el guardia.
Resoplaba como consecuencia del esfuerzo de la persecucion por la escalera.
Jeannie habia estado alli antes. Agarro la muneca de la mano que la retenia y apreto con todas sus fuerzas. El guardia se quejo:
– ?Ay! -Y la solto.
Jeannie se lanzo pies para que os quiero.
– ?Eh! ?So zorra! ?Alto!
Emprendieron la persecucion.
No contaban con la mas remota posibilidad. Jeannie era veinticinco anos mas joven que ellos y estaba tan preparada como un caballo de carreras. A medida que sacaba ventaja a los dos hombres se alejaba de ellos, el miedo iba abandonandola. Corrio como el viento, sin dejar de reirse. La persiguieron durante unos metros luego abandonaron la empresa. Jeannie volvio la cabeza y los vio doblados sobre si mismos, jadeantes.
Siguio corriendo hasta el aparcamiento.
Su padre la esperaba junto al coche. Jeannie abrio el vehiculo y subieron. Atraveso el aparcamiento con los faros apagados.
– Lo siento, Jeannie -se lamento el padre-. Pense que aunque fuese incapaz de hacerlo por mi, quiza podria hacerlo por ti. Pero es inutil. Lo he perdido. No volvere a robar nunca mas.
– ?Esa es una noticia estupenda! -dijo Jeannie-. ?Y he conseguido lo que queria!
– Quisiera haber sido mejor padre para ti. Me parece que ya es demasiado tarde para empezar a serlo.
Jeannie condujo a traves del campus y, al desembocar en la calle, encendio los faros.
– No es demasiado tarde, papa. Realmente no lo es.
– Tal vez. Lo intente por ti, de todas formas lo intente, ?verdad?
– ?Lo intentaste y lo conseguiste! Me facilitaste la entrada. Yo sola no lo hubiera podido hacer.
– Si, supongo que tienes razon.
Jeannie volvio a casa velozmente. Se moria de ganas de comprobar el numero de telefono de la lista impresa. Si lo habian cambiado, tendria un problema. Deseaba oir la voz de Wayne Stattner.
En cuanto entro en su apartamento fue derecha al telefono y marco el numero.
Respondio una voz masculina:
– ?Diga?
Una simple palabra no le permitio llegar a ninguna conclusion.
– ?Podria hablar con Wayne Stattner, por favor? -pregunto.
– Desde luego, Wayne al aparato, ?quien le llama?
Sonaba exactamente igual que la voz de Steve. Cabron de mierda, ?por que me rasgaste los pantis? Contuvo su resentimiento y dijo:
– Senor Stattner, pertenezco a una empresa de investigacion de mercado que le ha elegido a usted como beneficiario de una oferta muy especial que…
– ?Vayase a la mierda y muerase! -solto Wayne, y colgo.
– Es el -dijo Jeannie a su padre-. Incluso tiene el mismo timbre de voz que Steve, solo que Steve es mucho mas educado.
En pocas palabras explico a su padre toda la historia. El hombre la cogio a grandes rasgos y le parecio algo asi como sorprendente.
– ?Que vas a hacer ahora?
– Llamar a la policia.
Marco el numero de la Unidad de Delitos Sexuales y pregunto por la sargento Delaware.
Su padre sacudio la cabeza estupefacto.
– Me va a costar Dios y ayuda acostumbrarme a la idea de colaborar con la policia. Te garantizo que confio en que esa sargento sea distinta a todos los detectives con los que me he tropezado.
– Creo que probablemente lo es…
No esperaba encontrar a Mish en su despacho: eran las nueve de la noche. Su intencion consistia en dejarle un recado para que se lo transmitieran. Por suerte, sin embargo, Mish se encontraba aun en el edificio.
– Estaba poniendo al dia mi papeleo burocratico -explico-. ?Que sucede?
– Steve Logan y Dennis Pinker no son gemelos.
– Pero crei…
– Son trillizos.
Hubo una larga pausa. Cuando Mish volvio a hablar, su tono era cauteloso.
– ?Como lo sabes?
– ?Recuerdas que te conte como di con Steve y Dennis… a traves de la revision de una base de datos, buscando parejas con historia les semejantes?
– Si.
– Esta semana repase el archivo de huellas dactilares del FBI en busca de huellas que fueran similares. En el programa me han salido Steve, Dennis y un tercer individuo en un grupo.
– ?Tienen huellas dactilares identicas?
– Identicas con exactitud, no. Similares. Pero acabo de llamar al tercer sujeto. Su voz era igual que la de Steve. Estoy dispuesta a apostarme el cuello a que se parecen como dos gotas de agua. Debes creerme,
