El pie de la foto decia: «El empresario de clubes nocturnos de Nueva York, Wayne Stattner, felicita a su antigua amante Salina Jones tras recibir esta en Hollywood, el domingo por la noche, el Emmy por Too Many Cooks.

Como coartada no podia ser mas inexpugnable.

?Como era posible?

– Bien, senor Stattner -dijo Mish-, no es preciso que le robemos mas tiempo.

– ?Que pensaban que pude haber hecho?

– Investigamos una violacion que tuvo lugar en Baltimore el domingo por la noche.

– Yo no estaba -dijo Wayne.

Mish miro la crucifixion y el muchacho siguio la direccion de sus ojos.

– Todas mis victimas son voluntarias -declaro Wayne, y dedico a Mish una larga y sugestiva mirada.

La detective se sonrojo y dio media vuelta.

Jeannie estaba desolada. Todas sus esperanzas se habian volatilizado. Pero su cerebro continuaba trabajando y cuando se disponian a salir, dijo:

– ?Puedo preguntarle una cosa?

– Faltaria mas -accedio Wayne, siempre atento.

– ?Tiene hermanos o hermanas?

– Soy hijo unico.

– En la epoca en que usted nacio, su padre estaba en el ejercito ?me equivoco?

– No, era instructor de pilotos de helicoptero en Fort Bragg. ?Como pudo adivinarlo?

– ?Sabe usted si su madre tenia dificultades para concebir?

– Son preguntas muy extranas para una agente de policia.

– La doctora Ferrami -explico Mish- es una cientifica de la Universidad Jones Falls. Sus investigaciones estan directamente relacionadas con el caso en que trabajo.

– ?Le dijo alguna vez su madre -pregunto Jeannie- que recibiera tratamiento de fertilidad?

– A mi no.

– ?Le importaria si se lo preguntara?

– Esta muerta.

– Lo lamento. ?Y su padre?

Wayne se encogio de hombros.

– Podria usted llamarle.

– Me gustaria.

– Reside en Miami. Le dare el numero.

Jeannie le tendio una pluma. Wayne escribio un numero en una pagina de la revista People y rasgo la esquina.

Fueron hacia la puerta.

– Gracias por su colaboracion, senor Stattner -dijo Herb.

– A su disposicion en todo momento.

Mientras bajaban en el ascensor, Jeannie dijo desconsolada:

– ?Crees en su coartada?

– La comprobare -repuso Mish-. Pero tiene todo el aspecto de ser solida.

Jeannie sacudio la cabeza.

– No puedo creer que sea inocente.

– Es tan culpable como Satanas… pero no de esto.

44

Steve aguardaba junto al telefono. Permanecia sentado en la amplia cocina de la casa de sus padres en Georgetown y, a la espera de la llamada de Jeannie, se dedico a observar como preparaba su madre el rollo de carne picada. Steve se pregunto si Jeannie y la sargento Delaware encontrarian a Wayne Stattner en sus senas de Nueva York. Se pregunto tambien si el sospechoso confesaria haber violado a Lisa Hoxton.

La madre cortaba cebollas. Se habia quedado aturdida y atonita cuando le dijeron por primera vez lo que le hicieron en la Clinica Aventina en diciembre de 1972. En realidad no acababa de creerselo, pero lo habia aceptado provisionalmente, para no estropear el argumento, mientras hablaban con el abogado. La noche anterior, Steve estuvo hasta muy tarde sentado con sus padres, comentando la extrana historia. La madre se indigno; el que unos medicos experimentasen con pacientes sin permiso de estos era algo que la ponia furiosa. Uno de los caballos de batalla de su columna, al que aludia con frecuencia, era el derecho de las mujeres a controlar su propio cuerpo.

Sorprendentemente, el padre se lo tomo con mas calma. Steve hubiera esperado de el una reaccion mas energica ante el aspecto descabellado de todo aquel asunto. Pero el padre se manifesto infatigablemente racional, le dio vueltas y vueltas a la logica de Jeannie, especulo con otras explicaciones posibles del fenomeno de los trillizos y al final llego a la conclusion de que probablemente la muchacha estaria en lo cierto. No obstante, reaccionar con tranquilidad formaba parte del codigo del padre. No le indicaba a uno necesariamente lo que el hombre sentia o pensaba en su fuero interno. En aquel preciso instante, el hombre estaba en el jardin, regando apaciblemente un macizo de flores, pero por dentro podia estar a punto de estallar.

La madre empezo a freir las cebollas y a Steve se le hizo la boca agua al percibir el olor.

– Rollos de carne picada con pure de patatas y salsa de tomate -comento-. Uno de mis platos favoritos.

La mujer sonrio.

– Cuando tenias cinco anos me lo pedias a diario.

– Ya me acuerdo. En aquella pequena cocina de Hoover Tower.

– ?Te acuerdas de eso?

– Si. Me acuerdo de la mudanza y de lo extrano que me resulto tener una casa en vez de un piso.

– Eso fue en cuanto empece a ganar dinero con mi primer libro, Que hacer cuando una no puede quedar embarazada. -Suspiro-. Si sale a la luz la verdad acerca de como quede embarazada, ese libro va a parecer un camelo de pronostico.

– Confio en que todas las personas que lo compraron no te exijan que les devuelvas el dinero.

La madre echo la carne picada en la sarten, junto con las cebollas, y se seco las manos.

– Me he pasado toda la noche pensando en todo este asunto y ?sabes una cosa? Me alegro de que me hicieran lo que me hicieron en la Clinica Aventina.

– ?Como es eso? Anoche estabas que te subias por las paredes.

– Y en cierto sentido aun me tiene furiosa el que me manipularan como a un chimpance de laboratorio. Pero he comprendido algo sencillo. Si no hubiesen hecho experimentos conmigo, no te habria alumbrado. Aparte de eso, no importa ninguna otra cosa.

– ?No te importa el que no sea realmente tuyo?

Ella le rodeo con los brazos.

– Eres mio, Steve. Eso nada puede cambiarlo.

Sono el telefono y Steve lo arranco de la horquilla.

– ?Digame!

– Aqui, Jeannie.

– ?Como ha ido todo? -pregunto Steve casi sin aliento-. ?Estaba alli?

– Si, y es tu doble, salvo que lleva el pelo tenido de negro.

– Dios mio… somos tres.

– Si. La madre de Wayne ha muerto, pero acabo de hablar con el padre, que vive en Florida, y me confirmo que su mujer recibio tratamiento en la Clinica Aventina.

Era una buena noticia, pero la voz de Jeannie irradiaba desanimo y Steve controlo su euforia.

– No pareces todo lo animada que deberias.

– Tiene una coartada para el domingo.

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