– ?Mierda! -Las esperanzas de Steve naufragaron de nuevo-. ?Como es posible? ?Que clase de coartada?
– A toda prueba. Estaba en la entrega de los Emmy en Los Angeles. Hay fotografias.
– ?Se dedica al cine?
– Es propietario de clubes nocturnos. Es una celebridad de segunda.
Steve comprendio por que estaba Jeannie tan abatida. Su descubrimiento de Wayne habia sido algo genial…, pero no les permitia avanzar un solo metro. Steve se sintio tan desconcertado como alicaido.
– ?Quien violo a Lisa, pues?
– ?Recuerdas lo que dice Sherlock Holmes? «Una vez has eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que resulte, tiene que ser la verdad.» ?O quizas es Hercules Poirot quien lo dice?
A Steve, el corazon se le habia congelado. ?No creeria Jeannie que fue el, Steve, quien violo a Lisa?
– ?Y cual es la verdad?
– Hay cuatro gemelos.
– ?Cuatrillizos? Jeannie, esto es para volverse loco.
– Exactamente cuatrillizos, no. Me resulta imposible creer que este embrion se dividiera en cuatro por accidente. Tuvo que ser deliberado, parte del experimento.
– ?Eso es posible?
– Lo es en la actualidad. Habras oido hablar de la clonacion. En el decenio de los setenta no pasaba de ser una idea. Pero parece que la Genetico iba varios anos por delante del resto de los que trabajaban en ese campo… tal vez porque actuaban en secreto y podian experimentar con seres humanos.
– Estas diciendo que soy un clon.
– Tienes que serlo. Lo lamento, Steve. Ya se que te estoy dando una noticia desastrosa. Es una suerte que tengas los padres que tienes.
– Si. ?Como es ese chico, Wayne?
– Horroroso. Esta pintando un cuadro que representa a Salina Jones crucificada y desnuda. Yo no veia la hora de salir de aquel apartamento.
Steve guardo silencio. «Uno de mis clones es un asesino; otro, un sadico, y el hipotetico numero cuatro es un violador. ?Eso donde me situa a mi?»
– El concepto clonico -dijo Jeannie- explica tambien por que teneis todos distintas fechas de nacimiento. Los embriones se guardaban en el laboratorio durante diversos periodos de tiempo antes de implantarlos en el utero de las mujeres.
«?Por que tuvo que ocurrirme esto a mi? ?Por que no podia ser yo como todos los demas?»
– Estan cerrando el vuelo, tengo que irme.
– Quiero verte. Me dare un paseo en coche hasta Baltimore.
– Conforme. Adios.
Steve colgo el telefono.
– Lo has pillado, ?no? -le dijo a su madre.
– Si. Ese chico se parece a ti, pero tiene una coartada, de modo que ella cree que debeis de ser cuatro y que, por lo tanto, sois clones.
– Si somos clones, he de ser como ellos.
– No. Tu eres distinto, porque tu eres mio.
– Pero no lo soy. -Vio la contraccion que el dolor disparo a traves de las facciones de su madre, pero el tambien sufria-. Soy hijo de dos perfectos desconocidos seleccionados por los investigadores cientificos al servicio de la Genetico. Esa es mi estirpe.
– Tienes que ser distinto a los demas, puesto que te comportas de una manera distinta.
– Pero ?que demuestra que mi naturaleza sea distinta a la de ellos? ?O es que he aprendido a disimularlo, como un animal domesticado? Lo que soy ?es obra tuya? ?O de la Genetico?
– No lo se, hijo mio -dijo la madre-. Sencillamente, no lo se.
45
Tras ducharse y lavarse la cabeza, Jeannie se pinto los ojos detenidamente. Decidio no pintarse los labios ni aplicarse colorete. Se puso un jersey de color purpura y cuello en uve y unos cenidos pantalones grises. Nada de ropa interior ni de calzado. Se coloco su joya nasal favorita, un pequeno zafiro engastado en plata. La imagen que reflejo el espejo era de sexo en oferta.
– ?A la iglesia, senorita? -dijo en voz alta. Se dedico un guino picaro y paso a la sala de estar.
Su padre habia vuelto a marcharse. Preferia estar en casa de Patty, donde contaba con sus tres nietos para entretenerse. Patty habia ido a recogerle mientras Jeannie estaba en Nueva York.
Ella no tenia nada que hacer, excepto esperar a Steve. Trato de no pensar en la gran desilusion de la jornada. Era suficiente. Tenia hambre; durante todo el dia lo unico que tomo fue cafe. Dudaba entre comer algo o esperar a que llegase Steve. Sonrio al recordar la voracidad con que se desayuno los ocho bollos de canela. ?Eso habia ocurrido el dia anterior? Solo parecia haber pasado una semana.
De pronto se dio cuenta de que no tenia nada en el refrigerador. ?Seria espantoso que llegase Steve y ella no pudiera darle de comer! Se calzo apresuradamente un par de botas Doc Marten y se precipito a la calle. Condujo hasta el 7-Eleven de la esquina de Falls Road y la calle 36 y compro huevos, tocino, leche, una hogaza de pan de siete cereales, ensalada preparada, cerveza Dos Equis, un helado Ben amp;: Jerry's Rainforest Crunch y cuatro paquetes mas de bollos de canela congelados.
Cuando se encontraba en la caja se le ocurrio que cabia la posibilidad de que Steve se presentase mientras ella estaba ausente. ?Incluso podia marcharse otra vez! Salio de la tienda con los brazos cargados de comestibles y condujo de vuelta a casa como una posesa, imaginandose a Steve aguardandola impaciente en la puerta del edificio.
No habia nadie delante de su casa ni el menor rastro del herrumbroso Datsun. Subio al piso y puso en el refrigerador todo lo que habia comprado. Saco los huevos del envase de carton y los coloco en la bandeja, abrio el paquete de seis botellines de cerveza, lleno el deposito de la cafetera y la dejo a punto de preparar el cafe. Luego volvio a quedarse sin nada que hacer.
Se le ocurrio que estaba comportandose de una manera atipica. Hasta entonces, nunca se habia preocupado de si un hombre pudiera tener o no tener hambre. Su actitud normal, incluso con Will Temple, consistio siempre en dar por supuesto que si el tenia apetito, con prepararse algo personalmente, listo, y si la nevera estaba vacia, el mismo deberia bajar a la tienda y, si la encontraba cerrada, buscar otra que estuviese abierta. Pero ahora se veia dominada por un ataque de espiritu casero. Steve le habia causado un impacto mucho mas fuerte que ningun otro hombre, a pesar incluso de que solo lo conocia desde hacia poco…
El timbre de la puerta de la calle retumbo como un estallido.
Jeannie se puso en pie de un salto, con el corazon bailandole en el pecho, y articulo por el interfono:
– ?Si?
– ?Jeannie? Soy Steve.
Apreto el boton que abria la puerta. Permanecio inmovil un momento, sintiendose muy tonta. Se comportaba como una adolescente. Vio a Steve subir la escalera con su camiseta de manga corta y sus holgados pantalones. El rostro del muchacho reflejaba el dolor y la decepcion de las ultimas veinticuatro horas. Le echo los brazos al cuello y lo oprimio con fuerza contra si. El robusto cuerpo del chico estaba rigido y tenso.
Le condujo al salon. Steve se sento en el sofa y Jeannie encendio la cafetera. Se sentia muy unida a el. No habian hecho lo que se considera normal: salir, ir a restaurantes y al cine juntos, que era el plan que siempre se habia trazado Jeannie para conocer a un hombre. En vez de eso, lucharon hombro con hombro en varias batallas, trataron de resolver misterios juntos y juntos se vieron acosados por enemigos medio ocultos. Lo cual hizo que su amistad se fraguara con extraordinaria rapidez.
– ?Quieres cafe?
– Preferiria hacer manitas -dijo Steve.
Jeannie se sento a su lado en el sofa y le tomo la mano. Steve se inclino hacia ella. La muchacha alzo la cara y Steve la beso en la boca. Era su primer beso autentico. Jeannie le apreto la mano y entreabrio los labios. El
