sabor de la boca de Steve le hizo pensar en humo de madera. Durante unos segundos, su pasion se extravio mientras ella trataba de determinar si se habia limpiado los dientes; pero enseguida recordo que si lo habia hecho y entonces se relajo. Steve le acariciaba los pechos por encima de la lana del jersey: aquellas manos enormes eran sorprendentemente delicadas. Jeannie le imito, deslizando las palmas de sus manos sobre el pecho de Steve.
Se calento el ambiente a velocidad de vertigo.
Steve se retiro para mirarla. Contemplo el rostro de Jeannie como si quisiera grabar a fuego en su memoria las facciones de la muchacha.
Paso la yema de los dedos por las cejas, los pomulos, la punta de la nariz y los labios de Jeannie con tanta suavidad como si temiera romper algo. Sacudio la cabeza ligeramente de un lado a otro, como si no pudiera creer lo que veia.
Jeannie percibio en su mirada un profundo anhelo. Aquel hombre la deseaba con todo su ser. Y el mismo afan se apodero de ella. La pasion estallo como un repentino viento del sur, abrasador y tempestuoso. Jeannie tuvo la sensacion de que se fundia en su ser, algo que no experimentaba desde hacia ano y medio. De pronto, lo deseo todo: el cuerpo de Steve encima del suyo, la lengua de Steve dentro de su boca y las manos de Steve por todas partes.
Tomo la cabeza del muchacho, atrajo su rostro y le beso de nuevo, esa vez con la boca abierta. Se echo hacia atras en el sofa hasta que el cuerpo de Steve se encontro medio tendido sobre el suyo, con el peso del chico oprimiendole el pecho.
Al cabo de un momento, Jeannie le empujo, jadeante, y dijo:
– Al dormitorio.
Se zafo de el y le precedio camino de la alcoba. Se quito el jersey pasandoselo por encima de la cabeza y lo arrojo al suelo. Steve entro en el cuarto y cerro la puerta a su espalda con el talon. Al verla desnuda, se desprendio de la camiseta con rapido movimiento.
Todos hacen lo mismo, penso Jeannie. Todos cierran la puerta con el talon.
Steve se descalzo, se solto el cinturon y se quito los pantalones azules. Su cuerpo era perfecto, hombros anchos, pecho, musculos y caderas estrechas enfundadas en calzoncillos blancos.
«Pero ?cual de ellos es?»
Steve avanzo hacia ella y Jeannie retrocedio dos pasos.
Aquel individuo dijo por telefono: «Puedo volver a visitarte».
Steve fruncio el entrecejo.
– ?Que ocurre?
Jeannie estaba repentinamente asustada.
– No puedo hacerlo -dijo.
Steve respiro hondo y expulso el aire con fuerza.
– ?Estupendo! -exclamo. Desvio la mirada-. ?Esta si que es buena!
Jeannie cruzo los brazos sobre el pecho, cubriendose los senos.
– No se quien eres.
Steve comprendio.
– ?Oh, Dios mio! -Se sento en la cama, de espaldas a ella, y sus amplios hombros se inclinaron con desanimo. Pero podia tratarse de una actuacion teatral-. Crees que soy el que conociste en Filadelfia.
– Crei que el era Steve.
– Pero ?por que iba a fingir que era yo?
– Eso no importa.
– El no lo hubiera hecho solo con la esperanza de echar un polvo furtivo -dijo Steve-. Mis dobles tienen modos muy peculiares de gozarla, pero este no figura en su repertorio. Si el quisiera follarte te amenazaria con un cuchillo, te rasgaria las medias o prenderia fuego al edificio, ?no te parece?
– Recibi una llamada telefonica -explico Jeannie, temblorosa- Anonima. Dijo: «El que te abordo en Filadelfia se suponia que iba a matarte. Se embarullo un poco y estropeo el asunto. Pero puede volver a visitarte». Por eso tienes que marcharte ahora.
Recogio el jersey del suelo y se lo puso precipitadamente. No la hizo sentirse ni tanto asi mas segura.
Habia compasion en los ojos de Steve.
– Pobre Jeannie -dijo-. Esos cabrones te han metido el miedo en el cuerpo. Lo siento. Se levanto y se puso los pantalones.
De pronto, Jeannie tuvo la certeza de que estaba equivocada. El clon de Filadelfia, el violador, nunca hubiera vuelto a vestirse en aquella situacion. La habria arrojado encima de la cama, le habria arrancado la ropa e intentado tomarla por la fuerza. Este hombre era diferente. Era Steve. Sintio un casi irresistible deseo de echarse en sus brazos y hacer el amor con el.
– Steve…
El sonrio.
– Soy yo.
Pero ?no seria ese el proposito de su actuacion? Una vez hubiera ganado su confianza, estuviesen desnudos en la cama y el tendido encima, ?no cambiaria y revelaria su verdadera naturaleza, la naturaleza que se perecia por ver a las mujeres aterrorizadas y sumidas en el dolor? La sacudio un estremecimiento de panico.
No estaba bien. Desvio la mirada.
– Vale mas que te vayas -dijo.
– Podrias preguntarme cosas.
– Vale. ?Donde vi a Steve por primera vez?
– En la pista de tenis.
Era la contestacion correcta. Pero los dos, Steve y el violador, estaban aquel dia en la Universidad Jones Falls.
– Preguntame otra cosa.
– ?Cuantos bollos de canela se comio Steve el viernes por la manana?
Steve sonrio.
– Ocho. Me averguenza confesarlo.
Jeannie sacudio la cabeza, desconfiadamente. -Puede que hayan puesto microfonos ocultos en esta casa. Registraron mi despacho y descargaron mi correo electronico. Es posible que nos esten escuchando en este momento. No es bueno. No conozco a Steve Logan hasta ese punto, y lo que yo se otros tambien pueden saberlo.
– Supongo que tienes razon -convino Steve, y se puso de nuevo la camiseta de manga corta.
Se sento en la cama y se calzo los zapatos. Jeannie se fue al salon, ya que no deseaba seguir en el dormitorio viendo como se vestia. ?Estaba cometiendo un terrible error? ?O era el acto mas inteligente de cuantos jamas habia realizado? Sintio el dolor de la privacion en los rinones; deseaba desesperadamente hacer el amor con Steve. Sin embargo, el pensamiento de encontrarse en la cama con alguien como Wayne Stattner la hacia temblar de miedo.
Steve salio del dormitorio, completamente vestido. Jeannie le miro a los ojos, busco en ellos algo, algun detalle que aclarara sus dudas, pero no lo encontro. “No se quien eres, ?sencillamente no lo se!”
Steve le leyo el pensamiento. -Es inutil, no puedo sacarte de dudas. La confianza es la confianza, y cuando se pierde se ha perdido. -Dejo ver momentaneamente su resentimiento-. ?Que jarro de agua fria, que jodido jarro de agua fria!
Su rabia aterro a Jeannie. Ella era fuerte, pero Steve lo era mas. Deseo verle fuera del piso, y rapido.
Steve noto su perentoriedad.
– De acuerdo, ya me voy -dijo. Se encamino a la puerta-. Te daras cuenta de que el no se marcharia.
Ella asintio con la cabeza.
– Pero hasta que no haya salido de aqui -Steve expreso en palabras lo que Jeannie estaba pensando- no puedes estar segura. Y si me voy y luego vuelvo, eso tampoco contaria. Para que sepas que soy yo, tengo que marcharme de verdad.
Ahora tenia la plena certeza de que aquel era Steve, pero las dudas reaparecerian a menos que se fuera real y definitivamente.
