personalmente.
– Dalo por hecho.
Jeannie se mordio la lengua para no intervenir: «?Por el amor de Dios, vayamos a lo nuestro!».
Entraron en el edificio y subieron al ultimo piso en un ascensor lentisimo.
– Un apartamento por planta -informo Herb-. Es un sospechoso con pasta. ?Que hizo?
– Violacion -dijo Mish.
El ascensor se detuvo. La puerta se abria directamente a otra puerta, de forma que no podian apearse hasta que esa otra puerta la del piso, se abriera. Mish pulso el timbre. Sucedio un largo silencio. Herb mantuvo abiertas las puertas del ascensor. Jeannie rezo para que Wayne no se hubiera ido a pasar fuera de la ciudad el fin de semana; ella no resistiria la decepcion. Mish volvio a llamar mantuvo el dedo sin levantarlo del timbre.
Por fin llego una voz del interior:
– ?Quien cono llama?
Era el. La voz congelo de horror a Jeannie.
– Policia -dijo Herb-, esa es el cono que llama. Abra la puerta.
Wayne Stattner cambio el tono:
– Por favor, muestre su tarjeta de identidad delante del panel de cristal que tiene frente a usted.
Herb puso su insignia delante de la mirilla.
– Muy bien, un momento.
Eso es, penso Jeannie. Ahora voy a echarle la vista encima.
Abrio la puerta un joven despeinado y descalzo, envuelto en un ajado albornoz negro de felpa.
Jeannie le miro con fijeza, desorientada. Era el doble de Steve…, salvo que tenia el pelo negro.
– ?Wayne Stattner? -pregunto Herb.
– Si.
Debio de tenirselo, penso Jeannie. Debio de tenirselo ayer o el jueves por la noche.
– Soy el detective Herb Reitz, de la comisaria numero uno.
– Siempre he colaborado con la policia, Herb -dijo Wayne. Miro a Mish y a Jeannie. Esta no capto el mas leve aleteo de reconocimiento en su rostro-. ?No quieren pasar?
Entraron. El recibidor, carente de ventanas, estaba pintado de negro, con tres puertas rojas. En un rincon se erguia un esqueleto humano del tipo de los que se suelen usar en las escuelas de medicina, pero aquel tenia la boca amordazada con un panuelo escarlata y unas esposas de acero de la policia sujetaban los huesos de sus munecas.
Wayne los condujo por una de las puertas rojas a un desvan espacioso y de techo alto. Negras cortinas de terciopelo cubrian las ventanas y lamparas de pie iluminaban la estancia. Una bandera nazi de tamano natural ocupaba una pared. Una coleccion de latigos llenaban un paraguero, expuestos bajo la luz de un foco. Una gran pintura al oleo, que representaba una crucifixion, descansaba en un caballete de pintor; al acercarse, Jeannie vio que la figura crucificada no era Cristo, sino una voluptuosa mujer de larga cabellera rubia. Se estremecio de asco.
Aquel era el hogar de un sadico: no podria resultar mas evidente ni aunque lo anunciaran en la puerta con un letrero.
Herb miraba a su alrededor, asombrado.
– ?Que hace usted para ganarse la vida, senor Stattner?
– Soy propietario de dos clubes nocturnos de Nueva York. Con franqueza, precisamente ese es el motivo por el que siempre estoy tan predispuesto a cooperar con la policia. He de tener las manos inmaculadamente limpias, con vistas al negocio.
Herb chasqueo los dedos.
– Naturalmente, senor Stattner. Lei algo sobre usted en un articulo de la revista New York. «Jovenes millonarios de Manhattan.» Debi haber reconocido el nombre.
– ?No quieren sentarse?
Jeannie echo a andar hacia un asiento y luego vio que se trataba de una silla electrica de las que se emplean en las ejecuciones. Opto por cambiar de destino, hizo una mueca y se sento en otra.
– Le presento a la sargento Michelle Delaware, de la policia de la ciudad de Baltimore -dijo Herb.
– ?Baltimore? -Wayne se manifesto sorprendido. Jeannie no le quitaba ojo, por si en su rostro aparecia algun indicio de miedo, pero parecia buen actor. Stattner pregunto, sarcastico-: Pero ?se cometen delitos en Baltimore?
– Se ha tenido el pelo, ?verdad? -tercio Jeannie.
Mish le disparo una centelleante mirada de fastidio. Jeannie estaba alli para observar, no para interrogar al sospechoso.
Sin embargo a Wayne no le importo la pregunta.
– Muy lista al notarlo.
Tenia yo razon, penso Jeannie, exultante. Es el. Al mirarle las manos las recordo mientras le desgarraban a ella la ropa. Tu lo hiciste, hijo de perra, penso.
– ?Cuando se lo tino? -insistio.
– Cuando tenia quince anos -respondio Stattner.
«Embustero.»
– El negro siempre ha estado de moda, desde que tengo uso de razon.
«Tu pelo era rubio el jueves, cuando pusiste tus manazas en mi falda, y el domingo, cuando violaste a mi amiga Lisa en el gimnasio de la Universidad Jones Falls.»
Pero ?por que esta mintiendo? ?Sabia que teniamos un sospechoso de pelo rubio?
– ?A que viene todo esto? -dijo Stattner-. ?El color de mi pelo es una pista? Adoro los misterios.
– No le entretendremos mucho tiempo -manifesto Mish vivamente-. Solo necesitamos saber donde estaba usted el domingo pasado, a las ocho de la tarde.
Jeannie se pregunto si tendria coartada. Para el habria sido facilisimo declarar que estuvo jugando a las cartas con algunos tipos de los bajos fondos, a los que luego pagaria para que confirmasen sus palabras, o decir que habia estado en la cama con alguna furcia, lo cual perjuraria lo que fuese a cambio de un chute de droga.
Pero, ante la sorpresa de Jeannie, el muchacho dijo: -Eso es facil. Estaba en California.
– ?Alguien puede corroborarlo?
Se echo a reir.
– Mas o menos, un millon de personas, supongo.
Jeannie empezo a presentir la catastrofe. No era posible que contase con una verdadera coartada. Tenia que ser el violador.
– ?Que quiere decir? -pregunto Mish.
– Asistia a los Emmy.
Jeannie recordo que el televisor de la habitacion que ocupaba Lisa en el hospital retransmitia la cena de los Premios Emmy ?Como podia ser que Wayne hubiese estado en la ceremonia? Dificilmente habria podido presentarse en el aeropuerto en el tiempo que tardo Jeannie en llegar al hospital.
– No obtuve ningun premio, naturalmente -anadio-. No estoy en ese negocio. Pero si se lo dieron a Salina Jones, y es una vieja amiga.
Lanzo un vistazo hacia la pintura al oleo y Jeannie comparendo que la mujer del cuadro era la actriz que interpretaba el papel de Babe, la hija del quisquilloso Brian, el del restaurante de la comedia Too Many Cooks. Sin duda habia posado.
– Salina gano el premio a la mejor actriz de comedia -informo Wayne-, y la bese en ambas mejillas cuando bajo del escenario con el trofeo en la mano. Fue un momento divino, que las camaras de television captaron y difundieron al instante por todo el mundo. Lo tengo en video. Y hay una foto en el numero de la revista People de esta semana.
Senalo una revista que estaba encima de una carpeta.
Jeannie la cogio. Habia en ella un retrato de Wayne, increiblemente elegante con su esmoquin, besando a Salina mientras la muchacha sostenia la estatuilla del Emmy.
El pelo de Wayne era negro.
