Era demasiado peligroso. Harry carecia de experiencia en ese campo. Si intentaba cambiar los bonos, le atraparian. Los dejo a un lado de mala gana.
El otro objeto escondido era la cartera de piel, similar a la utilizada por los hombres, pero algo mas grande. Harry la despego.
Parecia una cartera para guardar joyas.
Se cerraba con una cremallera. La abrio.
Delante de sus ojos, sobre el forro de terciopelo negro, estaba el conjunto Delhi.
Daba la impresion de que brillaba en la penumbra de la bodega como los vitrales de una catedral. El rojo profundo de los rubies alternaba con los destellos arcoirisados de los diamantes. Las piedras eran enormes, exquisitamente cortadas y perfectamente aparejadas, dispuesta cada una sobre una base de oro y rodeadas de delicados petalos dorados. Harry estaba anonadado.
Cogio el collar con solemnidad y dejo que las piedras se deslizaran entre sus dedos como agua de colores. Era extrano que algo pudiera combinar un aspecto tan calido con un tacto tan frio, penso. Era la joya mas hermosa que jamas habia sostenido en sus manos, tal vez la mas hermosa que se habia creado.
Iba a cambiar su vida.
Dejo el collar al cabo de uno o dos minutos y examino el resto del juego. El brazalete era igual que el collar; alternaba rubies y diamantes, aunque las piedras eran, en proporcion, mas pequenas. Los pendientes eran particularmente delicados; cada uno tenia un rubi a modo de boton, y el colgante consistia en una serie de diminutos diamantes y rubies engarzados en una cadena de oro; cada piedra era una version en miniatura de la misma montura en forma de petalo dorado.
Harry imagino el juego sobre el cuerpo de Margaret. El rojo y el dorado resaltarian de una manera asombrosa sobre su piel palida. Me gustaria verla cubierta solo con esto, penso, y experimento al instante una potente ereccion.
No estaba seguro de cuanto tiempo llevaba sentado en el suelo, contemplando las piedras preciosas, cuando oyo que alguien se acercaba.
El primer pensamiento que cruzo por su mente fue que se trataba del ayudante del mecanico, pero los pasos sonaban de forma diferente: impertinentes, agresivos, autoritarios…, oficiales.
El temor le embargo de subito, su estomago se encogio, apreto los dientes y cerro los punos.
Los pasos se acercaron a toda velocidad. Harry empujo los cajones, devolvio a su sitio el sobre de los bonos y cerro el baul. Estaba escondiendo el conjunto Delhi en el bolsillo cuando la puerta de la bodega se abrio.
Se agazapo detras del baul.
Siguio un largo momento de silencio. Experimento la horrorosa sensacion de haber procedido con excesiva lentitud, de que el tio le habia visto. Capto el sonido de una respiracion apresurada, como si un hombre gordo hubiera subido por la escalera corriendo. ?Entraria el tipo a echar un vistazo, o que? Harry contuvo el aliento. La puerta se cerro.
?Habia salido el hombre? Harry aguzo el oido. Ya no escucho la respiracion. Se puso en pie poco a poco y asomo la cabeza. El hombre se habia ido.
Suspiro de alivio.
?Que estaba pasando?
Sospechaba que aquellos pasos pesados y aquella respiracion agitada pertenecian a un policia. ?O tal vez a un inspector de aduanas? Quiza se trataba de una simple comprobacion de rutina.
Se dirigio a la puerta y la abrio unos centimetros. Oyo voces ahogadas procedentes de la cabina de vuelo, pero parecia que afuera no habia nadie. Salio y se pego a la puerta de la cabina de vuelo. Estaba entreabierta, y oyo dos voces masculinas.
– Ese tio no esta en el avion.
– Tiene que estar. No ha bajado.
Harry reconocio los acentos como canadienses. ?De quien estaban hablando?
– Quiza salio despues que los demas.
– ?Y a donde ha ido? No se ha localizado en ninguna parte. ?Se habria escapado Frankie Gordino?, se pregunto Harry.
– ?Quien es, en cualquier caso?
– Dicen que es un «socio» del gangster que va en el avion.
Por lo tanto, Gordino no habia huido, pero alguien de su banda viajaba a bordo, habia sido descubierto y se habia dado a la fuga. ?Cual de los, en apariencia, respetables viajeros era?
– Ser socio no es ningun delito, ?verdad?
– No, pero viaja con pasaporte falso.
Un escalofrio recorrio a Harry. El tambien viajaba con pasaporte falso. ?No le estarian buscando a el?
– Bien, ?que hacemos ahora?
– Informar al sargento Morris.
Al cabo de un momento, el espantoso pensamiento de que le buscaban a el cruzo por la mente de Harry. Si la policia habia averiguado, o adivinado, que un pasajero pensaba rescatar a Gordino, verificaria la lista de los pasajeros, y no tardaria en descubrir que Harry Vandenpost habia denunciado el robo de su pasaporte en Londres dos anos antes, y entonces bastaria con llamar a su casa para descubrir que no se encontraba en el
No, se dijo, no precipites las conclusiones. Tal vez exista otra explicacion.
Una tercera voz se unio a la conversacion.
– ?A quien estais buscando, muchachos?
Parecia el ayudante del mecanico, Mickey Finn.
– El tipo utiliza el nombre de Harry Vandenpost, pero no es el.
Ya estaba claro. Harry experimento una viva conmocion. Le habian descubierto. La vision de la casa de campo con pista de tenis se desvanecio como una foto antigua, y en su lugar aparecio un Londres tenebroso, un tribunal, una celda y despues, por fin, un barracon del ejercito. La peor suerte de la que habia oido hablar.
– Sabeis, le encontre husmeando por aqui mientras haciamos escala en Botwood -dijo Mickey Finn.
– Bueno, ahora no esta aqui.
– ?Estais seguros?
Metete la lengua en el culo, Mickey, penso Harry.
– Hemos mirado por todas partes.
– ?Habeis registrado los controles mecanicos?
– ?Donde estan?
– En las alas.
– Si, miramos en las alas.
– ?Llegasteis hasta el final? Es posible esconderse sin ser visto desde la cabina.
– Sera mejor que volvamos a mirar.
Estos dos policias parecian un poco tontos, penso Harry.
Era dudoso que su sargento confiara mucho en ellos. Si tenia algo de sentido comun ordenaria un nuevo registro del avion. Y la proxima vez mirarian detras del baul. ?Donde podia esconderse Harry?
Habia varios escondrijos, pero la tripulacion conoceria su existencia. Un registro a fondo deberia incluir el compartimento de proa, los lavabos, las alas y el angosto hueco de la cola. Cualquier otro lugar que Harry fuera capaz de encontrar seria conocido por la tripulacion.
Estaba atrapado.
?Podria huir? Tal vez tuviera la oportunidad de salir a hurtadillas del avion y huir a lo largo de la playa. Una oportunidad remota, pero era mejor que rendirse. Pero, aun en el caso de que pudiera llegar a la aldea sin ser visto, ?a donde iria? Su facilidad de palabra le sacaria de cualquier apuro en una ciudad, pero tenia la sensacion de que se encontraba muy lejos de una. En pleno campo, estaba perdido. Necesitaba multitudes, callejones, estaciones de tren y tiendas. Suponia que Canada era un pais enorme, compuesto en su mayoria de arboles.
No habria problemas si conseguia llegar a Nueva York. Pero ?donde se esconderia en el interin?
Oyo que los policias salian de las alas. Para mayor seguridad, retrocedio al interior de la bodega…
