Mark no cedio ni un milimetro.

– Olvidelo. No tiene ningun derecho sobre ella, asi que no trate de inventarse uno. Y no me llame chico, abuelito.

– No empeceis -intervino Diana-. Mervyn, si tienes algo que decir, hazlo, y no intentes escurrir el bulto.

– Muy bien, muy bien, no es tan complicado -respiro hondo-. No voy a interponerme en tu camino. Te pedia que volvieras conmigo y te negaste. Si crees que este tipo va a triunfar donde yo fracase, haciendote feliz, buena suerte a los dos. Os deseo lo mejor -hizo una pausa y les miro-. Eso es todo.

Se produjo un momento de silencio. Mark quiso decir algo, pero Diana se le adelanto.

– ?Maldito hipocrita! -habia comprendido en un instante lo que pasaba en realidad por la cabeza de Mervyn, y se quedo sorprendida por la furia de su reaccion-. ?Como te atreves?

– ?Como? ?Por que…? -balbuceo Mervyn, estupefacto.

– Eso de que no te vas a interponer en nuestro camino es pura mierda. No nos desees suerte, como si estuvieras haciendo un sacrificio. Te conozco demasiado bien, Mervyn Lovesey. ?Solo renuncias a algo cuando ya no lo quieres! -Se dio cuenta de que todo el compartimento escuchaba avidamente, pero estaba demasiado enfurecida para tenerlo en cuenta-. Se lo que estas planeando. Te lo has pasado de miedo con la viuda esta noche, ?verdad?

– ?No!

– ?No? -ella le examino con atencion. Tal vez decia la verdad-. Falto poco, ?verdad? -Leyo en su rostro que esta vez habia acertado-. Te has enamorado de ella, y a ella le gustas, y ahora ya no me quieres… Esa es la verdad, ?no? ?Admitelo!

– No admitire algo semejante…

– Porque no tienes valor para ser sincero, pero yo se la verdad y todo el mundo en el avion la sospecha. Me has decepcionado, Mervyn. Creia que tenias mas redanos.

– ?Redanos!

Le habia ofendido.

– Exacto. Te has inventado una lamentable historia acerca de no interponerte en nuestro camino. Bien, te has ablandado… ?Los sesos se te han ablandado! ?No naci ayer, y no puedes enganarme tan facilmente!

– Muy bien, muy bien -dijo Mervyn, levantando las manos en un gesto defensivo-. Te he ofrecido la paz y la has rechazado. Haz lo que te de la gana -se puso en pie-. Por la forma en que hablas, cualquiera diria que soy yo quien se ha fugado con su amante -se encamino a la puerta-. Avisame cuando te vayas a casar. Te enviare un cuchillo de pescado.

Salio.

– ?Bien! -La sangre aun hervia en las venas de Diana-. ?Vaya cara!

Miro a los demas pasajeros. La princesa Lavinia aparto la vista con aire altivo, Lulu Bell sonrio, Ollis Field fruncio el ceno, expresando su desaprobacion, y Frankie Gordino dijo:

– ?Buena chica!

Por fin miro a Mark, preguntandose que pensaba de la interpretacion de Mervyn y de su estallido. Sorprendida, vio que sonreia ampliamente. Su sonrisa se le contagio.

– ?Que te divierte tanto? -pregunto.

– Has estado magnifica -contesto Mark-. Estoy orgulloso de ti. Y complacido.

– ?Por que complacido?

– Te has enfrentado a Mervyn por primera vez en tu vida.

?Era verdad? Diana supuso que si.

– Imagino que si.

– Ya no estas asustada de el, ?verdad?

Diana reflexiono.

– Tienes razon; ya no lo estoy.

– ?Te das cuenta de lo que eso significa?

– Significa que no estoy asustada de el.

– Significa mas que eso. Significa que ya no le quieres.

– ?Tu crees? -pregunto, pensativa. No habia parado de decirse que habia dejado de querer a Mervyn hacia siglos, pero ahora investigo en el fondo de su corazon y comprendio que no era cierto. Todo el verano, incluso cuando le era infiel, habia seguido siendo su esclava. Mervyn habia continuado ejerciendo influencia sobre ella incluso despues de que le abandonara. Los remordimientos la habian asaltado en el avion, hasta el punto de pensar en volver a su lado. Pero ya no.

– ?Como te sentaria que se liara con la viuda? -pregunto Mark.

– ?Que mas me da? -replico, sin pensar.

– ?Lo ves?

Diana lanzo una carcajada.

– Tienes razon. Por fin se ha terminado.

24

Cuando el clipper inicio el descenso hacia la bahia de Shediac, en el golfo de San Lorenzo, Harry se estaba replanteando el robo de las joyas de lady Oxenford.

Margaret habia debilitado su determinacion. Dormir con ella en una cama del Waldorf Astoria, despertar y pedir que les subieran el desayuno a la habitacion valia mas que las joyas. Por otra parte, tambien deseaba ir a Boston con ella y vivir en un piso, ayudarla a ser una persona independiente y llegar a conocerla en profundidad. La excitacion de Margaret era contagiosa, y Harry compartia su emocionada anticipacion de la vida en comun que les aguardaba.

Pero todo eso cambiaria si robaba a su madre.

Shediac era la ultima escala antes de Nueva York. Debia tomar una decision cuanto antes. Seria su ultima oportunidad de introducirse en la bodega.

Se pregunto otra vez si existia alguna forma de quedarse con Margaret y con las joyas. En primer lugar, ?sabria ella que las habia robado? Lady Oxenford descubriria su ausencia cuando abriera el baul, probablemente en el Waldorf, pero nadie sabria si las joyas habian sido robadas en el avion, o antes, o despues. Margaret sabia que Harry era un ladron, y sospecharia de el. Si el lo negaba, ?le creeria? Tal vez.

Y luego, ?que? ?Vivirian como pobres en Boston mientras guardaba en el banco cien mil dolares! No seria por mucho tiempo. Margaret encontraria alguna manera de volver a Inglaterra y alistarse en el ejercito, y el iria a Canada para ser piloto de caza. La guerra se prolongaria uno o dos anos, quiza mas. Cuando terminara, regresaria para sacar el dinero del banco y comprar la casa de campo, y tal vez Margaret fuera a vivir con el…, y entonces sabria de donde habia salido el dinero.

Pasara lo que pasara, tarde o temprano se lo diria. Pero quiza seria mejor tarde que temprano.

Tendria que darle alguna excusa por quedarse a bordo del avion en Shediac. No podia decirle que se encontraba mal, porque ella querria hacerle compania, y lo estropearia todo. Debia procurar que bajara a tierra y le dejara solo.

La miro. Estaba abrochandose el cinturon de seguridad sobre el estomago. En su imaginacion la recreo desnuda, en la misma postura, sus pechos desnudos banados por la luz que penetraba por las ventanas, una mata de vello castano brotando de entre sus muslos, sus largas piernas estiradas sobre el suelo. ?No era una idiotez perderla por un punado de rubies?, penso.

Claro que se no se trataba de un punado de rubies, sino del conjunto Delhi, valorado en cien de los grandes, suficiente para que Harry se convirtiera en lo que siempre habia deseado ser: un caballero.

De todos modos, jugueteo con la idea de contarselo ahora. «Voy a robar las joyas de tu madre, ?te importa?» Tal vez respondiera: «Buena idea, la vieja vaca no ha hecho nada para merecerlas». No, Margaret no reaccionaria de esta forma. Se consideraba radical, y creia en la redistribucion de la riqueza, pero todo en teoria. Se sentiria conmovida en lo mas hondo si el desposeia a su familia de alguna de sus pertenencias. Se lo tomaria como algo personal, y sus sentimientos hacia el cambiarian.

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