Y se encontro de narices ante la solucion de su problema. Se esconderia en el baul de lady Oxenford.
?Cabria dentro? Eso pensaba. Debia medir metro y medio de alto, sesenta centimetros de ancho y otros tantos de fondo; vacio, cabian dos personas en su interior. No estaba vacio, claro: tendria que hacerse sitio sacando algunas prendas de ropa. ?Que haria con ellas? No podia dejarlas tiradas alrededor. Las amontonaria en su maleta, que llevaba bastante vacia.
Debia darse prisa.
Se arrastro sobre el equipaje amontonado y se apodero de su maleta. La abrio a toda prisa y embutio en su interior las chaquetas y vestidos de lady Oxenford. Tuvo que sentarse sobre la tapa para volver a cerrarla.
Ya podia meterse en el baul. Se podia cerrar desde dentro con razonable facilidad. ?Podria respirar cuando estuviera cerrado? No se quedaria mucho tiempo; a pesar del reducido espacio, sobreviviria.
?Observarian los policias que los cierres estaban sueltos? Tal vez. ?Podria cerrarlos desde dentro? Parecia dificil. Reflexiono sobre el problema durante unos instantes. Si practicaba agujeros en el baul cerca de los cierres, tal vez lograria introducir la navaja y manipular los cierres. Y esos mismos agujeros le proporcionarian aire.
Saco la navaja. El baul estaba hecho de madera recubierta de piel. Sobre la piel habia dibujadas flores de color dorado. Como todas las navajas, contaba con un utensilio puntiagudo para extraer piedras de los cascos de los caballos. Apoyo la punta sobre una de las flores y empujo. Penetro en la piel con suma facilidad, pero la madera era mas dura. Tiro adelante y atras. La madera media unos seis milimetros de espesor, calculo. Le costo un par de minutos perforarla.
Saco la punta. La configuracion del dibujo impedia que el agujero se viera.
Se metio en el baul. Comprobo con alivio que podia abrir y cerrar el cierre desde el interior.
Habia dos cierres en la parte superior y tres en el costado. Trabajo primero en los de arriba, porque eran los mas visibles. Cuando termino, volvio a escuchar pasos.
Entro en el baul y lo cerro.
Esta vez no le resulto tan facil manipular los cierres, porque debia proceder con las piernas dobladas, pero lo logro al final.
Se sintio terriblemente incomodo pasados uno o dos minutos. Se retorcio y doblo, sin exito. Tendria que padecer.
Su respiracion resonaba. Los ruidos procedentes del exterior llegaban ahogados. Sin embargo, oyo pasos ante la puerta de la bodega, tal vez porque no habia alfombra y el puente transmitia las vibraciones. Calculo que habia tres personas afuera, como minimo. No oyo que se abriera o cerrara la puerta, pero capto una pisada mucho mas proxima y supo que alguien habia entrado en la bodega.
De pronto, se oyo una voz a su derecha.
– No entiendo como es posible que ese bastardo se nos haya escapado.
No mires los cierres laterales, por favor, suplico Harry, atemorizado.
Alguien golpeo la parte superior del baul. Harry contuvo la respiracion. Tal vez el tipo habia apoyado el codo encima, penso.
Alguien hablo desde cierta distancia.
– No, no esta en el avion -replico el hombre-. Hemos buscado por todas partes.
El otro volvio a hablar. A Harry le dolian las rodillas. ?Idos a charlar a otro sitio, por el amor de Dios!, penso.
– Bueno, le cazaremos de todos modos. No va a recorrer los doscientos veinticinco kilometros que le separan de la frontera sin que nadie le vea.
?Doscientos veinticinco kilometros! Tardaria una semana en salvar aquella distancia. Quiza pudiera hacer autostop, pero nadie le olvidaria en estos terrenos deserticos.
Se hizo el silencio durante unos segundos. Oyo que los pasos se alejaban.
Espero un rato, sin oir nada.
Saco la navaja, la introdujo por un agujero y solto el cierre.
Esta vez fue mas laborioso. Le dolian tanto las rodillas que se habria desplomado de tener sitio. Se impaciento y ataco sin cesar el agujero. Una horrible claustrofobia se apodero de el y penso «?Me voy a ahogar aqui dentro!». Trato de calmarse. Al cabo de unos instantes domino el panico y manipulo con todo cuidado la navaja hasta trabarla en el cierre. Empujo la hoja. Alzo la anilla metalica, pero resbalo. Apreto los dientes y volvio a probar.
Esta vez, el cierre se solto.
Repitio el proceso con los demas, lenta y penosamente.
Por fin, aparto las dos mitades del baul y se irguio. Noto un insoportable dolor en las rodillas cuando estiro las piernas, y casi chillo. Despues, se suavizo.
?Que iba a hacer?
No podia bajar del avion. Estaria a salvo hasta que llegaran a Nueva York, pero entonces ?que?
Tendria que ocultarse en el avion y escabullirse por la noche.
Quiza lo lograra. De todos modos, no le quedaba otra alternativa. Todo el mundo sabria que el habia robado las joyas de lady Oxenford. Lo mas importante era que Margaret tambien lo sabria. Y no tendria la menor oportunidad de explicarselo.
Cuanto mas meditaba sobre esta posibilidad, mas la detestaba.
Sabia que robar el conjunto Delhi pondria en peligro su relacion con Margaret, pero siempre habia imaginado que le daria una explicacion convincente cuando ella se diera cuenta de lo ocurrido. Ahora, sin embargo, tal vez pasaran dias antes de que se pusiera en contacto con ella, y si las cosas iban mal, si le detenian, pasarian anos.
Adivinaba lo que ella pensaria. El la habia engatusado y seducido, y le habia prometido que la ayudaria a encontrar un nuevo hogar. Todo habia sido una vulgar estratagema para robar las joyas de su madre, plantandola a continuacion. Margaret pensaria que lo unico que habia deseado desde el primer momento eran las joyas. Le destrozaria el corazon, y ella le odiaria y despreciaria.
La idea le afligio hasta extremos inconcebibles.
Hasta este momento no se habia dado cuenta de lo mucho que Margaret habia logrado cambiarle. Su amor por el era autentico. Toda su vida era un fraude: su acento, sus modales, sus ropas, toda su forma de vivir era un disfraz. Sin embargo, Margaret se habia enamorado del ladron, del chico de clase obrera huerfano de padre, el Harry real. Era lo mejor que le habia pasado en toda su vida. Si lo desechaba, su vida siempre seria como ahora, una combinacion de fingimiento y falta de honradez. Margaret habia conseguido que el deseara algo mas. Aun confiaba en comprar la casa de campo con pista de tenis, pero no le satisfaria hasta que Margaret viviera en ella.
Suspiro. Harry ya no era un muchacho. Tal vez se estaba haciendo hombre.
Abrio el baul de lady Oxenford. Saco del bolsillo la cartera de piel que contenia el conjunto Delhi.
Abrio la cartera y saco las joyas una vez mas. Los rubies brillaban como fuegos artificiales. Quiza no vuelva a verlos nunca mas, penso.
Devolvio las joyas a la cartera. Despues, apesadumbrado, coloco la cartera en el baul de lady Oxenford.
25
Nancy Lenehan estaba sentada en el malecon, en el extremo que limitaba con la orilla, frente a la terminal aerea. El edificio recordaba una casa de la playa, con macetas de flores en las ventanas y toldos sobre estas. Sin embargo, una antena de radio que se alzaba detras de la casa y una torre de observacion que sobresalia del tejado revelaban su autentico cometido.
Mervyn Lovesey estaba sentado a su lado, en otra tumbona de lona a rayas. El agua lamia el malecon, provocando un sonido calmante, y Nancy cerro los ojos. No habia dormido mucho. Una leve sonrisa se insinuo en las comisuras de su boca, al recordar como se habian comportado Mervyn y ella por la noche. Se alegro de no haber llegado hasta el final con el. Demasiado rapido. Ahora, ya tenia algo en que pensar.
Shediac era un pueblo pesquero y un lugar de veraneo. Al oeste del malecon se abria una bahia iluminada por el sol, en la que flotaban varios langosteros, algunos yates y dos aviones, el
