Nancy suspiro. Al fin y al cabo, era su hermano pequeno. Se levanto.
El le dedico una sonrisa radiante.
Caminaron hacia el extremo del malecon que limitaba con la parte de tierra, cruzaron la via del tren y bajaron hacia la playa. Nancy se quito los zapatos de tacon alto y camino sobre la arena en medias. La brisa agito el pelo rubio de Peter y Nancy observo, sorprendida, que comenzaba a ralear en las sienes. Se pregunto por que no se habia dado cuenta antes, y comprendio que se peinaba de forma que no se notara. Se sintio vieja.
No habia nadie cerca, pero Peter siguio en silencio durante un rato, hasta que Nancy hablo por fin.
– Danny Riley me dijo algo muy extrano. Segun el, papa planeo todo para que tu y yo nos pelearamos.
Peter fruncio el ceno.
– ?Por que iba a hacerlo?
– Para endurecernos.
Peter lanzo una aspera carcajada.
– ?Lo crees?
– Si.
– Supongo que yo tambien.
– He decidido que no vivire el resto de mis dias obedeciendo al capricho de papa.
Peter asintio con la cabeza.
– ?Que significa eso? -pregunto.
– Aun no lo se. Tal vez acepte la oferta de Nat y fusione nuestra empresa con la suya.
– Ya no es «nuestra» empresa, Nan. Es tuya.
Ella le miro con atencion. ?Era sincero? Se creyo mezquina por mostrarse tan suspicaz. Decidio concederle el beneficio de la duda.
– He comprendido que no sirvo para los negocios -prosiguio Peter con aparente sinceridad-. Voy a dejarlo en manos de gente capacitada como tu.
– ?Y que vas a hacer?
– Tal vez compre esa casa. -Pasaban frente a una atractiva casita pintada de blanco, con postigos verdes-. Tendre mucho tiempo libre para ir de vacaciones.
Nancy experimento cierta compasion por el.
– Es una casa bonita -dijo-. ?Esta en venta?
– Hay un cartel al otro lado. Estuve antes fisgoneando. Ven a ver.
Rodearon la casa. La puerta y los postigos estaban cerrados, y no pudieron ver las habitaciones, pero su aspecto era esplendido desde fuera. Tenia una amplia terraza con una hamaca, una pista de tenis en el jardin y un pequeno edificio sin ventanas al otro lado. Nancy supuso que en el guardaban la barca.
– Podrias comprarte una barca -dijo. A Peter siempre le habia gustado navegar.
Una puerta lateral del cobertizo estaba abierta. Peter entro. Nancy le oyo exclamar:
– ?Santo Dios!
Nancy cruzo el umbral y escudrino la oscuridad.
– ?Que pasa? -pregunto, nerviosa-. Peter, ?estas bien?
Peter aparecio por detras y le agarro el brazo. Una repulsiva sonrisa de triunfo se dibujo por una fraccion de segundo en su cara, y Nancy supo que habia cometido una terrible equivocacion. El le retorcio el brazo con violencia, obligandola a adentrarse en el cobertizo. Tropezo, grito, dejo caer los zapatos y el bolso, y se derrumbo sobre el polvoriento suelo.
– ?Peter! -grito furiosa. Escucho tres rapidos pasos, el ruido de la puerta al cerrarse, y se hizo la oscuridad mas absoluta-. ?Peter? -grito, asustada. Se puso en pie. La puerta recibio un golpe, como si la estuvieran atrancando-. ?Peter! -chillo-. ?Di algo!
No hubo respuesta.
Un terror histerico estrangulo su garganta y quiso gritar de miedo. Se llevo la mano a la boca y se mordio el nudillo del pulgar. Al cabo de unos instantes, el panico empezo a desaparecer.
De pie en la oscuridad, ciega y desorientada, comprendio que Peter lo habia planeado todo desde el principio: habia descubierto la casa vacia, con su providencial cobertizo para la barca, la habia atraido con enganos hacia ella, encerrandola en el interior, a fin de que perdiera el avion y no llegara a tiempo de votar en la junta de accionistas. Su arrepentimiento, sus disculpas, su decision de abandonar los negocios, su dolorosa sinceridad, todo habia sido falso de principio a fin. Habia evocado cinicamente su ninez para ablandarla. Nancy habia confiado en el una vez mas; el la habia traicionado una vez mas. Era mas que suficiente para provocar su llanto.
Se mordio el labio y considero la situacion. Cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra distinguio una linea de luz por debajo de la puerta. Se acerco, extendiendo las manos hacia adelante. Llego a la puerta, palpo la pared a ambos lados y encontro un interruptor. Lo conecto y la luz ilumino el cobertizo. Asio el tirador e intento abrirla, sin la menor esperanza. Ni siquiera se movio: Peter la habia atrancado bien. Aplico el hombro a la hoja y empujo con todas sus fuerzas, pero la puerta resistio.
Los codos y las rodillas le dolian a causa de la caida, y se habia roto las medias.
– Cerdo -mascullo al ausente Peter.
Se puso los zapatos, recogio el bolso y miro a su alrededor. Un gran velero acomodado sobre una plataforma provista de ruedas ocupaba casi todo el espacio. El mastil estaba sujeto a un gancho del techo, y las velas se veian dobladas pulcramente sobre la cubierta. Habia una amplia puerta en la parte delantera del cobertizo. Nancy la examino y descubrio, como sospechaba, que estaba bien cerrada.
La casa se hallaba algo apartada de la playa, pero cabia la posibilidad de que los pasajeros del
Tanto la puerta principal como la lateral eran solidas y estaban bien encajadas en el marco, pero tal vez pudiera forzarlas con una palanca o algo por el estilo. Paseo la vista en torno suyo. El propietario era un hombre ordenado: no guardaba utiles de jardineria en el cobertizo de la barca. No habia palas ni rastrillos.
Volvio a pedir auxilio, y despues trepo a la cubierta del velero, buscando alguna herramienta. Localizo varios armarios, todos cerrados con llave por el celoso propietario. Escruto el cobertizo desde la cubierta, pero no descubrio nada nuevo.
– ;Mierda, mierda, mierda! -exclamo.
Se sento en el puente y medito, desalentada. Hacia mucho frio en el cobertizo, y se alegro de llevar la chaqueta de cachemira. Continuo pidiendo ayuda cada minuto, pero, a medida que transcurria el tiempo, sus esperanzas disminuian. Los pasajeros ya estarian a bordo del clipper. El aparato no tardaria en despegar, abandonandola a su suerte.
Se sorprendio al comprender que perder la empresa era la ultima de sus preocupaciones. ?Y si nadie se acercaba al cobertizo en una semana? Podia morir aqui. El panico se apodero de ella y empezo a chillar sin cesar. Capto una nota de histeria en su voz, lo cual la asusto todavia mas.
Se canso al cabo de un rato, y el agotamiento la sereno. Peter era malvado, pero no un criminal; no dejaria que muriera. Lo mas probable era que telefoneara anonimamente al departamento de policia de Shediac para que la liberaran. Pero no hasta despues de la junta de accionistas, por supuesto. Nancy se dijo que estaba a salvo, pero su inquietud era extrema. ?Y si Peter era peor de lo que pensaba? ?Y si se olvidaba? ?Que ocurriria si caia enfermo o sufria un accidente? ?Quien la salvaria, en ese caso?
Oyo el rugido de los potentes motores del clipper atronando la bahia. El panico dejo paso a una desesperacion total. La habian traicionado y derrotado, y tambien habia perdido a Mervyn, que ahora se encontraria a bordo del avion, esperando el momento del despegue. Tal vez se preguntara, distraido, que le habia pasado, pero como la ultima palabra que Nancy le habia dirigido era «idiota», se imaginaria que habia terminado con el.
Se habia comportado de forma arrogante al dar por sentado que le seguiria a Inglaterra, pero, siendo realista, cualquier hombre supondria lo mismo, y ella se lo habia tomado a la tremenda. Se habian separado con malos modos y nunca volveria a verle. Y la muerte la rondaba.
El ruido de los lejanos motores aumento de intensidad. El clipper estaba despegando. El estruendo persistio durante uno o dos minutos, y despues empezo a disminuir cuando, penso Nancy, el avion gano altura. Ya esta, concluyo: he perdido mi negocio y he perdido a Mervyn, y es probable que muera de hambre en este cobertizo. No, no moriria de hambre, sino de sed, sometida a una espantosa agonia…
