Noto que una lagrima se deslizaba por su mejilla y la seco con el puno de la chaqueta. Tenia que serenarse. Ha de existir una forma de salir de aqui. Se pregunto si podria utilizar el mastil a modo de ariete. Subio al barco. No, el mastil era demasiado pesado para que una sola persona lo manejara. ?Podria practicar un agujero en la puerta? Recordo historias acerca de prisioneros encerrados en mazmorras medievales que aranaban las piedras con sus unas ano tras ano, en un vano intento de escapar. A ella no le quedaban anos, y necesitaba algo mas fuerte que las unas. Rebusco en su bolso. Tenia un pequeno peine de marfil, una barra de carmin rojo brillante casi gastada, una polvera barata que los chicos le habian regalado cuando cumplio treinta anos, un panuelo bordado, el talonario, un billete de cinco libras, varios de cincuenta dolares y una pluma de oro: nada util. Penso en sus ropas. Llevaba un cinturon de piel de cocodrilo con una hebilla chapada en oro. La punta de la hebilla quiza sirviera para rascar la madera que rodeaba la cerradura. Seria un trabajo largo, pero tenia todo el tiempo del mundo.
Bajo del barco y localizo la cerradura de la gran puerta principal. La madera era solida, pero tal vez no seria preciso practicar un agujero de parte a parte; cabia la posibilidad de que se partiera si hacia una hendidura bastante profunda. Volvio a gritar pidiendo ayuda. Nadie respondio.
Se quito el cinturon. Como la falda no iba a sostenerse, se la quito, la doblo y la dejo sobre la regala del velero. Aunque nadie podia verla, se alegraba de llevar unas bonitas bragas adornadas con encaje y unas ligas a juego.
Practico una marca cuadrada alrededor de la cerradura, y despues empezo a ahondarla. El metal de la hebilla no era muy fuerte, y la punta se doblo al cabo de un rato. No obstante, prosiguio su tarea, parando a cada minuto, mas o menos, para gritar. Poco a poco, la marca se transformo en una hendidura. El suelo quedo sembrado de astillas.
La madera de la puerta era suave, quiza a causa de la humedad. Aumento el ritmo y penso que no tardaria en poder salir.
Cuando mas esperanzada se sentia, la punta se rompio.
La recogio del suelo e intento continuar, pero la punta separada de la hebilla resultaba dificil de manejar. Si hacia el agujero mas profundo resbalaria de sus dedos, y si raspaba con suavidad la hendidura no prosperaria. Despues de que se le cayera cinco o seis veces, derramo lagrimas de rabia y golpeo inutilmente la puerta con los punos.
– ?Quien esta ahi? -grito una voz.
Nancy callo y dejo de golpear la puerta. ?Habia oido bien?
– ?Hola! ?Socorro! -chillo.
– Nancy, ?eres tu?
Su corazon dio un vuelco. La voz tenia acento ingles, y ella la reconocio.
– ?Mervyn! ?Gracias a Dios!
– Te estaba buscando. ?Que demonios te ha pasado?
– Dejame salir, ?quieres?
La puerta se sacudio.
– Esta cerrada.
– Ve por el lado.
– Enseguida.
Nancy cruzo el cobertizo y se acerco a la puerta lateral.
– Esta atrancada -oyo que decia Mervyn-. Espera un momento.
Se dio cuenta de que iba en medias y bragas, y cubrio su desnudez con la chaqueta. La puerta se abrio al cabo de un momento, y Nancy se lanzo a los brazos de Mervyn.
– ?Pense que iba a morir aqui! -exclamo, y se puso a llorar sin poder evitarlo.
El la abrazo y le acaricio el pelo.
– Ya paso, ya paso.
– Peter me encerro -sollozo.
– Imagine que habia hecho una de las suyas. Ese hermano tuyo es un autentico hijo de puta, si quieres que te de mi opinion.
A Nancy le traia sin cuidado Peter, porque estaba muy dichosa de ver a Mervyn. Le miro a los ojos a traves de un velo de lagrimas y le beso toda la cara: los ojos, las mejillas, la nariz y, por fin, los labios. De repente, experimento una brutal excitacion. Abrio la boca y le beso con pasion. El la rodeo con sus brazos y la apreto contra si. Nancy se restrego contra el, hambrienta del contacto de su cuerpo. Mervyn deslizo la mano por debajo de la chaqueta, recorrio su espalda y se detuvo, sorprendido, al palpar las bragas. Retrocedio y la contemplo. La chaqueta se habia abierto.
– ?Que le ha pasado a tu falda?
Nancy rio.
– Intente perforar la puerta con la punta de la hebilla del cinturon, y mi falda no se sostenia sin el cinturon, de modo que me la quite…
– Que agradable sorpresa -dijo Mervyn con voz ronca. Le acaricio el culo y los muslos desnudos. Nancy noto el pene erecto contra su estomago. Bajo la mano y lo acaricio.
Un furioso deseo se apodero de ambos en un instante. Ella deseaba hacer el amor de inmediato, y sabia que Mervyn sentia lo mismo. Este se apodero de sus pequenos pechos y Nancy jadeo. Desabrocho los botones de su bragueta e introdujo la mano. Todo el rato, en el fondo de su mente, pensaba: «Podia haber muerto, podia haber muerto», y la idea azuzaba sus desesperadas ansias de satisfaccion. Encontro el pene, cerro la mano sobre el y lo saco. Ambos jadeaban como corredores de fondo. Nancy dio un paso atras y contemplo la gran verga, presa de su pequena mano blanca. Obedeciendo a un impulso irresistible, se inclino y la introdujo en su boca.
Tuvo la sensacion de que la llenaba por completo. Capto un olor semejante al del musgo y noto en la boca un sabor salado. Gruno de extasis; habia olvidado cuanto le gustaba hacer esto. Hubiera continuado chupandola horas y horas, pero Mervyn levanto la cabeza y gimio:
– Basta, antes de que estalle.
Se arrodillo frente a ella y le bajo poco a poco las bragas. Nancy se sintio avergonzada y enardecida al mismo tiempo. Mervyn le beso el vello pubico. Le bajo las bragas hasta los tobillos y Nancy acabo de quitarselas.
Mervyn se irguio y la abrazo de nuevo, y su mano se cerro por fin sobre el sexo de Nancy. Un instante despues, Nancy noto que un dedo la penetraba con suma facilidad. No cesaban de besarse, lenguas y labios trabados en una frenetica lucha, y solo paraban para recuperar el aliento. Pasado un rato, Nancy se aparto y miro a su alrededor.
– ?Donde? -pregunto.
– Pasame los brazos alrededor del cuello.
Ella obedecio. Mervyn coloco las manos debajo de sus muslos y la alzo del suelo sin el menor esfuerzo. La chaqueta de Nancy colgaba detras de ella. Mientras Mervyn la bajaba, Nancy guio su pene hasta sus entranas, y luego paso las piernas alrededor de su cintura.
Se quedaron inmoviles un instante, y Nancy saboreo la sensacion ausente durante tanto tiempo, la confortadora sensacion de total intimidad resultante de tener a un hombre dentro de ella y fundir los dos cuerpos en uno. Era la mejor sensacion del mundo, y penso que debia estar loca por haberla relegado al olvido durante diez anos.
Despues, Nancy empezo a moverse, apretandose contra el y luego apartandose. Oia que Mervyn emitia sonidos guturales: pensar en el placer que le estaba proporcionando todavia la enardecio mas. No sentia la menor verguenza por estar haciendo el amor en esta postura extravagante con un hombre al que apenas conocia. Al principio, se pregunto si podria sostener su peso, pero ella era menuda y el muy grande. Mervyn aferro las nalgas de Nancy y comenzo a moverla, arriba y abajo. Nancy cerro los ojos y saboreo la sensacion del pene entrando y saliendo de su interior, y del clitoris apretado contra el vientre de su amante. Se olvido de preocuparse por su fuerza y se concentro en las sensaciones que estremecian su entrepierna.
Abrio los ojos al cabo de un rato y le miro. Deseaba decirle que le queria, pero algun centinela de su sentido comun le advirtio que todavia no. En cualquier caso, asi lo sentia.
– Te tengo mucho carino -susurro.
Su mirada revelo a Nancy que el la habia entendido. Mervyn murmuro su nombre y empezo a moverse con mas rapidez.
