Nancy Lenehan para que la ayudara.
Papa ya no podria detenerla. Era un fracasado y un exiliado, y habia perdido su poder de coercion sobre ella. Sin embargo, aun temia que perdiera los estribos, como un animal herido y acosado, y cometiera alguna insensatez.
En cuanto el avion alcanzo la altitud de crucero, se desabrocho el cinturon y fue a ver a la senora Lenehan.
Los mozos estaban preparando el comedor para el almuerzo cuando paso. Mas atras, en el compartimento numero 4, Ollis Field y Frank Gordon estaban sentados codo con codo, esposados. Margaret llego a la parte posterior del avion y llamo a la puerta de la suite nupcial. No hubo respuesta. Llamo otra vez y abrio. No habia nadie.
Un terror frio invadio su corazon.
Quiza Nancy habia ido al tocador, pero ?donde estaba el senor Lovesey? Si hubiera ido a la cubierta de vuelo o al lavabo de caballeros, Margaret le habria visto al pasar por el compartimento numero 2. Se quedo de pie en el umbral, con templando la habitacion con el ceno fruncido, como si se ocultaran en algun sitio, pero no habia escondite posible.
Peter, el hermano de Nancy, y su acompanante se encontraban sentados a la derecha de la suite nupcial, frente al tocador.
– ?Donde esta la senora Lenehan? -les pregunto Margaret.
– Decidio quedarse en Shediac -contesto Peter. Margaret dio un respingo.
– ?Que? ?Como lo sabe?
– Me lo dijo.
– Pero ?por que? ?Por que se quedo?
Peter parecio ofenderse.
– No lo se -dijo con frialdad-. No me lo dijo. Se limito a pedirme que informara al capitan de que no pensaba continuar el vuelo.
Margaret sabia que era una groseria seguir interrogandole, pero pese a todo insistio.
– ?A donde fue?
Peter cogio un periodico del asiento contiguo.
– No tengo ni idea -replico, y se puso a leer.
Margaret se sentia desolada. ?Como era posible que Nancy hubiera hecho aquello? Sabia lo mucho que confiaba Margaret en su ayuda. No se habria marchado del avion sin decir nada, o al menos le habria dejado un mensaje.
Margaret miro con fijeza a Peter. Penso que su mirada era huidiza. Tambien parecia que las preguntas le molestaban en exceso.
– Creo que no me esta diciendo la verdad -le espeto, obedeciendo a un impulso.
Era una frase insultante, y contuvo el aliento mientras aguardaba su reaccion.
Peter, ruborizado, levanto la vista.
– Jovencita, ha heredado los malos modales de su padre -dijo-. Larguese, por favor.
Se sintio abatida. Nada era mas detestable a sus ojos que la comparasen con su padre. Se marcho sin decir palabra, a punto de llorar.
Al pasar por el compartimento numero 4 se fijo en Diana Lovesey, la bella esposa de Mervyn. Todo el mundo se habia interesado por el drama de la esposa fugitiva y el marido que la perseguia, drama que se convirtio en vodevil cuando Nancy y Mervyn se vieron obligados a compartir la suite nupcial. Ahora, Margaret se pregunto si Diana estaria enterada de lo ocurrido a su marido. Seria muy embarazoso preguntarselo, desde luego, pero Margaret estaba demasiado desesperada para preocuparse por eso. Se sento al lado de Diana y dijo:
– Perdone, pero ?sabe lo que les ha pasado a la senora Lenehan y al senor Lovesey?
Diana aparento sorpresa.
– ?Pasado? ?No estan en la suite nupcial?
– No… No estan a bordo.
– ?De veras? -Era obvio que Diana se encontraba asombrada y confusa-. ?Como es posible? ?Han perdido el avion?
– El hermano de Nancy me ha dicho que decidieron no continuar el vuelo, pero no le crei.
– Ninguno de los dos me lo comunico -dijo Diana, malhumorada.
Margaret dirigio una mirada interrogativa al acompanante de Diana, el placido Mark.
– A mi no me dijeron nada, desde luego -respondio.
– Espero que esten bien -comento Diana, en un tono de voz diferente.
– ?Que quieres decir, carino? -pregunto Mark.
– No se lo que quiero decir. Solo espero que esten bien.
Margaret se mostro de acuerdo con Diana.
– No confio en el hermano. Creo que no es honrado.
– Es posible que tenga razon -intervino Mark-, pero no podremos hacer nada mientras volemos. Ademas…
– Se que ya no es de mi incumbencia -dijo Diana, irritada-, pero hemos estado casados durante cinco anos y estoy preocupada por el.
– Supongo que nos entregaran un mensaje suyo cuando lleguemos a Port Washington -la calmo Mark.
– Eso espero -dijo Diana.
Davy, el mozo, toco el brazo de Margaret.
– La comida esta servida, lady Margaret, y su familia ya se ha sentado a la mesa.
– Gracias.
Margaret no estaba interesada en la comida, pero la pareja no podia decirle nada mas.
– ?Es usted amiga de la senora Lenehan? -pregunto Diana cuando Margaret se levanto.
– Iba a darme un empleo -respondio la joven con amargura. Se alejo, mordiendose el labio.
Sus padres y Percy ya estaban sentados en el comedor, y habian servido el primer plato: coctel de langosta, preparado con langostas frescas de Shediac. Margaret se sento y se disculpo automaticamente.
– Lamento llegar tarde.
Papa se limito a mirarla.
Jugueteo con la comida. Tenia ganas de apoyar la cabeza en la mesa y derramar abundantes lagrimas. Harry y Nancy la habia abandonado sin previo aviso. Estaba igual que al principio, sin amigos que le ayudaran ni animos para continuar adelante. Era injusto: habia intentado ser como Elizabeth y planificarlo todo, pero su cuidadoso plan se habia venido abajo.
Se llevaron la langosta, sustituida por sopa de rinones. Margaret tomo un sorbo y dejo la cuchara sobre la mesa. Se sentia cansada e irritable. Tenia dolor de cabeza y nada de apetito. El superlujoso
Los demas tambien experimentaban la misma tension. Mama estaba palida y agotada. Papa, con los ojos inyectados en sangre y la respiracion dificultosa, se hallaba al borde del ataque de nervios. Percy se mostraba inquieto y nervioso, como alguien que hubiera tomado demasiado cafe, y no cesaba de lanzar miradas hostiles hacia papa. Margaret tenia la sensacion de que iba a cometer alguna atrocidad de un momento a otro.
Como plato principal podian elegir entre lenguado frito con salsa cardenal, o solomillo de ternera. No le apetecia ninguna de ambas cosas, pero eligio el pescado. La guarnicion consistia en patatas y coles de Bruselas. Pidio a Nicky una copa de vino blanco.
Penso en los espantosos dias que la aguardaban. Se alojaria con papa y mama en el Waldorf, pero Harry no se introduciria a hurtadillas en su cuarto; se tenderia sola en la cama y anhelaria su compania. Tendria que ir con mama a comprar ropa. Despues, todos viajarian a Connecticut. Sin consultarle, inscribirian a Margaret en un club de equitacion y en otro de tenis, y recibiria invitaciones a fiestas. Mama les integraria en un circulo social en un periquete, y no tardarian en aparecer chicos «convenientes» para tornar el te, asistir a fiestas o pasear en bicicleta. ?Como podia participar en esta pantomima, si Inglaterra estaba en guerra? Cuanto mas lo pensaba, mas deprimida se sentia.
