Nancy volvio a cerrar los ojos y solo penso en las oleadas de placer que brotaban del lugar donde sus cuerpos se unian. Oyo su propia voz, como desde una gran distancia, lanzando grititos de placer cada vez que el la excavaba. Respiraba con fuerza, pero sostenia su peso sin la menor senal de cansancio. Nancy noto que el se contenia, esperandola. Penso en la presion que se concentraba en el interior de Mervyn cada vez que ella subia y bajaba las caderas, y esa imagen la arrastro al orgasmo. Todo su cuerpo se estremecio de placer. Grito. Nancy noto que llegaba el momento de Mervyn y le cabalgo como a un caballo salvaje hasta que ambos alcanzaron el climax. El placer se sereno por fin, Mervyn se quedo quieto y ella se derrumbo sobre su pecho.

– Caramba -dijo el, abrazandola con fuerza-, ?siempre te lo tomas asi?

Nancy solto una carcajada, sin aliento. Le gustaban los hombres que la hacian reir.

Por fin, Mervyn la deposito en el suelo. Ella se quedo en pie, temblorosa, apoyandose en el, durante unos minutos. Despues, de mala gana, se vistio.

Se sonrieron durante mucho rato sin hablar. Despues, salieron a la palida luz del sol y caminaron lentamente por la playa en direccion al malecon.

Nancy iba preguntandose si tal vez seria su destino vivir en Inglaterra y casarse con Mervyn. Habia perdido la batalla por el control de la empresa. Ya no llegaria a tiempo de participar en la Junta de accionistas. Peter ganaria la votacion, derrotando a Danny Riley y a tia Tilly, y se llevaria el gato al agua. Penso en sus hijos: ya eran independientes, no era preciso que viviera en funcion de sus necesidades. Ademas, habia descubierto que Mervyn era el amante perfecto que ella necesitaba. Aun se sentia aturdida y un poco debil despues del coito. ?Y que voy a hacer en Inglaterra?, penso. No puedo ser un ama de casa.

Llegaron al malecon y contemplaron la bahia. Nancy se pregunto con cuanta frecuencia salian trenes del pueblo. Iba a proponer que hicieran pesquisas cuando reparo en que Mervyn miraba con insistencia algo en la distancia

– ?Que miras?

– Un Grumann Goose -respondio el, en tono pensativo.

– No veo ningun ganso.

– Aquel pequeno hidroavion se llama Grumann Goose -dijo Mervyn, senalando con el dedo-. Es muy nuevo… Los fabrican desde hace solo dos anos. Son muy veloces, mas veloces que el clipper

Nancy contemplo el hidroavion. Era un monoplano de dos motores y aspecto moderno, provisto de una cabina cerrada. Comprendio lo que el estaba pensando. En un hidroavion podrian llegar a Boston a tiempo para la junta de accionistas.

– ?Podriamos alquilarlo? -pregunto, vacilante, sin atreverse a confiar.

– Eso es justo lo que estaba pensando.

– ?Vamos a preguntarlo!

Nancy se puso a correr por el malecon hacia el edificio de la linea aerea y Mervyn la siguio, alcanzandola sin dificultad gracias a sus largas zancadas. El corazon de Nancy latia violentamente. Aun podia salvar su empresa, pero reprimia su jubilo: siempre podian aparecer problemas.

Entraron en el edificio y un joven con el uniforme de la Pan American les interpelo.

– ?Oigan, han perdido el avion!

– ?Sabe a quien pertenece este pequeno hidroavion: -pregunto Nancy, sin mas preambulos.

– ?El Ganso? Claro que si. Al propietario de una fabrica textil llamado Alfred Southborne.

– ?Lo alquila?

– Si, siempre que puede. ?Quieren alquilarlo?

El corazon de Nancy dio un vuelco.

– ?Si!

– Uno de los pilotos anda por aqui… Vino a echar un vistazo al clipper. -Retrocedio y entro en una habitacion contigua-. Oye, Ned, alguien quiere alquilar tu Ganso.

Ned salio. Era un hombre risueno de unos treinta anos, que llevaba una camisa con hombreras. Les saludo con un movimiento de cabeza.

– Me gustaria ayudarles, pero mi copiloto no esta aqui, y el Ganso necesita dos tripulantes.

Las esperanzas de Nancy se desvanecieron.

– Yo soy piloto -dijo Mervyn.

Ned le miro con escepticismo.

– ?Ha pilotado alguna vez un hidroavion?

Nancy contuvo el aliento.

– Si, el Supermarine -contesto Mervyn.

Nancy nunca habia oido hablar del Supermarine, pero debia ser un aparato de carreras, porque Ned se quedo impresionado.

– ?Corre usted?

– Cuando era joven. Ahora solo vuelo por placer. Tengo un Tiger Moth.

– Bueno, si ha pilotado un Supermarine no tendra ningun problema en ser copiloto del Ganso. Y el senor Southborne estara ausente hasta manana. ?A donde quiere ir.

– A Boston.

– Le costara mil dolares.

– ?No hay problema! -salto Nancy, excitada-. Pero necesitamos marcharnos ahora mismo.

El hombre la miro con cierta sorpresa; habia pensado que era el hombre quien llevaba la voz cantante.

– Saldremos dentro de pocos minutos, senora. ?Como va a pagar?

– Puede elegir entre un talon nominal o pasar la factura a mi empresa en Boston, «Black’s Boots».

– ?Usted trabaja en «Black's Boots»?

– Soy la propietaria.

– ?Oiga, yo gasto sus zapatos!

Nancy bajo la vista. El hombre calzaba el Oxford acabado en punta de 6,95 dolares, color negro, talla 9.

– ?Como le van? -pregunto automaticamente.

– De perlas. Son unos buenos zapatos, pero supongo que usted ya lo sabe.

– Si -sonrio Nancy-. Son unos buenos zapatos.

SEXTA PARTE. De Shediac a la bahia de Fundy

26

Margaret se sentia loca de preocupacion mientras el clipper sobrevolaba Nueva Brunswick en direccion a Nueva York. ?Donde estaba Harry?

La policia habia descubierto que viajaba con pasaporte falso; todos los pasajeros lo sabian. Ignoraba como lo habian averiguado, pero era una pregunta meramente convencional. Lo mas importante era que le harian si le encontraban. Lo mas probable seria que le enviaran de vuelta a Inglaterra donde iria a la carcel por robar aquellos horribles gemelos, o seria reclutado por el ejercito. ?Como podrian reunirse algun dia?

Por lo que ella sabia aun no le habian cogido. La ultima vez que le vio habia entrado en el lavabo de caballeros mientras ella desembarcaba en Shediac. ?Habia sido el principio de un plan para escaparse? ?Ya conocia los problemas que se avecinaban?

La policia habia registrado el avion sin encontrarle: asi que debia de haber bajado en algun momento. ? A donde habia ido? ?Estaria caminando en estos momentos por la estrecha carretera que atravesaba el bosque, intentando autoestop, o se habria embarcado en un pesquero y huido por mar? Independientemente de lo que hubiera hecho, la misma pregunta torturaba a Margaret: ?volveria a verle?

Se dijo una y otra vez que no debia desanimarse. Perder a Harry la hacia sufrir, pero todavia contaba con

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