el responsable era papa.
Papa habia dicho a Nancy que iba a ser su sucesora, y que Peter trabajaria bajo sus ordenes, al tiempo que aseguraba a Peter lo contrario. Por lo tanto, ambos habian creido que iban a dirigir la empresa. Sin embargo, todo se remontaba a mucho tiempo atras. Papa siempre se nego a marcar normas precisas o a definir las areas de responsabilidad. Compraba juguetes para que ambos los compartieran, y luego se negaba a solventar las inevitables disputas. Cuando tuvieron edad de conducir, compro un coche para que ambos lo disfrutaran: habian peleado por ese motivo durante anos.
La estrategia de papa habia sido positiva para Nancy; se habia. convertido en una mujer inteligente y de voluntad ferrea. Por el contrario, Peter habia terminado debil, pusilanime y rencoroso. Ahora, el mas fuerte de los dos iba a tomar el control de la empresa, de acuerdo con el plan de papa.
Y eso era lo que molestaba a Nancy: todo de acuerdo con el plan de papa. Saber que todo cuanto hacia habia sido previsto por otra persona aguaba el sabor de la victoria. Toda su vida le parecia ahora un deber escolar preparado por su padre. Habia logrado matricula de honor, pero cuarenta anos era una edad excesiva para estar en el colegio. Albergaba un violento deseo de fijar ella misma sus propias metas, y tambien de vivir su vida.
De hecho, se hallaba en el momento idoneo para discutir sin prejuicios con Mervyn acerca de su futuro comun, pero el la habia ofendido al suponer que lo dejaria todo y le seguiria al otro extremo del mundo; en lugar de hablar con el, le habia gritado.
No esperaba que se pusiera de rodillas y le propusiera matrimonio, claro, pero…
En el fondo de su corazon, creia que deberia haberle propuesto matrimonio. Al fin y al cabo, ella no era una bohemia; era una mujer norteamericana, procedente de una familia catolica, y si un hombre queria relacionarse con ella, solo habia una forma legitima de hacerlo, y se llamaba matrimonio. Si era incapaz de pedirselo, tampoco debia pedirle otra cosa.
Suspiro. Todo era muy indignante, pero ella le habia ahuyentado. Quiza el enfado no fuera permanente. Lo deseaba con todo su corazon. Ahora que corria el peligro de perder a Mervyn, se daba cuenta de lo mucho que le deseaba.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de otro hombre al que en una ocasion habia ahuyentado: Nat Ridgeway.
Se quedo de pie frente a ella, se quito el sombrero y dijo:
– Por lo visto, me has derrotado… de nuevo.
Ella le miro con atencion durante un momento. Nunca podria haber fundado y levantado una empresa como papa lo habia hecho: carecia del empuje y la vision. Sin embargo, dirigia con suma habilidad una gran organizacion: era inteligente, trabajador y duro.
– Si te sirve de consuelo, Nat -dijo Nancy-, se que cometi una equivocacion hace cinco anos.
– ?Una equivocacion comercial, o personal? -pregunto el; el tono de su voz traiciono cierto resentimiento agazapado.
– Comercial -replico ella. La despedida de Nat habia finalizado un romance que acababa de empezar, pero no queria hablar del tema-. Te felicito por tu matrimonio. He visto una foto de tu mujer. Es muy bonita.
Falso: era atractiva, como maximo.
– Gracias, pero volviendo a los negocios, me ha sorprendido que hayas acudido al chantaje para lograr tus propositos.
– No se trata de una fiesta, sino de una fusion. Me lo dijiste ayer.
–
Su formalidad la impaciento.
– Cono, claro. Trabajamos juntos durante anos, y salimos unas semanas. No tienes que pedirme permiso para sentarte, Nat.
– Gracias -sonrio el hombre. Giro la tumbona de Mervyn para poder mirarla-. Intente apoderarme de «Black’s» sin tu ayuda. Fue una tonteria, y fracase. Deberia haberlo pensado dos veces.
– No hay duda. -Considero la respuesta algo hostil-. Ni tampoco rencor.
– Me alegro de que digas eso… porque aun quiero comprar tu empresa.
Nancy se quedo estupefacta. Habia corrido el peligro de subestimarle. ?No bajes la guardia!, se dijo.
– ?Que tienes en mente?
– Voy a intentarlo otra vez. Hare una oferta mejor la proxima vez, por supuesto. Pero lo mas importante es que quiero tu apoyo…, antes y despues de la fusion. Quiero hacer un trato contigo, para que te conviertas despues en directora de «General Textiles» y firmes un contrato por cinco anos.
Nancy no se esperaba eso, y tampoco sabia que pensar. Hizo una pregunta para ganar tiempo.
– ?Un contrato? ?Para hacer que?
– Para dirigir «Black’s Boots» como division de «General Textiles»
– Perderia mi independencia. Seria una empleada.
– Dependiendo de como se estructurase el acuerdo, podrias ser accionista. Y mientras obtengas beneficios, gozaras de toda la independencia que quieras… No me entrometo en las divisiones rentables, pero si pierdes dinero, entonces si, perderas tu independencia. Despido a los perdedores. -Meneo la cabeza-. Pero tu no fracasaras.
La primera idea de Nancy fue rechazar la oferta. Por mas que le dorase la pildora, lo que el queria era arrebatarle la empresa. Sin embargo, comprendio que la negativa instantanea era lo que papa habria deseado, y habia decidido dejar de vivir conforme al programa de papa. De todos modos, tenia que contestar algo, pero con evasivas.
– Tal vez me interese.
– Con esto me basta. -Nat se levanto-. Piensa en ello y medita sobre el tipo de acuerdo que te resultara menos violento. No te ofrezco un cheque en blanco, pero quiero que comprendas que hare lo posible por complacerte.
No dejaba de ser, en cierta forma, divertido, penso Nancy. La tecnica de Nat era persuasiva. Habia aprendido mucho sobre el arte de negociar en los ultimos anos. Nat desvio la vista hacia el malecon.
– Creo que tu hermano quiere hablar contigo -dijo.
Nancy se volvio y vio que Peter se acercaba. Nat se calo el sombreo y se marcho. Parecia un movimiento de pinza. Nancy contemplo con rencor a Peter. La habia enganado y traicionado, y no tenia ganas de hablar con el. Habria preferido reflexionar sobre la sorprendente oferta de Nat Ridgeway, ver si encajaba en las nuevas perspectivas de su vida, pero Peter no le dio tiempo. Se planto frente a ella, ladeo la cabeza de una forma que le recordo a Nancy cuando era nino, y dijo:
– ?Podemos hablar?
– Lo dudo.
– Quiero disculparme.
– Te arrepientes de tu traicion, ahora que has fracasado.
– Me gustaria hacer las paces.
Hoy, todo el mundo quiere hacer tratos conmigo, penso con sarcasmo.
– ?Como piensas reparar lo que me has hecho?
– No podre -contesto de inmediato-. Nunca. -Se dejo caer en la tumbona que habia ocupado Nat-. Cuando lei tu informe, me senti como un idiota. Decias que yo no podia dirigir el negocio, que no era como mi padre, que mi hermana lo hacia mejor que yo, y me senti muy avergonzado, porque en el fondo de mi corazon sabia que era verdad.
«Bueno, es un progreso», penso ella.
– Me enfureci, Nan, esa es la pura verdad.
De ninos, se llamaban Nan y Petey, y la utilizacion de aquel diminutivo de la infancia le puso un nudo en la garganta.
– Tengo la impresion de que no sabia lo que hacia -siguio Peter.
Nancy meneo la cabeza. Era la tipica excusa de su hermano.
– Sabias muy bien lo que hacias -respondio, con mas tristeza que irritacion.
Un grupo de personas se detuvo ante la puerta del edificio de la compania aerea, hablando en voz alta. Peter les dirigio una mirada colerica.
– ?Quieres venir a dar un paseo conmigo por la playa? -pregunto.
