El color indicaba que esta era la habitacion de lady Monkford. Una rapida inspeccion revelo un pequeno vestidor a un lado, tambien decorado en rosa, una alcoba contigua mas pequena, con butacas de cuero verde y papel pintado a rayas, y un vestidor de caballeros al lado. Las parejas de clase alta solian dormir separadas, segun habia aprendido Harry. Aun no habia decidido si porque iban menos calientes que la clase obrera, o porque se sentian obligados a utilizar las numerosas habitaciones de sus inmensas casas.

El vestidor de sir Simon estaba amueblado con un pesado armario de caoba y una comoda a juego. Harry abrio el cajon superior de la comoda. Dentro de un pequeno joyero de piel habia un surtido de botones, atiesadores de cuello y gemelos, tirados de cualquier manera. La mayoria eran vulgares, pero el ojo educado de Harry localizo un elegante par de gemelos incrustados de rubies. Los guardo en su bolsillo. Junto al joyero habia una cartera de piel que contenia cincuenta libras en billetes de cinco. Harry cogio veinte libras, muy complacido. Que facil, penso. A cualquiera que trabajara en una sucia fabrica le costaria dos meses ganar veinte libras.

Nunca lo robaba todo. Coger unos pocos objetos creaba la duda. La gente pensaba que habia extraviado las joyas o calculado mal la cantidad que llevaba en la cartera, y no se decidia a denunciar el robo.

Cerro el cajon y se dirigio al dormitorio de lady Monkford. Se sintio tentado de marcharse con el util botin recogido, pero decidio arriesgarse unos minutos mas. Lady Monkford tendria zafiros. A Harry le encantaban los zafiros.

Hacia una noche esplendida, y la ventana estaba abierta de par en par. Harry se asomo y vio un pequeno balcon con una balaustrada de hierro forjado. Entro a toda prisa en el vestidor y se sento ante el tocador. Abrio todos los cajones y descubrio varios joyeros y azafates. Los registro velozmente, atento al menor ruido de una puerta que se abriera.

Lady Monkford no tenia buen gusto. Era una hermosa mujer que habia sorprendido a Harry por su inutilidad, y ella, o su marido, escogia joyas ostentosas, tirando a baratas. Sus perlas eran inadecuadas, los broches grandes y feos, los pendientes chabacanos y los brazaletes chillones. Se sintio decepcionado.

Sopesaba la posibilidad de llevarse un colgante casi atractivo cuando oyo que la puerta del dormitorio se abria.

Se le hizo un nudo en el estomago y aguardo, petrificado, pensando a toda velocidad.

La unica puerta del vestidor daba al dormitorio. Habia una pequena ventana, pero estaba cerrada, y era probable que no pudiera abrirla con la rapidez o el silencio suficientes. Se pregunto si tendria tiempo de esconderse en el armario ropero.

Desde donde estaba no veia la puerta del dormitorio. Oyo que volvia a cerrarse, una tos femenina a continuacion y pasos ligeros sobre la alfombra. Se inclino hacia el espejo y descubrio que de esta forma podia ver el dormitorio. Lady Monkford habia entrado y se encaminaba al vestidor. Ni siquiera tenia tiempo de cerrar los cajones.

Su respiracion se acelero. Estaba paralizado de miedo, pero ya habia pasado por situaciones parecidas. Se tomo un momento de calma, obligandose a respirar con mas lentitud y serenando sus pensamientos. Despues, se puso en accion.

Se levanto y entro como una exhalacion en el dormitorio.

– ?Caramba! -exclamo.

Lady Monkford se detuvo en el centro del dormitorio. Se llevo una mano a la boca y emitio un leve chillido.

La brisa que penetraba por la ventana abierta agito una cortina floreada. Harry tuvo una inspiracion.

– ?Caramba! -repitio, en tono de estupor-. Acabo de ver a alguien saltando por la ventana.

La mujer recobro la voz.

– ?A que demonios se refiere? ?Que esta haciendo en mi dormitorio?

Harry, cinendose a su papel, corrio hacia la ventana y miro al exterior.

– ?Ha desaparecido! -anuncio.

– ?Haga el favor de explicarse!

Harry contuvo el aliento, como si tratara de ordenar sus pensamientos. Lady Monkford, una nerviosa mujer de unos cuarenta anos, ataviada con un vestido verde, parecia bastante facil de manejar. Le dedico una sonrisa radiante, asumiendo la personalidad de un colegial energico, demasiado crecido para su edad y que jugaba al rugby (un tipo con el que ella debia estar familiarizada), y empezo a engatusarla.

– Es lo mas raro que he visto en mi vida -dijo-. Estaba en el pasillo, cuando un tipo de aspecto extrano se asomo a la puerta de esta habitacion. Me vio y volvio a entrar. Yo sabia que era el dormitorio de usted, porque habia entrado un rato antes, mientras buscaba el bano. Me pregunte cuales eran las intenciones de aquel individuo… No parecia un criado, ni tampoco un invitado, desde luego. Decidi entrar y preguntarselo. Cuando abri la puerta, salto por la ventana. -A continuacion, explico por que estaban abiertos los cajones del tocador-. He echado un vistazo a su vestidor, y tengo la sospecha de que iba detras de sus joyas.

Muy brillante, se felicito. Deberia dedicarme a la radio. La mujer se llevo una mano a la frente.

– Esto es horrible -dijo con voz debil.

– Sera mejor que se siente -indico Harry, solicito. La ayudo a acomodarse en una pequena silla rosa.

– ?Imaginese! -exclamo lady Monkford-. ?Si usted no le hubiera ahuyentado, me habria sorprendido en mi propia habitacion! -Aferro su mano y la estrecho con fuerza-. Temo que voy a desmayarme. Le estoy muy agradecida.

Harry reprimio una sonrisa. Se habia vuelto a salir con la suya.

Harry reflexiono. No podia permitir que la mujer armara demasiado follon. Lo mejor seria que no le contara el incidente a nadie.

– Escuche, no le cuente a Rebecca lo que ha ocurrido -dijo, como primer paso-. Es muy nerviosa, y un suceso como este podria deprimirla durante semanas.

– A mi tambien -dijo lady Monkford-. ?Semanas!

Estaba demasiado preocupada para pensar que la musculosa y energica Rebecca no encajaba en el tipo de persona que sufria de los nervios.

– Tendra que llamar a la policia y todo eso, pero la fiesta se estropeara -prosiguio Harry.

– Oh, querido… Eso seria horrible. ?Cree que debemos llamarla?

– Bueno… -Harry disimulo sus satisfaccion-. Depende de lo que haya robado ese bribon. ?Por que no lo comprueba?

– Oh, si, seria lo mejor.

Harry apreto su mano para darle animos y la ayudo a incorporarse. Entraron en el vestidor. Lady Monkford trago saliva al ver todos los cajones abiertos. Harry la sostuvo hasta depositarla en la silla. La mujer se sento y examino sus joyas.

– Creo que no se ha llevado gran cosa -dijo al cabo de un momento.

– Es posible que yo le sorprendiera antes de empezar -insinuo Harry.

Lady Monkford continuo inspeccionando los collares, brazaletes y broches.

– Creo que usted tiene razon -dijo-. Menos mal que estaba aqui.

– Si no ha perdido nada, no vale la pena que se lo cuente a nadie.

– Excepto a sir Simon, claro.

– Claro -corroboro Harry, si bien deseaba todo lo contrario-. Digaselo cuando haya terminado la fiesta. Al menos, no estropeara la velada.

– Una idea estupenda.

Todo marchaba a las mil maravillas. Harry experimento un inmenso alivio. Decidio desaparecer cuanto antes.

– Sera mejor que baje dijo-. Usted, entretanto, se ira tranquilizando. -Se inclino y la beso en la mejilla. Sorprendida, la mujer enrojecio-. Creo que es usted terriblemente valiente -susurro Harry en su oido antes de marcharse.

Las mujeres adultas son todavia mas faciles de manejar que sus hijas, penso. Al desembocar en el pasillo desierto, se vio en un espejo. Se detuvo para ajustarse el lazo de la corbata y sonrio con aire triunfante a su reflejo.

– Eres un demonio, Harold -murmuro.

La fiesta estaba llegando a su fin. Cuando Harry volvio a entrar en el salon, Rebecca le recibio con hostilidad.

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