hacerte dano.

– Bastardo, te…

La comunicacion se corto.

3

Harry Marks era el mas afortunado de todos los hombres.

Su madre siempre le habia dicho que tenia suerte. Aunque su padre habia muerto durante la Gran Guerra, tuvo suerte de contar con una madre fuerte y capacitada que le crio. Limpiaba oficinas para ganarse la vida, y no le falto trabajo ni durante la Depresion. Vivian en una casa de alquiler de Battersea, con un grifo de agua fria en todos los rellanos y lavabos exteriores, pero estaban rodeados de buenos vecinos, gente que se ayudaba entre si en los momentos dificiles. Harry poseia la habilidad de esquivar los problemas. Cuando azotaban a los ninos en el colegio, la vara del profesor se rompia cuando le llegaba el turno a Harry. Si Harry caia bajo un caballo o un carricoche, le pasaban por encima sin hacerle dano.

Su amor por las joyas le convirtio en un ladron.

De adolescente, le gustaba caminar por las ricas calles comerciales del West End y contemplar los escaparates de las joyerias. Los diamantes y las piedras preciosas que brillaban sobre el terciopelo oscuro, iluminados por las brillantes luces del escaparate, le embelesaban. Le gustaban por su belleza, pero tambien porque simbolizaban un tipo de vida sobre el que habia leido en los libros, una vida de espaciosas casas de campo rodeadas de cesped verde, en que hermosas muchachas llamadas lady Penelope o Jessica Chumley jugaban al tenis toda la tarde y volvian jadeantes a tomar el te.

Habia sido aprendiz de un joyero, pero le abandono al cabo de seis meses, aburrido e inquieto. Reparar correas rotas de reloj y ensanchar anillos de boda para esposas gordas carecia de encanto. Sin embargo, aprendio a distinguir un rubi de un granate rojo, una perla natural de una cultivada, y un diamante cortado con las tecnicas modernas de uno tallado en el siglo diecinueve. Tambien descubrio las diferencias entre un engaste hermoso y uno feo, un diseno elegante y una pieza ostentosa sin gusto; y esta habilidad habia inflamado su deseo hacia las joyas bonitas y su anhelo por el estilo de vida que iba parejo.

A la larga, descubrio una forma de satisfacer ambos deseos, utilizando a chicas como Rebecca Maugham- Flint.

Habia conocido a Rebecca en Ascot. Solia ligar con chicas ricas en las carreras de caballos. El aire libre y las multitudes le posibilitaban fluctuar entre dos grupos de jovenes espectadoras, de tal forma que todos le creian miembro de uno u otro grupo. Rebecca era una chica alta de gran nariz, espantosamente vestida con un vestido de lana de volantes y un sombrero de Robin Hood, con pluma incluida. Ninguno de los jovenes que la rodeaban le prestaban atencion, y se sintio pateticamente agradecida a Harry por hablar con ella.

Harry procuro no cultivar su amistad de inmediato, pues era mejor aparentar desinteres. Sin embargo, cuando se topo con ella un mes despues en una galeria de arte, ella le saludo como a un viejo amigo y le presento a su madre.

Se suponia que muchachas como Rebecca no acudian a cines y restaurantes acompanadas de chicos sin carabina, por supuesto; solo lo hacian las dependientas y las obreras. Por eso, siempre contaban a sus padres que salian en grupo; para dar mayor verosimilitud a la mentira, solian iniciar la velada en alguna fiesta, tras lo cual podian marcharse discretamente en pareja, lo cual le iba de perlas a Harry; como no «cortejaba» de manera oficial a Rebecca, sus padres no consideraban necesario investigar sus antecedentes, y nunca cuestionaron las vagas mentiras que Harry les contaba sobre una casa de campo en Yorkshire, un internado privado de Escocia, una madre invalida que vivia en el sur de Francia y un proximo destino en las Reales Fuerzas Aereas.

Habia descubierto que las mentiras vagas eran habituales en la sociedad de clase alta. Las decian jovenes que no deseaban admitir su desesperada pobreza, o el alcoholismo sin remedio de sus padres, o su pertenencia a familias desacreditadas por algun escandalo. Nadie se molestaba en dejar como un trapo a un individuo hasta que mostraba serias inclinaciones por una joven de buena familia.

Harry habia salido con Rebecca durante tres semanas de esta forma indefinida. Le habia invitado a pasar un fin de semana en una mansion de Kent, donde habia jugado al cricket y robado dinero a los invitados, que no habian querido denunciar el hurto por temor a ofender a sus anfitriones. Tambien le habia llevado a varios bailes, en los que Harry habia robado carteras y vaciado bolsos. Ademas, durante las visitas a casa de la joven habia robado pequenas sumas de dinero, algunos cubiertos de plata y tres interesantes broches victorianos que su madre aun no habia echado en falta.

En su opinion, no se comportaba de una manera inmoral. La gente a la que robaba no se merecia su riqueza. La mayoria no habia trabajado ni un solo dia en su vida. Los pocos que tenian un empleo utilizaban los contactos de sus privilegiados colegios para obtener sinecuras muy bien pagadas. Eran diplomaticos, presidentes de empresas, jueces o parlamentarios conservadores. Robarles era lo mismo que matar nazis: no un crimen, sino un servicio publico.

Llevaba haciendolo dos anos, y sabia que no podria continuar indefinidamente. El mundo de la sociedad britanica de clase alta era extenso pero limitado, y alguien le iba a descubrir un dia. La guerra habia llegado justo en el momento en que se sentia dispuesto a buscar una forma de vida diferente.

Sin embargo, no iba a enrolarse en el ejercito como soldado raso. La comida mala, la ropa impresentable, los malos tratos y la disciplina militar no eran para el, y el color caqui no contribuia a mejorar su aspecto. No obstante, el azul de la Fuerza Aerea hacia juego con sus ojos, y no le costaba nada imaginarse como piloto. Por lo tanto, iba a ser oficial de la RAF. Aun no habia pensado como, pero lo conseguiria: era un tipo con suerte.

Entretanto, decidio utilizar a Rebecca para introducirse en otra casa rica antes de dejarla.

Comenzaron la velada en la recepcion celebrada en la mansion de Belgravia de sir Simon Monkford, un acaudalado editor.

Harry paso un rato con la honorable Lydia Moss, la obesa hija de un conde escoces. Torpe y solitaria, era el tipo de muchacha mas vulnerable a sus encantos, y la sedujo durante unos veinte minutos, mas o menos, por pura costumbre. Despues, hablo con Rebecca durante unos minutos para enternecerla. Luego considero que habia llegado el momento de efectuar su movimiento de apertura.

Se excuso y salio de la sala. La fiesta se celebraba en el enorme salon doble de la primera planta. Mientras cruzaba el rellano y subia la escalera sintio la excitante descarga de adrenalina que siempre se producia cuando estaba a punto de acometer un trabajo. Saber que iba a robar a sus anfitriones, asi como el riesgo de ser sorprendido con las manos en la masa y desenmascarado, le llenaba de temor y excitacion.

Llego a la siguiente planta y siguio el pasillo hasta la parte delantera de la casa. Penso que la puerta mas alejada conducia al dormitorio principal. La abrio y contemplo una espaciosa alcoba, con cortinas floreadas y una colcha rosa. Estaba a punto de entrar cuando se abrio otra puerta y una voz desafiante grito:

– ?Oiga!

Harry se volvio, tenso y alarmado.Vio a un hombre de su misma edad internarse en el pasillo y mirarle con curiosidad.

Como siempre, las palabras precisan acudian a sus labios siempre que las necesitaba.

– Ah, ?esta ahi?

– ?Como?

– ?No es eso el lavabo?

El rostro del joven se tranquilizo.

– Ah, entiendo. Lo que usted busca es la puerta verde que hay al otro extremo del pasillo.

– Muchas gracias.

– De nada.

Harry camino por el pasillo.

– Una casa encantadora -comento.

– Ya lo creo.

El hombre bajo la escalera y desaparecio.

Harry se permitio el lujo de una sonrisa complacida. La gente era muy credula.

Volvio sobre sus pasos y entro en el dormitorio rosa. Como de costumbre, habia un conjunto de habitaciones.

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