– Muy bien -dijo el sargento-. Eso quiere decir que le estan acusando de obtener provechos economicos mediante el engano, o sea, dejando de pagar la cuenta del restaurante, y de robo. ?Algo mas?

– ?Es que no le parece bastante? -rio el joven. El sargento apunto con su lapiz al muchacho. -Recuerde bien donde cojones esta, hijo. Puede que haya nacido con un estrella en el culo, pero esto es una comisaria de policia y si no habla con educacion, pasara el resto de la noche en una celda de mierda.

El muchacho le miro con expresion confusa y no dijo nada mas.

El sargento dirigio su atencion al que habia hablado primero.

– Bien, ?puede proporcionarme detalles sobre ambas acusaciones? Necesito el nombre y direccion del restaurante, el nombre y direccion de su hermana, asi como el nombre y direccion de la persona a la que pertenecen estos gemelos.

– Si, no hay problemas. El restaurante…

– Bien. Quedese aqui. -Senalo al acusado. Sientese. – Agito la mano hacia el resto de los congregados-. Los demas pueden irse a casa.

Todos parecieron decepcionados. Su gran aventura habia concluido en un anticlimax. Por un momento, ninguno se movio.

– ?Vamos, muevan todos el culo! -dijo el sargento. Margaret nunca habia oido tanto tacos en un solo dia. Los jovenes se marcharon, murmurando.

– ?Entregas a un ladron a la justicia y te tratan como si el criminal fueras tu! -dijo el muchacho del traje a rayas, pero atraveso la puerta antes de finalizar la frase.

El sargento empezo a interrogar al joven de cabello oscuro, tomando notas. Harry Marks permanecio de pie junto a el unos instantes, y despues se aparto con impaciencia. Vio a Margaret, le dedico una luminosa sonrisa y se sento a su lado.

– ?Estas bien, jovencita? ?Que haces aqui, a estas horas de la noche?

Margaret se quedo perpleja. El hombre se habia transformado por completo. Sus altivos modales y lenguaje refinado habian desaparecido, y hablaba con el mismo acento del sargento. La sorpresa impidio a Margaret contestar.

Harry dirigio una mirada significativa hacia la puerta, como si pensara en salir corriendo por ella; despues, miro al mostrador y vio que el policia joven, que aun no habia pronunciado palabra, le observaba con suma atencion. Dio la impresion de que desechaba la idea de escapar. Se volvio hacia Margaret.

– ?Quien le ha puesto ese ojo morado? ?Su viejo?

– Me perdi en el apagon y tropece con un buzon -respondio Margaret, encontrando la voz.

Esta vez le toco al hombre sorprenderse. La habia tomado por una chica de clase obrera. Al captar su acento, se dio cuenta de su equivocacion. Adopto su anterior personalidad sin pestanear.

– ?Que mala suerte!

Margaret estaba fascinada. ?Cual era su autentica identidad? Olia a colonia. Llevaba el pelo bien cortado, aunque una pizca largo. Vestia un traje de etiqueta azul oscuro, siguiendo la moda de Eduardo VIII, con calcetines de seda y zapatos de piel. Se adornaba con joyas de buena calidad: diamantes a guisa de botones en la camisa, gemelos a juego, reloj de oro con correa de piel de cocodrilo y un anillo de sello en el dedo menique de la mano izquierda. Sus manos eran grandes y de aspecto fuerte, pero de manicura impecable.

– ?De veras se marcho del restaurante sin pagar? -pregunto Margaret en voz baja.

El la miro de arriba abajo y aparento tomar una decision.

– Pues si -dijo, en tono de conspirador.

– ?Por que?

– Porque si hubiera escuchado a Rebecca Maugham-Flint hablar un minuto mas acerca de sus malditos caballos, no habria podido resistir el impulso de precipitarme sobre su garganta y estrangularla.

Margaret rio por lo bajo. Conocia a Rebecca Maugham-Flint, una muchacha sencilla y gorda, hija de un general, que habia heredado los energicos modales y la voz estentorea de su padre.

– Me lo imagino -dijo.

No se le ocurria una companera de cena mas improbable para el atractivo senor Marks.

El agente Steve aparecio y cogio su taza de te vacia.

– ?Se siente mejor, lady Margaret?

Observo por el rabillo del ojo que su titulo habia impresionado a Harry Marks.

– Mucho mejor, gracias -contesto. Hablando con Harry, habia conseguido olvidar sus problemas, pero ahora recordo todo cuanto habia hecho-. Han sido muy amables -prosiguio-. Me voy a marchar, porque me aguardan asuntos muy importantes.

– No hace falta que se apresure -dijo el policia-. Su padre, el marques, ya viene a buscarla.

El corazon de Margaret se paralizo. ?Como era posible? Estaba tan convencida de encontrarse a salvo…, ?Habia subestimado a su padre! Se sentia tan asustada como en el momento de huir hacia la estacion de ferrocarril. ?Iba en su persecucion, corria tras ella en este preciso momento! Sintio que el suelo temblaba bajo sus pies.

El joven agente parecia orgulloso.

– Su descripcion empezo a circular a ultima hora de la noche, y la lei mientras estaba de servicio. No la reconoci a oscuras, pero me acordaba del nombre. Las instrucciones consistian en informar al marques de inmediato. En cuanto la traje aqui, le llame por telefono.

Margaret se puso en pie. Su corazon latia locamente.

– No voy a esperarle -anuncio-. Ya es de dia. El semblante del policia reflejo nerviosismo.

– Un momento -la atajo, volviendose hacia el mostrador-. Sargento, la senorita no quiere esperar a su padre.

– No pueden obligarla a quedarse -le dijo Harry Marks-. Huir de casa no es ningun crimen a su edad. Si quiere marcharse, hagalo.

La idea de que encontraran alguna excusa para detenerla horrorizaba a Margaret.

El sargento se levanto de su silla y dio la vuelta al mostrador.

– El senor tiene razon -dijo-. Puede marcharse cuando quiera.

– Oh, gracias -respondio Margaret, aliviada.

El sargento sonrio.

– Pero no tiene zapatos, y las medias estan rotas. Si va a marcharse antes de que llegue su padre, deje que llamemos un taxi.

Ella reflexiono unos momentos. Habian telefoneado a papa en cuanto entro en la comisaria, pero hacia menos de una hora. Papa no llegaria hasta dentro de otra hora, o mas.

– Muy bien -accedio-. Gracias.

El sargento abrio una puerta que daba al vestibulo.

– Estara mas comoda aqui, mientras espera el taxi. Abrio una luz.

Margaret habria preferido quedarse a hablar con el fascinante Harry Marks, pero no queria rechazar la amable invitacion del sargento, sobre todo despues de que hubiera accedido a su peticion.

– Gracias -repitio.

– Es una trampa -dijo Harry, mientras se encaminaba hacia la puerta.

Entro en la pequena habitacion. Habia unas sillas baratas, un banco, una bombilla desnuda que colgaba del techo y una ventana con barrotes. No pudo imaginar por que el sargento consideraba este cubiculo mas comodo que el vestibulo. Se volvio para decirselo.

La puerta se cerro en sus narices. Un presentimiento espantoso hincho su corazon de panico. Se abalanzo sobre la puerta y aferro el tirador. En ese momento, una llave giro en la cerradura, confirmando sus terrores. Agito el tirador furiosamente. La puerta no se abrio.

Se desplomo, desesperada, apoyando la cabeza contra la madera.

Oyo al otro lado una carcajada, y despues la voz de Harry, apagada pero comprensible.

– Bastardos.

La voz del sargento ya no era amistosa.

– Metete la lengua en el culo -dijo con rudeza.

– No tiene derecho, y lo sabe.

– Su padre es un podrido marques, y ese es todo el derecho que necesito.

Вы читаете Noche Sobre Las Aguas
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату