La manzana parecia mas larga de lo que Margaret recordaba. Sin embargo, era imposible que se hubiera equivocado; habia doblado a la izquierda en la segunda bocacalle. Pese a todo, la sospecha de que se habia perdido crecio en su fuero interno. Su sentido del tiempo la habia traicionado. ?Cuanto llevaba andando por la manzana, cinco minutos, veinte, dos horas o toda la noche? De repente, ni siquiera tuvo la seguridad de que habia casas en las cercanias. Igual estaba en pleno Hyde Park, tras cruzar la entrada por pura chiripa. Empezo a albergar la sensacion de que la oscuridad que la rodeaba estaba poblada de seres, capaces de ver por la noche como los gatos, a la espera de que cayera al suelo para abalanzarse sobre ella. Un chillido empezo a formarse en su garganta, pero lo reprimio.
Se obligo a pensar. ?Cabia la posibilidad de que se hubiera equivocado? Sabia que habia perdido pie en el bordillo de una bocacalle, pero recordo que tambien existian callejones. Igual se habia internado por uno de ellos. A estas alturas, ya podia haber recorrido mas de un kilometro en direccion contraria.
Intento recordar la embriagadora sensacion de excitacion y triunfo que la habia asaltado en el tren, pero se habia esfumado, y ahora se sentia sola y asustada.
Decidio parar y quedarse inmovil. Asi no le ocurriria nada malo.
Permanecio quieta durante mucho tiempo, hasta que fue incapaz de calcular cuanto. Tenia miedo de moverse, un miedo que la paralizaba. Penso que continuaria de pie hasta que se desmayara de agotamiento o hasta la manana.
Entonces, aparecio un coche.
Sus tenues luces laterales proporcionaban una iluminacion muy escasa, pero en comparacion con el pozo de negrura anterior parecia la luz del dia. Comprobo que se hallaba en mitad de la carretera, y corrio a la acera para apartarse del camino del coche. Estaba en una plaza que creyo reconocer. El coche paso de largo, doblo una esquina y ella lo siguio, confiando en distinguir una senal que la orientara. Llega a la esquina y vio el coche al final de una calle corta y estrecha flanqueada por tiendas pequenas, una de las cuales era una sombrereria de la que su madre era cliente; comprendio que se encontraba a escasos metros de Marble Arch.
Estuvo a punto de llorar de alivio.
Se paro en la siguiente esquina y espero a que otro coche iluminara el camino. Despues, se interno en Mayfair.
Pocos minutos mas tarde se detuvo frente al hotel Claridge. El edificio estaba a oscuras, por supuesto, pero pudo localizar la puerta, preguntandose si debia entrar.
No creia tener bastante dinero para pagar la habitacion, pero recordo que la gente no abonaba la cuenta hasta abandonar el hotel. Podia tomar una habitacion por dos noches, salir por la manana como si fuera a regresar mas tarde, alistarse en el STA y llamar despues al hotel para dar instrucciones de que enviaran la cuenta al abogado de su padre.
Contuvo el aliento y abrio la puerta.
Como la mayoria de los edificios publicos que permanecian abiertos por la noche, el hotel habia dispuesto una doble puerta, como una esclusa de aire, para que los huespedes entraran y salieran sin que las luces del interior se vieran desde fuera. Margaret cerro la puerta exterior a su espalda, atraveso la segunda y accedio a la luz reconfortante del vestibulo. La invadio una tremenda oleada de alivio. Habia regresado a la normalidad: la pesadilla quedaba atras.
Un joven portero de noche dormitaba ante el mostrador. Margaret carraspeo, y el muchacho se desperto, sorprendido y confuso.
– Necesito una habitacion -dijo Margaret.
– ?A estas horas de la noche? -pregunto el joven con poca delicadeza.
– El apagon me sorprendio -explico Margaret-. No puedo volver a casa.
El portero empezo a despejarse. -?No lleva equipaje?
– No -respondio Margaret, con aire de culpabilidad, pero se apresuro a anadir-: Claro que no. No me he quedado tirada en la calle a proposito.
El portero la miro de una forma extrana. Margaret penso que no podia negarle lo que pedia. El joven trago saliva, se froto la cara y fingio consultar un libro. ?Que le pasaba a aquel hombre? El empleado tomo una decision y cerro el libro.
– El hotel esta completo.
– Oh, vamos, han de tener algo…
– Se ha peleado con su viejo, ?verdad? -pregunto el portero, guinandole un ojo.
Margaret apenas podia creer lo que estaba ocurriendo.
– No puedo volver a casa -repitio, como si el hombre no la hubiera entendido la primera vez.
– Yo no puedo solucionarlo -replico el-. La culpa es de Hitler -anadio, en una repentina demostracion de ingenio. Era bastante joven.
– ?Donde esta su superior? -pregunto Margaret. El empleado parecio ofenderse.
– Yo soy el responsable hasta las seis.
Margaret paseo la vista a su alrededor.
– Tendre que sentarme en el salon hasta las seis.
– !No puede hacer eso! -exclamo el portero, como atemorizado-. ?Una joven sola, sin equipaje, pasando la noche en el salon? Mi empleo peligrara.
– No soy una joven -dijo Margaret, irritada-. Soy lady Margaret Oxenford.
Detestaba utilizar su titulo, pero se trataba de una situacion desesperada.
Sin embargo, no sirvio de nada. El portero le dirigio una mirada severa e insolente.
– ?De veras? -pregunto.
Margaret estaba a punto de cubrirle de improperios cuando vio su reflejo en el cristal de la puerta, dandose cuenta de que tenia un ojo morado. De propina, tenia las manos sucias y el vestido roto. Recordo que se habia golpeado con el buzon y sentado en el suelo del tren. No era de extranar que el portero le negara la habitacion. Desesperada, protesto:
– ?No puede echarme a la calle en medio del apagon!
– No puedo hacer otra cosa -respondio el portero.
Margaret se pregunto cual seria la reaccion del hombre si se sentaba sin acceder a moverse. De hecho, es lo que tenia ganas de hacer: le dolian todos los huesos y estaba extenuada. Sin embargo, habia pasado tantas vicisitudes que no le quedaban fuerzas para un enfrentamiento. Ademas, era tarde y estaban solos. Era imposible saber que haria el hombre si le daba una excusa para ponerle las manos encima.
Dio media vuelta con cansados movimientos y salio a la noche, desalentada y amargada.
Apenas se habia alejado unos pasos del hotel cuando deseo haber ofrecido mayor resistencia. ?Por que sus intenciones siempre eran mas firmes que sus acciones? Ahora que se habia rendido, se sentia lo bastante airada como para desafiar al portero. Estuvo a punto de regresar sobre sus pasos, pero continuo andando: le parecio lo mas sencillo.
No tenia a donde ir. No seria capaz de encontrar el edificio de Catherine; no habia logrado localizar la casa de tia Martha; no podia confiar en los demas parientes e iba demasiado sucia para conseguir una habitacion de hotel.
Tendria que vagar hasta que se hiciera de dia. Hacia buen tiempo; no llovia y el aire de la noche era apenas un poco fresco. Si continuaba moviendose ni siquiera sentiria frio. Veia bien por donde iba. Habia muchos semaforos en el West End, y pasaba un coche cada uno o dos minutos. Oia musica procedente de los clubs nocturnos y de vez en cuando veia a gente de su clase que llegaba a casa tras una fiesta nocturna en sus coches conducidos por choferes, las mujeres ataviadas con esplendidos vestidos y los hombres con frac. Observo con curiosidad en otra calle a tres mujeres solitarias, una de pie ante una puerta, otra apoyada en una farola y otra sentada sobre un coche. Todas fumaban y, en apariencia, esperaban a alguien. Se pregunto si serian lo que mama llamaba Mujeres Perdidas.
Empezaba a sentirse cansada. Todavia llevaba los zapatos de estar por casa con los que se habia marchado. Obedeciendo a un impulso, se sento en el escalon de una puerta, se quito los zapatos y froto sus doloridos pies.
Levanto la vista y diviso la vaga silueta de los edificios que se alzaban en la acera opuesta. ?Se hacia de dia por fin? Quiza encontraria un cafe que abriera temprano. Desayunaria y esperaria a que abrieran las oficinas de reclutamiento. No habia comido casi nada desde hacia dos dias, y se le hizo la boca agua de pensar en tocino y
