huevos fritos.
De pronto, un rostro blanco oscilo frente a ella. Lanzo un debil grito de miedo. El rostro se acerco y vio a un hombre joven vestido de etiqueta.
– Hola, preciosa -saludo.
Margaret se puso de pie a toda prisa. Odiaba a los borrachos; carecian de toda dignidad.
– Vayase, por favor -dijo. Intento hablar con firmeza, pero su voz temblo.
El hombre se aproximo mas con paso inseguro.
– Pues dame un beso.
– ?Por supuesto que no! -exclamo ella, horrorizada.
Dio un paso atras, tropezo y dejo caer sus zapatos. La perdida de sus zapatos la hizo sentirse muy vulnerable. Se giro en redondo y se agacho para recogerlos. El hombre emitio una risita obscena y, ante el horror de la joven, deslizo su mano entre los muslos de Margaret, manoseandola con penosa torpeza. Ella se incorporo al instante, sin encontrar los zapatos, y se aparto de el.
– ?Alejese de mi! -chillo, mirandole a la cara.
– Estupendo, adelante -dijo el hombre, volviendo a reir-, me gusta un poco de resistencia.
El hombre la agarro por los hombros con sorprendente agilidad y la atrajo hacia el. Le arrojo a la cara su nauseabundo aliento alcoholico y la beso en la boca sin mas preambulos.
Era atrozmente desagradable, y Margaret penso que iba a desmayarse, pero la abrazaba con tal fuerza que apenas podia respirar, ni mucho menos protestar. La joven se debatio sin el menor resultado, mientras el babeaba sobre ella. Despues, quito una mano de su hombro y le aferro un pecho. Se lo estrujo con brutalidad, hasta que Margaret jadeo de dolor. Sin embargo, gracias a que tenia un hombro libre, pudo soltarse a medias de el y empezar a chillar.
Lanzo un sonoro y prolongado chillido.
– Muy bien, muy bien, no te lo tomes asi, no queria hacerte dano -le oyo vagamente decir, con voz preocupada, pero estaba demasiado asustada para atender a razones y continuo gritando. De la oscuridad surgieron rostros: un transeunte vestido de obrero, una Mujer Perdida con cigarrillo y bolso, y una cabeza asomada a una ventana de la casa que se alzaba detras de ellos. El borracho desaparecio en la noche. Margaret dejo de gritar y se puso a llorar. Despues, oyo el sonido de unas botas que corrian y distinguio el estrecho haz de una linterna camuflada y el casco de un policia.
El policia dirigio la luz hacia el rostro de Margaret.
– No es una de las nuestras, Steve -murmuro una mujer.
– ?Como te llamas, muchacha? -pregunto el policia llamado Steve.
– Margaret Oxenford.
– Un pisaverde la confundio con una puta, eso es todo -dijo el hombre vestido de obrero.
Satisfecho, se marcho.
– ?Quiere decir lady Margaret Oxenford? -pregunto el policia.
Margaret sorbio el aire y asintio con aspecto compungido.
– Ya te he dicho que no era de las nuestras -insistio la mujer. Dio una bocanada a su cigarrillo, lo tiro al suelo, lo piso y se marcho.
– Venga conmigo, senorita, ya ha pasado todo -dijo el policia.
Margaret se seco la cara con la manga. El policia le ofrecio el brazo. Ella lo cogio. El hombre ilumino el suelo con la linterna y empezaron a andar.
– Que hombre tan horrible -dijo al cabo de un momento Margaret, estremeciendose.
El policia no se mostro muy comprensivo.
– No se le puede culpar -dijo alegremente-. Esta es la calle de Londres que goza de peor reputacion. Lo normal es creer que una chica sola a estas horas es una Dama de la Noche.
Margaret supuso que tenia razon, aunque lo considero muy injusto.
El familiar farol azul de una comisarla de policia aparecio a la luz del alba.
– Tomese una buena taza de te y se sentira mejor -dijo el policia.
Entraron. Habia un mostrador frente a ellos, con dos policias detras. Uno era corpulento y de edad madura, mientras que el otro era joven y delgado. A cada lado del vestibulo habia un sencillo banco de madera apoyado contra la pared. Solo habia una persona en el vestibulo, una mujer palida, el pelo recogido con un chal y calzada con zapatillas, que estaba sentada en un banco y esperaba con resignada paciencia.
El rescatador de Margaret le indico que tomara asiento en el banco opuesto.
– Sientese un momento.
Margaret obedecio. El policia se acerco al mostrador y hablo con el hombre de mayor edad.
– Sargento, esa es lady Margaret Oxenford. Tuvo un altercado con un borracho en Bolting Lane.
– Debio pensarse que era del oficio.
La variedad de eufemismos con que se designaba a la prostitucion asombro a Margaret. La gente parecia tener horror a llamarla por su nombre, y necesitaba mencionarla de una manera solapada. Ella misma solo habia conocido su existencia de una manera muy vaga, y no habia creido en su realidad hasta esta noche. En cualquier caso, las intenciones del joven vestido de etiqueta no habian sido nada vagas.
El sargento inspecciono a Margaret con atencion, y despues dijo algo en voz baja que ella no pudo oir. Steve asintio y desaparecio por la parte posterior del edificio.
Margaret se dio cuenta de que habia dejado los zapatos ante aquella puerta. Se le habian agujereado las medias. Empezo a preocuparse: no podia presentarse en la oficina de reclutamiento con esta pinta. Quiza podria volver a buscar sus zapatos a la luz del dia, aunque era muy posible que ya no estuvieran alli. Tambien necesitaba con suma urgencia un bano y ropa limpia. Despues de tantas penalidades, seria horroroso que el STA la rechazara. ?Adonde podia ir a asearse?
La casa de tia Martha ya no seria segura por la manana; papa podia presentarse en ella, buscandola. ?Iba a fracasar todo su plan por un simple par de zapatos?, se pregunto angustiada.
Su salvador volvio con una gruesa taza de loza con te. Estaba demasiado flojo y azucarado, pero Margaret lo bebio con fruicion. Se marcharia en cuanto hubiera terminado el te. Iria a un barrio pobre y encontraria una tienda que vendiera ropas baratas; aun le quedaban unos chelines. Compraria un vestido, un par de sandalias y un conjunto de ropa interior. Iria a una casa de banos publica, se lavaria y cambiaria. Entonces, se hallaria en condiciones de acudir al ejercito.
Mientras fraguaba este plan, se produjo un ruido al otro lado de la puerta y un grupo de jovenes se precipito en el interior. Iban bien vestidos, algunos de etiqueta y otros de calle. Al cabo de un momento, Margaret observo que arrastraban contra su voluntad a alguien. Uno de los hombres empezo a gritar al sargento que estaba detras del mostrador.
El sargento le interrumpio.
– ?Muy bien, muy bien, silencio! -ordeno con voz autoritaria-. Ahora no estan en el campo de rugby. Esto es una comisaria de policia. -El alboroto se aplaco un poco, pero no lo suficiente para el sargento-. ?Si no saben comportarse, les encerrare a todos en una sucia celda! ?De una vez por todas, CIERREN EL PICO!
Se callaron y soltaron a su prisionero, que parecia malhumorado. El sargento senalo a uno de los hombres, un individuo de cabello oscuro que tendria la misma edad de Margaret.
– Muy bien. Usted, digame a que viene este alboroto. El joven senalo al prisionero.
– ?Este sujeto invito a mi hermana a cenar a un restaurante y despues se largo sin pagar! -exclamo indignado.
Hablaba con acento de clase alta, y Margaret creyo reconocer su cara. Confio en que no la reconociera; seria muy humillante que la gente se enterase de que un policia la habia rescatado despues de huir de casa.
– Se llama Harry Marks y deberian encerrarle -anadio otro joven, vestido con un traje a rayas.
Margaret miro con interes a Harry Marks. Era un hombre de unos veintidos o veintitres anos, muy atractivo, de cabello rubio y facciones regulares. Aunque le habian arrugado bastante la ropa, llevaba su chaqueta de etiqueta con desenvuelta elegancia.
– Estos tipos estan bebidos -dijo, mirando a su alrededor con desden.
– Es posible que estemos borrachos, pero es un caradura y un ladron -estallo el joven del traje a rayas-. Mire lo que hemos descubierto en su bolsillo. -Tiro un objeto sobre el mostrador-. A sir Simon Monkford le robaron estos gemelos por la noche.
