Nadie volvio a hablar.
Margaret comprendio con amargura que habia perdido. Su gran evasion habia fracasado. Los que habia considerado sus amigos la habian traicionado. Habia gozado de libertad por un breve espacio de tiempo, pero todo habia terminado. No se iba a enrolar en el STA, penso, desolada. Se embarcaria en el
Al cabo de un largo rato, se aparto de la puerta y recorrio los pocos pasos que la separaban de la ventana. Vio un patio vacio y una pared de ladrillo. Se quedo de pie, derrotada e indefensa, mirando por entre los barrotes la brillante luz del amanecer, esperando a su padre.
Eddie Deakin dio al
Cerro la escotilla y bajo por la escalerilla. Mientras depositaban de nuevo el avion sobre el agua, se quitaria el mono, se cambiaria de ropa y adoptaria su uniforme de vuelo negro de la Pan American.
El sol brillaba cuando salio del muelle y subio por la colina hasta el hotel donde la tripulacion se hospedaba durante la escala. Estaba orgulloso del avion y de su trabajo. Las tripulaciones del
Sin embargo, tenia el proyecto de despedirse pronto. Tenia treinta anos, estaba casado desde hacia uno y Carol Ann estaba embarazada. Volar era perfecto para un soltero, pero no iba a pasarse la vida lejos de su mujer y sus hijos. Habia ahorrado y contaba casi con la cantidad suficiente para emprender un negocio propio. Tenia una opcion sobre un lugar cercano a Bangor (Maine), ideal para construir un campo de aviacion. Se dedicaria al mantenimiento de aviones y venderia combustible, y a la larga adquiriria un avion para vuelos charter. Sonaba en secreto con llegar a ser algun dia el propietario de una compania aerea, como el pionero Juan Trippe, fundador de la Pan American.
Entro en los terrenos del hotel Langdown Lawn. Era una suerte para la tripulacion de la Pan American que un hotel tan agradable distara tan solo un kilometro y medio del complejo de Imperial Airways. Era una tipica casa de campo inglesa, dirigida por una pareja encantadora que caia bien a todo el mundo y servia el te en el jardin por las tardes, bajo la luz del sol.
Entro en el hotel. Se encontro en el vestibulo con su ayudante, Desmond Finn, conocido inevitablemente como Mickey. Mickey le recordaba a Eddie al Jimmy Olsen de las aventuras de Superman; era un tipo despreocupado, que sonreia exhibiendo toda la dentadura y adoraba a Eddie como a un heroe, una caracteristica que turbaba a Eddie. Estaba hablando por telefono, y se interrumpio al ver a Eddie.
– Espera. Tienes suerte, acaba de entrar. -Tendio el auricular a Eddie-. Una llamada para ti.
Se alejo escaleras arriba, dejando a Eddie solo.
– ?Si? -dijo Eddie.
– ?Es usted Edward Deakin?
Eddie fruncio el ceno. No reconocio la voz, y nadie le llamaba Edward.
– Si, soy Eddie Deakin. ?Quien es usted?
– Espere, le paso a su mujer.
El corazon le dio un vuelco. ?Por que le llamaba Carol-Ann desde Estados Unidos? Algo iba mal.
Un momento despues escucho su voz.
– ?Eddie?
– Hola, carino, ?que ocurre?
Ella estallo en lagrimas.
Una serie de espantosas explicaciones acudieron a su mente: la casa se habia incendiado, alguien habia muerto, Carol-Ann se habia herido en algun accidente, habia sufrido un aborto…
– Carol-Ann, calmate. ?Te encuentras bien?
Ella consiguio hablar entre sollozos.
– No… estoy… herida…
– Pues ?que? -pregunto, temeroso-. ?Que te ha pasado? Intenta explicarmelo, cielo.
– Aquellos hombres… vinieron a casa.
Eddie sintio que un escalofrio de panico recorria su cuerpo.
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– ?Que hombres? ?Que te hicieron?
– Me obligaron a entrar en un coche.
– Santo Dios, ?quienes son? -Sentia la colera alzarse como un dolor en el pecho, y le costaba respirar-. ?Te hicieron dano?
– Estoy bien, pero… Eddie, estoy tan asustada…
No supo que decir. Demasiadas preguntas acudian a sus labios. ?Unos hombres habian ido a su casa y obligado a Carol-Ann a entrar en un coche! ?Que estaba ocurriendo?
– Pero ?por que? -pregunto por fin.
– No me lo dijeron.
– ?Que dijeron?
– Eddie, has de hacer lo que quieren, es lo unico que se. A pesar de la ira y el miedo, Eddie oyo a su padre diciendo: «Nunca firmes un cheque en blanco». Aun asi, no vacilo.
– Lo hare, pero ?que…?
– ?Prometelo!
– ?Te lo prometo!
– Gracias a Dios.
– ?Cuando ocurrio?
– Hace un par de horas.
– ?Donde estan ahora?
– Estamos en una casa, no muy lejos de… -Sus palabras se convirtieron en un grito de terror.
– ?Carol-Ann! ?Que pasa? ?Estas bien?
No hubo respuesta. Furioso, asustado e impotente, Eddie estrujo el telefono hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Despues, volvio a escuchar la voz masculina del principio.
– Escuchame con mucha atencion, Edward.
– No, escuchame tu a mi, capullo -estallo Eddie-. Si le haces dano te matare, lo juro por Dios, te seguire los pasos aunque me cueste toda la vida, y cuando te encuentre, miserable, te arrancare la cabeza del tronco con mis propias manos, ?me has entendido bien?
Se produjo un momento de vacilacion, como si el hombre que estaba al otro lado de la linea no esperase semejante parrafada.
– No te hagas el duro -dijo por fin-, estas demasiado lejos. -Parecia un poco sorprendido, pero tenia razon: Eddie no podia hacer nada-. Presta atencion prosiguio el hombre.
Eddie se contuvo con un gran esfuerzo.
– Un hombre llamado Tom Luther te entregara las instrucciones en el avion.
?En el avion! ?Que significaba eso? Seria un pasajero o que, el tal Tom Luther?
– ?Que quiere que haga? pregunto Eddie.
– Cerrar el pico. Luther te lo explicara. Y sera mejor que sigas sus instrucciones al pie de la letra, si quieres volver a ver a tu mujer.
– ?Como sabre…?
– Una cosa mas. No llames a la policia. No te beneficiara. Si la llamas, me la follare, solo por el placer de
