enjaulado y jadeaba de manera entrecortada. Sabia que si vacilaba, su valor se esfumaria. Ni siquiera se atrevio a demorarse lo bastante para ponerse una chaqueta. Aferro el dinero y salio por la puerta principal.
La estacion distaba tres kilometros, y estaba en el pueblo siguiente. A cada paso que daba por la carretera, Margaret esperaba oir el zumbido del RollsRoyce de su padre. Pero ?como iba a saber lo que habia hecho? Era poco probable que alguien reparase en su ausencia hasta la hora de la cena; y aun en este caso, supondrian que se habia ido de compras, como habia dicho a la senora Allen. De todos modos, el temor la devoraba sin cesar.
Llego a la estacion con mucha antelacion, compro el billete (tenia dinero mas que suficiente) y se sento en la sala de espera de senoras, observando las manecillas del gran reloj que presidia la pared.
El tren llegaba con retraso.
Las cuatro y cincuenta y cinco, las cinco, las cinco y cinco. Margaret estaba tan aterrorizada que habria tirado la toalla y vuelto a casa con tal de aliviar la tension.
El tren llego a las cinco y catorce minutos, y su padre aun no habia hecho acto de presencia.
Margaret subio al tren con el corazon en un puno.
Se quedo de pie ante la ventanilla y clavo la vista en la puerta de acceso al anden, esperando verle llegar en el ultimo minuto para atraparla.
El tren se movio por fin.
Apenas pudo creer que se estaba marchando.
El tren aumento la velocidad. Los primeros temblores de jubilo se insinuaron en su corazon. Pocos segundos despues, el tren salia de la estacion. Margaret vio que el pueblo disminuia de tamano, y su corazon se lleno de triunfo. Lo habia conseguido: ?se habia escapado!
De pronto, noto que las rodillas le fallaban. Busco un asiento libre, y se dio cuenta por primera vez de que el tren iba lleno. Todos los asientos estaban ocupados, incluso en este vagon de primera clase, y habia soldados sentados en el suelo. Se quedo de pie.
Su euforia no disminuyo, a pesar de que el viaje fue, juzgado por parametros normales, una especie de pesadilla. Mas gente se apretujaba en los vagones a cada parada. El tren se detuvo durante tres horas en las afueras de Reading. Hubo que quitar todas las bombillas a causa del oscurecimiento general, de forma que al caer la noche el tren se quedo totalmente sin luz, a excepcion de ocasionales destellos de la lintema del guardia que patrullaba, abriendose camino entre los pasajeros sentados y tendidos sobre el suelo. Cuando Margaret ya no pudo continuar de pie, se sento en el suelo. Esta clase de cosas ya no importaban, se dijo. Su vestido se ensuciaria, pero manana iria de uniforme. Todo era diferente: estaban en guerra.
Margaret se pregunto si papa habria descubierto su fuga, averiguado que habia cogido el tren y conducido a toda velocidad hasta Londres para interceptarla en la estacion de Paddington. Era improbable, pero posible, y su corazon se lleno de temor cuando el tren freno en la estacion.
Sin embargo, no le vio por parte alguna cuando bajo, y experimento la misma sensacion de triunfo. ?Despues de todo, no era omnipotente! Logro encontrar un taxi en la cavernosa oscuridad de la estacion. La condujo hasta Bayswater utilizando unicamente las luces laterales. El chofer la alumbro con una linterna hasta que llego a la puerta del edificio de apartamentos en que vivia Catherine.
Todas las ventanas del edificio estaban a oscuras, pero se veia un rayo de luz en el vestibulo. El portero se hallaba ausente (era casi medianoche), pero Margaret sabia llegar al piso de Catherine. Subio la escalera y toco el timbre.
Nadie respondio.
El corazon le dio un vuelco.
Volvio a llamar, pero sabia que era inutil: el piso era pequeno y el timbre sonaba fuerte. Catherine no estaba.
No era de extranar, penso. Catherine vivia con sus padres en Kent, y usaba el piso como
No se sentia desalentada, pero si defraudada. Habia esperado con ansia el momento de sentarse coro Catherine, beber chocolate caliente y darle a conocer los detalles de su gran aventura. Tenia varios parientes en Londres, pero si iba a verles llamarian a papa. Catherine habria sido una buena complice, pero no podia confiar en ningun otro pariente.
Despues, recordo que tia Martha no tenia telefono.
En realidad, era una tia abuela, una displicente solterona de setenta anos. Vivia a un kilometro de distancia, mas o menos. A estas horas dormiria profundamente, y se pondria furiosa si la despertaba, pero no habia otro remedio. Lo mas importante es que carecia de medios para comunicar a papa el paradero de Margaret.
Margaret volvio a bajar la escalera y salio a la calle… Se encontro con una oscuridad absoluta.
La negrura era aterradora. Se quedo de pie ante la puerta y miro a su alrededor, con los ojos abiertos de par en par, sin ver nada. Noto una sensacion extrana en el estomago, como si estuviera mareada.
Cerro los ojos y recreo en su mente el panorama habitual de la calle. Detras de ella se alzaba Obington House, donde Catherine vivia. Lo normal seria que brillaran luces en varias ventanas y que la luz situada sobre la puerta arrojara un vivo resplandor. A su izquierda, en la esquina, habia una pequena iglesia estilo Wren, cuyo portico siempre estaba iluminado. Una hilera de farolas bordeaba la acera; cada una proyectaba un diminuto circulo de luz; y la calzada estaria iluminada por autobuses, taxis y coches.
Abrio los ojos de nuevo y no vio nada.
Daba miedo. Imagino por un momento que no habia nada a su alrededor: la calle habia desaparecido y ella se encontraba en el limbo, cayendo en el vacio. De repente, se sintio muy mareada. Luego, se controlo y visualizo la ruta a la casa de tia Martha.
Tiro hacia el este desde aqui, penso, me desvio a la izquierda por la segunda bocacalle y la casa de tia Martha esta al final de la manzana. Seria bastante facil, incluso en la oscuridad.
Anhelaba algun tipo de alivio: un taxi iluminado, la luna llena o un policia que la ayudara. Su deseo se cumplio al cabo de un momento: un coche se acercaba. Sus tenues luces laterales parecian ojos de gato en las tinieblas, y Margaret pudo ver de repente la linea del bordillo hasta la esquina de la calle.
Se puso a caminar.
El coche paso de largo y sus luces rojas traseras se perdieron en la oscura distancia. Margaret pensaba que le faltaban tres o cuatro pasos para llegar a la esquina cuando perdio pie al rebasar el bordillo. Cruzo la calle y localizo la acera opuesta sin tropezar. Esto le dio animos y camino con mas confianza. De pronto, algo duro la golpeo en el rostro con brutal violencia.
Lanzo un grito de dolor y panico entremezclados. El panico la cego por un instante y quiso dar media vuelta y correr. Se tranquilizo con un gran esfuerzo. Se llevo la mano a la mejilla y se acaricio la parte dolorida. ?Que demonios habia ocurrido? ?Que podia haberla golpeado a la altura de la cara en mitad de la acera? Extendio ambas manos. Palpo algo casi de inmediato, y aparto las manos del susto; despues, apreto los dientes y las alargo de nuevo. Toco algo frio, duro y redondo, como un plato de enorme tamano que flotara a media altura. Lo exploro con detenimiento, comprendiendo que se trataba de una columna redonda con una ranura rectangular y una parte superior que sobresalia. Cuando supo por fin lo que era, lanzo una carcajada, a pesar de su cara dolorida. Habia sido atacada por un buzon.
Paso de largo y siguio andando con las manos extendidas frente a ella.
Al cabo de un rato perdio pie en otro bordillo. Recobro el equilibrio y experimento cierto alivio: habia llegado a la calle de tia Martha. Se desvio a la izquierda.
Se le ocurrio que tal vez tia Martha no oyera el timbre. Vivia sola; nadie mas podia responder. Si sucedia eso, Margaret tendria que regresar al edificio de Catherine y dormir en el pasillo. Aceptaba lo de dormir en el suelo, pero otro paseo por la oscuridad la aterrorizaba. Lo mas sencillo seria enroscarse ante la puerta de tia Martha y esperar a que amaneciera.
La casita de tia Martha estaba al final de un bloque muy largo. Margaret se acerco poco a poco. La ciudad estaba oscura, pero no en silencio. Se oia un coche de vez en cuando a lo lejos. Los perros ladraban cuando pasaba frente a sus puertas y un par de gatos maullaron, indiferentes a su presencia. En una ocasion, oyo la musica de una fiesta prolongada. Mas adelante, capto los sonidos apagados de una pelea domestica tras unas cortinas. Se descubrio anhelando encontrarse en el interior de una casa, arropada por lamparas, un hogar encendido y una tetera.
