venenosa dispuesta a atacar. Se detuvo en el vestibulo, esperando que sonara.

El capitan Baker bajo y miro a Eddie, sorprendido. -Vas a llegar tarde -dijo-. Sera mejor que vengas conmigo en taxi.

El capitan poseia el privilegio de ir en taxi hasta el hangar.

– Estoy esperando una llamada -contesto Eddie. El capitan fruncio levemente el entrecejo.

– Bien, pues ya no puedes esperar mas. ?Vamonos!

Eddie no se movio durante un momento. Despues, comprendio la estupidez de la situacion. Steve no iba a llamar, y Eddie debia estar en el avion si queria hacer algo. Se obligo a coger la maleta y a salir por la puerta.

Entraron en el taxi que les estaba esperando.

Eddie se dio cuenta de que casi habia incurrido en insubordinacion. No queria ofender a Baker, que era un buen capitan y siempre trataba a Eddie con suma correccion.

– Lo siento -se disculpo-. Esperaba una llamada de Estados Unidos.

El capitan sonrio, con semblante risueno.

– ?Cono, pero si llegaremos manana!

– Tiene razon -contesto Eddie, sombrio.

Estaba solo.

SEGUNDA PARTE. De Southampton a Foynes

6

Mientras el tren rodaba hacia el sur atravesando los bosques de pinos de Surrey en direccion a Southampton, Elizabeth, la hermana de Margaret Oxenford, hizo un anuncio sorprendente.

La familia Oxenford viajaba en un vagon especial reservado para los pasajeros del clipper. Margaret se encontraba de pie al final del vagon, sola, mirando por la ventana. Su estado de animo oscilaba entre la desesperacion mas absoluta y una creciente excitacion. Se sentia irritada y mezquina por abandonar su pais en una hora de crisis, pero la perspectiva de volar a Estados Unidos no dejaba de emocionarla.

Su hermana Elizabeth se aparto del grupo familiar y camino hacia ella con semblante grave.

– Te quiero, Margaret -dijo, tras un breve instante de vacilacion.

Margaret se conmovio. Durante los ultimos anos, desde que habian alcanzado la edad necesaria para entender la batalla ideologica desencadenada en el mundo, habian abrazado puntos de vista diametralmente opuestos, y ello las habia alejado. Sin embargo, echaba de menos la intimidad con su hermana, y el alejamiento la entristecia. Seria maravilloso volver a ser amigas.

– Yo tambien te quiero -dijo, abrazando a Elizabeth.

– No voy a ir a Estados Unidos -dijo Elizabeth, al cabo de un momento.

Margaret jadeo, estupefacta.

?Como es posible?

– Voy a decirles a papa y mama que no voy. Tengo veintiun anos… No pueden obligarme.

Margaret no estaba tan segura, pero aparto el tema de momento; habia otras preguntas mucho mas acuciantes.

– ?A donde iras?

– A Alemania.

– ?Nooooo! -exclamo Margaret, horrorizada- ?Te mataran!

Elizabeth le dirigio una mirada desafiante.

– Los socialistas no son los unicos que desean morir por una causa, creeme.

– ?Vas a luchar por el nazismo!

– No solo por el fascismo- repuso Elizabeth, con un extrano brillo en sus ojos-, sino por toda la raza blanca, que esta en peligro de ser engullida por los negros y los mestizos. Es por la raza humana.

Una oleada de irritacion invadio a Margaret. ?No solo iba a perder una hermana, sino que la iba a perder por culpa de una causa perversa! Sin embargo, no queria enzarzarse en una discusion politica; estaba mucho mas preocupada por la seguridad de su hermana.

– ?De que vas a vivir?

– Tengo dinero.

Margaret recordo que ambas habian heredado una cantidad de su abuelo a los veintiun anos. No era excesiva, pero suficiente para vivir una temporada.

Otra idea acudio a su mente.

– Tu equipaje ya ha sido enviado a Nueva York.

– Aquellas maletas estaban llenas de manteles viejos. Prepare otras maletas y las envie el lunes.

Margaret estaba asombrada. Elizabeth lo habia planeado todo a la perfeccion y en el mayor secreto. Reflexiono con amargura en la precipitacion de su intento de fuga. Mientras yo me hacia mala sangre y rechazaba la comida, penso, Elizabeth encargaba su pasaje y enviaba su equipaje por anticipado. Claro que Elizabeth se habia, mostrado a la altura de sus veintiun anos y Margaret no, pero lo fundamental residia en la cuidadosa planificacion y la fria ejecucion. Margaret se sentia avergonzada de que su hermana, tan estupida y equivocada en lo referente a politica, se hubiera comportado con tanta inteligencia.

De pronto, comprendio de que echaria de menos a Elizabeth. Aunque que ya no eran grandes amigas, Elizabeth siempre estaba a mano. Casi siempre discutian, se peleaban y hacian burla de sus mutuas ideas, pero Margaret tambien iba a echar de menos esa rutina. Aun se consolaban en los momentos de afliccion. Las reglas de Elizabeth solian ser dolorosas, y Margaret la acostaba y le llevaba una taza de chocolate caliente y la revista Picture Post. Elizabeth habia lamentado profundamente la muerte de Ian, aunque no le veia con buenos ojos, y habia confortado a Margaret.

– Te echare muchisimo de menos -dijo llorosa, Margaret.

– No des un espectaculo-le previno Elizabeth- No quiero que se enteren todavia.

Margaret se sereno.

– ?Cuando se lo diras?

– En el ultimo momento. ?Actuaras con normalidad hasta entonces?

– De acuerdo -Se obligo a sonreir- Te tratare tan mal como de costumbre.

– ?Oh, Margaret! – Elizabeth se hallaba al borde de las lagrimas. Trago saliva- Ve a hablar con ellos mientras intento tranquilizarme.

Margaret apreto la mano de su hermana y volvio a su asiento.

Margaret pasaba las paginas del Vogue y, de vez en cuando, leia un parrafo a papa, sin hacer caso de su total desinteres.

– El encaje esta de moda-cito- No me habia dado cuenta. ?Y tu?- La falta de respuesta no la desanimo- El blanco es el color que priva actualmente, a mi no me gusta. Acentua mi palidez.

La expresion de su padre era insoportablemente placida. Margaret sabia que estaba complacido consigo mismo por haber reafirmado su autoridad paterna y aplastado la rebelion. Lo que no sabia era que su hija mayor habia colocado una bomba de relojeria.

?Tendria Elizabeth el valor de llevar adelante su plan? Una cosa era decirselo a Margaret, y otra muy distinta decirlo a papa. Cabia la posibilidad de que Elizabeth se arrepintiera en el ultimo momento. La propia Margaret habia tramado un enfrentamiento con el, pero al final se habia echado atras.

Y aunque Elizabeth se lo dijera a papa, no era seguro que pudiera escapar. A pesar de tener veintiun anos y dinero, papa era muy tozudo y carecia de escrupulos a la hora de lograr un objetivo. Si se le ocurria algun medio de detener a Elizabeth, lo pondria en practica. En principio, no se opondria a que Elizabeth se pasara al bando de

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